Alfonso Rodríguez Simoens

Alfonso Rodríguez Simoens, quien se firmaba “Alfonso Trajano”, fue uno de los artistas extremeños más importantes de la primera mitad del siglo XX, a la altura de los Garrorena, Martín Gil o Campomanes, en el campo de la fotografía; y sin desmerecer en mucho a Hermoso, Caldera o Covarsí, en el ámbito de la pintura, o a Antonio Juez en el campo del dibujo y la ilustración.        

Trajano se afianzó como agudo retratista y solvente fotógrafo, y sus incursiones en la pintura y el dibujo le abrieron un lugar destacado en la plástica extremeña de los convulsos años de la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República. Expuso en Extremadura con frecuencia, en Sevilla y Madrid e, incluso, en Nueva York. Fueron frecuentes sus apariciones como ilustrador y articulista en La Esfera, Buen Humor, Blanco y Negro y medios regionales como La Libertad. Tuvo, además, una relación cercana y fluida con los más prestantes artistas, políticos e intelectuales de la región en aquellos años.

La Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en la cual Extremadura tuvo un pabellón y una destacada presencia, vino a significar el momento culminante de la expresión de la cultura extremeña de la época; y ahí estuvo Trajano con sus fotografías y pinturas, confirmando el lugar significativo que, pese a su juventud, ya ocupaba en el panorama artístico regional.

Pero antes ya había obtenido significativos reconocimientos como su participación en el V Salón Nacional de Humoristas de 1919, en el Salón de Otoño de Madrid de 1920, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926, en la Exposición de Artistas Extremeños en el Palacio de Bellas Artes de Sevilla de 1927, en la Exposición de Dibujantes Españoles de Nueva York en 1927, o la Medalla de Oro en fotografía que obtuvo en la Exposición del Ateneo de Cáceres en 1927, entre otros muchos eventos.

Arco de Trajano. Mérida. Fotografía: Marcial Bocconi (1929)

Alfonso Rodríguez Simoens nació en Mérida el 26 de octubre de 1895, hijo de padres pacenses con ancestros portugueses. Su padre se dedicaba al negocio de cueros y tuvo un próspero negocio en la calle Santa Eulalia de la capital extremeña. Su infancia transcurrió por las calles aledañas al arco de Trajano.

Se ignora de dónde le surgió su vocación artística, pero se sabe que desde joven tuvo inclinaciones culturales. Frecuentó los estudios fotográficos de José Acevedo y el francés Gabriel Cazeneuve. Trajano ofició como asistente de fotografía de Marcial Bocconi durante las primeras fases de las excavaciones de las “Siete sillas” de granito que permitieron el afloramiento del teatro romano de Emérita Augusta. De aquél aprendió técnicas de composición paisajística y de retoque fotográfico que él mismo llevaría después a la excelencia.

Salió a temprana edad de su casa embarcándose por los caminos del mundo en un sinfín de aventuras y tareas que lo hicieron pintor, fotógrafo, actor, motociclista, torerillo, caricaturista, ilustrador, violinista y dandy; en definitiva, artista. Vivió en Madrid en los tiempos de la Primera Guerra Mundial y la Postguerra inmediata. Allí coincidió y tuvo trato con algunos de los más importantes intelectuales y artistas españoles de la época y se puso a tono con las vanguardias. Frecuentó los círculos y personajes iconoclastas que trató Antonio Juez, pero también se movió en otros ámbitos de distinta orientación estética y moral, que eran muy lejanos del decadentismo de su amigo pacense y que tenían intereses más cercanos a las vanguardias pictóricas y literarias que empezaban a gestarse en Europa y España. Es así como conoció a José Francés (periodista, escritor y crítico de arte, creador de los prestigiosos Salones de humoristas desde 1915) y frecuentó la tertulia de los jueves de los “humoristas” en el café Lion D’Or de la calle de Alcalá. Allí entabló trato especialmente con el dibujante gallego Manuel Bujados -uno de los más importantes dibujantes e ilustradores españoles de esa época-, al que siguió inicialmente en su estética onírica y simbólica, de corte modernista y sensual, donde la fina línea, la exquisita composición y el color rutilante, la hacían particularmente apropiada para la ilustración de portadas de libros y revistas.

