Ángel Valadés Verdú

Don Ángel, como se le solía llamar popularmente, fue, sobre todo, un hombre bueno, de geniecillo pronto que solo a él asustaba, y un MAESTRO, con mayúsculas. Dombenitense nacido en 1910, falleció el lunes 12 de enero de 1976, al fallarle el corazón; sus postreros años los vivió ya enfermo, muy disminuido, tras padecer una trombosis varios años antes; pese a su incuestionable merma de facultades continuó su tarea como profesor del Colegio Corazón de María (hoy Claret), en el Taller-Escuela Sindical José Manzano y en clases particulares que de toda la vida mantuvo, pues no eran boyantes los salarios docentes en aquellos años y mantenía una familia con esposa, Teodosia Gómez Giraldo (Dª Teo, excepcional compañera/madre) y cuatro vástagos: Ángel, Margarita, Eduardo y Pepe, los dos menores tempranamente fallecidos antes de cumplir los 60 años; era gastosillo y generoso y pese a sumar varios sueldos, vivió con apreturas económicas casi toda su vida. Obviamente fueron consejos médicos los que indujeron a la dirección de los centros educativos donde trabajaba, a mantener su quehacer, aunque sus calificaciones no tenían ya validez académica: evitaron que se sintiera un inútil, lo que habría conllevado, seguramente, su muerte prematura, pues era un hombre muy activo. Su tarea cotidiana comenzaba a las 6 de la mañana y duraba hasta las 22 horas; domingos y festivos trabajaba en asuntos del prójimo