Alfonso Trajano. Fotografía: Manolo Trajano (1928). Colección privada

Su obra más temprana hasta ahora localizada está datada en 1918 y la tituló La Princesita de cuento brujo, siendo la portada de La Esfera del 21 de junio de 1919. Este hecho le abrió las puertas del exigente mundo del arte madrileño.

Participó en el V Salón de Humoristas de Madrid, celebrado en el mes de marzo de 1920 en el local del Círculo de Bellas Artes, invitado por José Francés, significando su entrada en las grandes ligas del género. Y allí coincidió con Bujados, Karikato, los Bartolozzi, Benlliure, Cabañas, Benjamín Palencia, Tito y Vázquez Díaz. Ballesteros de Martos en La mañana y en la revista Hispano-Americana Cervantes, glosó su participación en este evento: Igual puede decirse de Alfonso Trajano, cuyos dibujos, a la manera que inició en España Bujados y siguieron después otros varios, tienen finas transparencias de esmalte y virtuosismos de miniaturistas. <<Perdidas en el bosque>> y <<Hacia el castillo de las aventuras>> parecen ilustraciones de cuentos de hada”.

Nuestro artista fue invitado a participar a la VIII Exposición Regional de Pintura, Escultura, Arte decorativo y Fotografía, inaugurada el 22 de mayo en el Ateneo de Badajoz, y en la que coincidió con Hermoso, Covarsí, Pérez Rubio, Blasco, Caldera, Pérez Comendador y Garrorena, entre otros.Silvio Lago escribió en La Esfera sobre este evento, destacando su enfoque regionalista y celebrando la aparición de nuevas figuras que refrescaban las ideas caducantes que estaban tan asentadas en el ámbito de la pintura extremeña.

Aparte de La Esfera colaboró como ilustrador también en Nuevo Mundo y Buen Humor, revistas ilustradas de grandes tiradas, al igual que Blanco y Negro. En el mes de julio de 1919 participó en la exposición colectiva que se celebró en el Salón del Círculo de Bellas Artes de Madrid como fruto de la convocatoria que hizo la revista Nuevo Mundo para su concurso de portadas.

En 1920 participó en una nueva edición del Salón de Humoristas. Este Sexto Salón, considerado el mejor de los hasta ese momento realizados, se llevó a cabo en el mes de marzo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Correa Calderón en HOY de Madrid, dijo que: “…Trajano sigue pintando sus cohortes de doncellas caminando por praderas florecidas…”. De igual manera participó en las ediciones de 1921, 1922 y 1923.

“Un extremeño”. Óleo sobre lienzo (56 x 49,6). Alfonso Trajano (1928). Museo Provincial de Cáceres

Ése 1920 se afilió a la Asociación Española de Pintores y Escultores con el nombre de Alfonso R. Trajano. Como contrapeso a los oficiales Salones Nacionales de Bellas Artes, tan cuestionados por aquel entonces, la Asociación organizó un evento a semejanza de los celebrados en París, llamándolo Salón de Otoño. En él Trajano coincidió con Rafael Alberti, Benjamín Palencia, Mariano Benlliure, Solana, Vázquez Díaz, Eugenio Hermoso, Adelardo Covarsí, Juan Caldera y José Ramón Mélida, entre otros. Trajano participó con dos óleos: Mundo adelante y El Cristo de los Desamparados.

El 15 de mayo de 1921 se inauguró exitosamente en Badajoz la IX Exposición Regional de Arte. En ella participaron los más importantes artistas extremeños del momento; se expusieron obras de pintura de Hermoso, Covarsí, Blasco, Caldera, Carmona, Antolín, Pérez Rubio; dibujos e ilustraciones de Trajano, Juez, Blanco Lon, Chacón; esculturas de Torre Isunza, Amaya, Comendador, Ascunce y Eulogio Blasco, y de los arquitectos Vaca, Martínez y Hernández.

Durante este año 21 recorrió las tierras de Castilla y se empapó de paisaje y estudió los tipos y figuras de los castellanos prototípicos y se dedicó a tomar apuntes y hacer dibujos de los personajes que se iba encontrando por el camino. Este y los dos años siguientes viajó con frecuencia a su tierra natal. En este tiempo diseñó y pintó fachadas en algunos lugares como Trujillo.

En 1924 ya se ha asentado de nuevo en Extremadura (Mérida). En el mes de mayo participó con seis obras (El tío Ramos, La cola, El crimen de Cuenca, Día de huelga, Guadalcanal I y II) en la I Exposición Regional Extremeña de Arte celebrada en el Palacio de los Golfines de Cáceres, coincidiendo con lo más representativo del arte regional del momento y que sirvió para exaltar un espíritu autóctono cada vez más acendrado. La exposición tuvo una excelente acogida y en las obras expuestas por Trajano se seguía apreciando su tendencia humorística-decorativa y su componente satírico.

En el mes de octubre de 1924 participó en otro importante evento en Badajoz, la X Exposición de Arte Regional del Ateneo, que contó con lo más selecto de Extremadura y, además, con la participación de varios pintores portugueses. El evento se inauguró el 12 de octubre por el escritor Enrique Segura, el abogado Luis Bardají y Agustín Van Baumberghem, Gobernador Civil, quienes lo calificaron: “sin duda alguna, el más completo de cuantos se han visto en Badajoz desde que aquí se vienen celebrando estas fiestas de arte”.

El 25 de octubre de ese año 24 Alfonso Trajano se llevó una gran alegría al conocer que la revista madrileña La Esfera, le publicaba tres de sus dibujos de la serie Rostros de Castilla, que iniciara en 1921, ilustrando un artículo del reconocido escritor y filósofo José Montero Alonso, (Premio Nacional de Literatura, Teatro y Periodismo, cercano a la Generación del 27).

Establecido de nuevo en Mérida, se vinculó de inmediato a la vida cultural de la ciudad. Entró a formar parte de un grupo de teatro y música, en el que también participaba su hermano Manuel, que recorrió algunas localidades de la región. Alfonso tocaba el violín, al igual que Manuel, estupendamente. En uno de sus viajes a Don Benito conoció a una joven, hija de una acaudalada familia de la región, de rancia alcurnia y vinculada a la política, de la que se prendó a primera vista, Carolina Barquero Hidalgo-Barquero, con la que contrajo nupcias en 1928.

En 1925 participó en la Exposición de Arte Regional de Almendralejo, inaugurada el 18 de julio a la que concurrió lo más excelso del arte extremeño del momento. El evento tuvo gran eco y la inauguración fue descrita como brillante y se le dio el ribete de “El resurgimiento artístico de Extremadura”. De igual manera, Mérida se quiso sumar a esa especie de renacimiento artístico extremeño y para sus fiestas del mes de septiembre convocó su propia exposición a la que se llevaron obras suyas y de Hermoso, Covarsí, Caldera, Antolín, Amador y otros.

Carolina Barquero. Fotografía retocada por el pincel de Alfonso Trajano (1927). Colección privada

El 28 de enero de 1926 se inauguró una exposición suya en el Ateneo de Badajoz que fue reseñada en lugar destacado en la revista Blanco y Negro del 14 de febrero siguiente, tildándolo de “Notable pintor” en una foto junto a otra del rey Alfonso XIII con el Mariscal Pétain en el Alcázar de Toledo. El prestante abogado e intelectual Luis Bardají López, quien luego fuera Diputado a Cortes y Ministro de Instrucción Pública en 1935 en la Segunda República, fue quien hizo su presentación en la capital pacense “poniendo de relieve la personalidad artística del señor Trajano, que, a pesar de sus pocos años, ha sabido crearse un nombre muy estimable en la esfera del arte”. Sus dibujos de personajes populares, sus aguafuertes de paisajes y callejas pueblerinas y sus cabezas de sabor castizo, de recia y magistral factura, fueron muy alabados por los críticos, resaltando su condición de “humorista formidable”. El éxito obtenido, los encargos y las compras, le valieron para ser invitado al Salón Nacional de Bellas Artes de ese año, uno de los eventos señeros, a la postre, de la carrera artística de Trajano.

Ya para entonces Alfonso Trajano estaba radicado en Don Benito, en el número 6 de la calle Esterilla (hoy Ramón y Cajal). Había alquilado una casa de dos plantas en la zona céntrica de la ciudad; la alta para vivienda y la baja para su estudio fotográfico.

La Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926 fue especialmente exitosa para Extremadura ya que en ella se premió a Eugenio Hermoso y a Juan Caldera. Allí estuvo presente también nuestro joven pintor. Instalada en el Palacio del Buen Retiro de Madrid, la inauguración con todo fasto se celebró el 19 de mayo, contando con la presencia de Alfonso XIII. Trajano es, pues, uno de los pintores de vanguardia de Extremadura en los años veinte. A ellallevó dos óleos titulados Pastor de Extremadura y Hombres de Extremadura. El semanario satírico Buen Humor, en su edición del 13 de junio, publicó una caricatura de uno de sus cuadros con una leyenda a pie que decía: “Cuando pasa la noche bebiendo este baturro suele desayunarse con media copa y churro”.

Corriendo 1927, en el mes de marzo, Trajano expuso en una colectiva privada celebrada en la sala de exposiciones del Ateneo de Madrid, organizada por la Unión de Dibujantes Españoles. Abierta sólo a críticos pretendía mostrar las obras seleccionadas para la importante exposición que se realizaría meses después en Nueva York, es decir, lo mejor del dibujo humorístico español del momento, tal como lo afirmó Luis de Galinsoga-. “En la enumeración se advierte ya la importancia del concurso logrado. No están todos los que son excelentes y conspicuos artistas del dibujo; pero, en verdad, todos los que en la lista figuran, todos los que van a Nueva York en esta expedición que de seguro será triunfal, representan –cada cual dentro de su peculiar estilo- la vanguardia del arte del dibujo actual en España. Tanta importancia se le dio a esta expedición y a esta selección de autores, que prácticamente se les dio el alcance de embajadores del arte español contemporáneo: “… Las excursiones de artistas españoles a América son de la más alta importancia para nuestra nombradía y para nuestro prestigio ante el mundo…”.

Como antesala de la participación extremeña en la muy anunciada Exposición Iberoamericana de Sevilla, entre el 18 de mayo y el 19 de junio de ese año de 1927, se celebró un evento en el Palacio de Bellas Artes de la Plaza de América de la capital hispalense, al que concurrió lo más granado de la plástica extremeña contemporánea y que constituyó un acto de hermanamiento entre las dos regiones sureñas. Contó con la presencia de Hermoso, Covarsí, Juez, Alfonso Trajano, Pérez Rubio, Caldera, Antolín, Cabrera, Pérez Comendador, Tinoco y Blasco, entre otros.    

El 15 de junio de 1927 obtuvo Medalla de Oro en la Exposición de Arte Regional celebrada en Cáceres. Le es concedida por el Jurado del Primer Concurso Fotográfico del Ateneo de Cáceres, convocado nacionalmente. Dicho evento fue inaugurado el 30 de mayo anterior y al brillante acto asistieron el Gobernador Civil, el Alcalde y el Presidente de la Diputación y destacados personajes de la sociedad cacereña. Sobre el ganador del evento se pronunció el columnista Hidalgo de El Extremadura: “En la Exposición de las obras enviadas para tomar parte en el Concurso, que pasan de trescientas… destaca vigorosa y en un alarde de habilidad artística, la ampliación del retrato del padre del gran pintor… Covarsí, obra de don Alfonso Trajano, de Don Benito, quien expone catorce fotografías más, que son otras tantas maravillas de ejecución y luminosidad”

El punto culminante para Alfonso Trajano de aquel estupendo año de 1927 fue la celebración de la Exposición de la Unión de Dibujantes Españoles en Nueva York, sucedida entre el 8 y el 22 de noviembre, a la que acudieron los más destacados humoristas españoles del momento, incluido el artista emeritense. Se celebró en las instalaciones de la International Telephone and Telegraph Corporation con el título de “Exhibition of Spanish Drawings of the Union de Dibujantes Españoles” y fue auspiciada por el Bureau Pro-España. Esta entidad pagó todos los gastos de la exposición, editó un bello catálogo, envió por correo más de cinco mil invitaciones y publicó artículos y fotografías en los principales periódicos de los Estados Unidos. El acto de inauguración lo presidió el Cónsul General de España D. Rafael de Casares Gil y contó con una numerosísima asistencia de público. Fueron en total 61 las obras expuestas de los más destacados dibujantes de humor españoles contemporáneos: Xaudaró, K-Hito, Pedraza Ostos, Hipólito, Bon, Máximo Ramos, Loigorry, Martínez de León, Fábregas, Roberto, Ximénez Herraes, Trajano, Bartolozzi, Sócrates Quintana, Karikato, Antequera Azpiri, Penagos, Bilbao y Cidón…

Dama dombenitense (JBHB). Fotografía de estudio: Alfonso Trajano (1927). Colección privada

Durante 1928 se dedicó el artista a pintar y a fotografiar en su gabinete a la sociedad comarcana, ayudado por su hermano Manuel, ya instalado en Don Benito. De esta época datan sus cuadros Un extremeño, Ronda, El merendero y sigue pintando rostros de tipos populares, mezclando las tendencias regionalistas con toques de pintura naif y su inclinación por los temas vanguardistas. Prepara obra para las exposiciones que hará en 1929.

El 14 de febrero el diario La Libertad publicó un artículo sobre él en el que se glosaba su figura personal y artística, constatando la irrefutable verdad de que ya era uno de los más importantes artistas extremeños de ese momento, a pesar de su juventud “Alfonso Rodríguez Trajano, el simpático pintor emeritense, es una de las más firmes realidades de la pintura contemporánea extremeña. Trajano, espíritu inquieto, ha sabido serlo todo…Y a través, de esta formidable diversidad profesional, Alfonso ha sabido dar siempre una nota simpática de sinceridad y buen gusto. Estas características resaltan aún más en la labor pictórica en que ha concretado –¿definitivamente ya?– la actividad de este joven pintor. Trajano, en su pintura, marca dos fases perfectamente divinificadas (sic). La primera es la de sus dibujos humorísticos. El pintor observa, vive, palpita a través del tamiz depurador de su humorismo, y luego lleva al lienzo aquellas caricaturas de la vida y las costumbres pueblerinas./ La segunda es la de sus cuadros extremeños. Realismo eminente de la actual pintura extremeña que presenta a Eugenio Hermoso como a su principal impulsor. Y en este sentido, Trajano, es el artista que ha sentido admirablemente la expresión del <<alma de la raza>>, que anima en cada mirada de sus modelos”.

Desde principios de 1929 Alfonso Trajano, ya casado, se dedicó a recorrer las comarcas de La Serena y Las Vegas Altas fotografiando monumentos y personajes campesinos con gran destreza técnica y agudo sentido compositivo. Escribió algunos textos sobre estos recorridos que publicó en periódicos regionales con el título de Estampas Extremeñas, de los cuales hemos rescatado uno titulado El santuario de Piedraescrita, (La Libertad, 10 de mayo).

El 25 de mayo de 1929 inauguró con gran éxito en el Ateneo de Cáceres una exposición de pinturas que fue reseñada elogiosamente en la prensa y que fue presidida por las más altas autoridades provinciales y localesy que contó con un numeroso y selecto clan de admiradores. La presentación la hizo el destacado fotógrafo e historiador Tomás Martín Gil, quien leyó un documento titulado El arte extremeño actual, en el que elogió la figura del pintor y del arte regional. Como colofón el cronista de La Libertad (31 de mayo) señaló que “Trajano es un gran artista que posee ya un estilo personal y digno de todo elogio, y como laborioso y trabajador, queda demostrado que lo que es, en el número de obras presentadas ayer – cerca de cuarenta-, por las que recibió infinidad de felicitaciones del culto y numerosísimo público que las admiró”.

Martín Gil se expresó así sobre Trajano: “… Tres circunstancias principales suelen caracterizar la obra de todo artista: los asuntos, la técnica y la tendencia social./ Aplicada esta clave a la exposición que se inaugura se puede afirmar que tenemos ante la vista las obras de un pintor de temas regionales, moderna técnica y tendencia humorística-decorativa./ Que los temas son netamente extremeños en su mayoría, está a la vista de todos. La música en el pueblo, El merendero, Las dos hermanas, La casa del escudo, Vendedor de sandías, Hombre de Extremadura y otros, pregonan, claramente, en qué fuentes, tan limpias y castizas, bebe su extremeñismo la inspiración de Trajano./ La modernidad de la técnica ha de verse, sobre todo, en los guaches. Los colores puros y brillantes de estos cuadritos, sus líneas al parecer inseguras, pero cuya dirección compone resueltamente con el ambiente y el color hay que mirarlos bajo un prisma de modernidad”.

Nuevo Día, en su edición del 3 de junio, da cuenta de lo visitada que había sido la exposición de Trajano y del eco que estaba teniendo, a tal punto que: “El éxito obtenido por el joven artista, ha sido confirmado por la adquisición que de una de sus mejores obras ha hecho el Museo Provincial, apresurándose a enriquecer su colección con el cuadro de Trajano, titulado <<Hombre de Extremadura>>, lo que pone claramente de manifiesto la valía de su labor pictórica”. También informó de la adquisición de numerosos particulares de varias obras del artista y que, incluso, el Presidente de la Diputación, el señor don Gonzalo López Montenegro “compró el magnífico cuadro titulado <<Las santurronas>> y una preciosa estampa decorativa”.

El 9 de mayo de este año 1929 se había inaugurado en Sevilla la Exposición Iberoamericana con todo fasto por parte del Rey Alfonso XIII y la familia real en pleno, clausurándose el 21 de junio de 1930. El Pabellón de Extremadura se inauguró el día 30 de octubre siguiente. Nuestra región llevó una importante representación artística y una nutrida muestra de obras de gran valor: pintura, fotografía, escultura y artesanías. El proyecto, en la parte cultural, fue coordinado por Adelardo Covarsí en Badajoz y por Juan Caldera en Cáceres. Alfonso Trajano fue uno de los artistas seleccionados. Esta exposición fue el evento cultural más importante de Extremadura en toda esa década y en ella tuvo una importante representación Don Benito. Ella fue amplia y de gran calidad, contando con dos pintores y dos escultores: Alfonso Trajano, Juan Aparicio, Torre Isunza y Juan Blanco. Trajano llevó dos óleos titulados Hombre de Extremadura y Vendedor de fruta, aparte de una serie de fotos de pueblos de la región: dos de Alange, seis de Campanario, dos de Don Benito, tres de Guareña, cuatro de Magacela y ocho de Villanueva de la Serena, para un total de veinticinco. De ellas sólo se conservan dieciséis en el Archivo Provincial de Badajoz.

San Francisco Javier. Patrono de Don Benito. Busto. Talla policromada. Iglesia de Santiago de Don Benito. Fotografía. Alfonso Trajano (1929). La talla desapareció en 1936

Con relación a este evento y a su émulo, la Exposición Internacional de Barcelona, Extremadura tuvo especial interés en promocionar sus inmensas riquezas turísticas, monumentales y paisajísticas. Con ese fin se publicaron varios libros, guías y catálogos, entre ellos uno editado por Juan Berenguer. Una de las ilustraciones del libro es una foto de Garrorena de una de las obras más excelsas e impactantes de Trajano, titulada Belleza extremeña, que llama la atención por su hiperrealismo. El pincel de nuestro artista capta a una joven que se cubre con una mantilla floreada de seda y en su cuello porta un collar.

“Belleza extremeña”, óleo sobre lienzo (1928). Alfonso Trajano (fotografía de Fernando Garrorena, 1929). Paradero desconocido

En la década de los treinta la vida de Alfonso Trajano cambió de rumbo sustancialmente y se asentó para darle forma y sentido a su familia, para desarrollar sus proyectos fotográficos y sus deseos de montar una empresa cinematográfica. También pintó durante estos años, pero sin las urgencias y el fervor de los años anteriores. Sus obligaciones familiares y comerciales, y alguna enfermedad consuntiva, después del nacimiento de su último hijo (Carlos) en septiembre de 1934, motivo por el cual pasó un período de tiempo en el Monasterio de Guadalupe, también pudieron tener culpa de esta relativa inactividad en el campo de la pintura, aunque se sabe por informaciones familiares que antes de iniciarse la Guerra Civil preparaba material para una exposición en Madrid. Tampoco en estos años de acelerados cambios políticos y agitación social debió hacer mucha fotografía de exteriores y, quizás como lo recalcaba Matilde Muro en uno de sus libros “Durante este tiempo en el que se suceden las revueltas populares y la sociedad se mueve sin cesar, los fotógrafos extremeños permanecen en sus estudios. Se vuelve al retoque, a la composición estática y a la práctica del retrato”.

El 4 de febrero de 1930 nació en Don Benito su primera hija, María de los Ángeles, en la residencia familiar situada en la calle Consuelo Torres.

El 8 de mayo de 1931 se casó su hermano Manuel con Filomena Cidoncha Donoso, en la parroquia de Santiago. En octubre de ese año falleció su suegro, Diego Barquero, hecho que generó algunos cambios en su vida familiar pues se estableció en Villanueva de la Serena, en la calle Ramón y Cajal. Instaló su estudio fotográfico en la antigua calle de Correos. Allí coincidió con los herederos de Campomanes y con el popular Vadillo.

Matilde Rodríguez Barquero. Fotografía: Manolo Trajano (1956)

En febrero de  1932 nació su segundo hijo, Alfonso, que en los años cincuenta estaría muy vinculado a la vida cultural de Badajoz, siendo bastante amigo del poeta Manuel Pacheco, y quien le dedicó algún que otro poema. Varios meses después, adquirió unos predios adyacentes a su estudio en la calle Carrera con la idea de construir un cine, emprendimiento en el que se puso de inmediato y que fue inaugurado en febrero de 1933 con el nombre de Salón Trajano. Tiempo después montó otro en Don Benito.

En junio de 1933 asistió a la escenificación de Medea en el reconstruido teatro romano de Mérida, en cuyas excavaciones había participado en su temprana juventud. Contratado por los herederos de Jean Laurent para cubrir el evento, algunas de las fotos emblemáticas de Margarita Xirgú y su elenco fueron tomadas por Alfonso Trajano. El 15 de agosto siguiente nació su hija Matilde, madre del escritor y médico Antonio María Flórez (autor de esta nota biográfica), quien viviría, ya casada, en la localidad colombiana de Marquetalia hasta su fallecimiento en 1995.

El 19 de noviembre de 1933, su cuñado el abogado Miguel Barquero Hidalgo-Barquero y su mentor fueron elegidos Diputados a Cortes por el Partido Republicano Radical por la Circunscripción de Badajoz para el periodo 1933-35. El primero fue nombrado Director General de Agricultura, Montes y Ganadería en enero de 1936 y el segundo fue Ministro de Instrucción Pública en el gobierno de Chapaprieta entre octubre y diciembre de 1935.

Las propiedades de Alfonso Trajano en Villanueva fueron bombardeadas a principios de la Guerra Civil (1936) y allí se perdió una buena parte de su obra pictórica y fotográfica, por lo que tuvo que irse a vivir de nuevo a Don Benito, instalándose en la calle Villanueva con su familia.

A mediados de 1938 fue vilmente acusado de colaboracionista y detenido el 18 de julio en Don Benito por milicianos republicanos. Al no comprobarse las acusaciones se le encarceló para ser enjuiciado en el Tribunal de Urgencia (popular) de Cabeza del Buey. El 23 de julio, cuando las operaciones de toma de la Bolsa de la Serena por parte de las fuerzas rebeldes, fue trasladado desde la cárcel local en una “cuerda de presos”, con otras setenta personas más, en dirección a Cabeza del Buey, En la evacuación pasaron por La Haba, Magacela, La Coronada y Campanario. En el sitio El espolón de esta última localidad, cerca del río Guadalefra, ejecutaron a varios detenidos y, más adelante, en el llamado “Moro de Suárez”, logró escaparse con otros detenidos. En el camino de regreso a Don Benito se topó con un contingente de rebeldes norteafricanos que lo ejecutaron sumariamente el 24 de julio en el paraje La Milanera de Campanario. El cadáver insepulto de Alfonso Trajano sólo fue recuperado en el mes de noviembre de 1938, siendo inhumado en el cementerio de Don Benito días después.

Durante la postguerra fueron muchas las dificultades sufridas por su familia en Don Benito. Su hermano Manuel, ya excarcelado, heredó sus equipos y el apelativo de Trajano, cultivando la fotografía de estudio hasta bien entrados los años cincuenta, antes de radicarse del todo en Madrid.

Antonio María Flórez Rodríguez

Escritor

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”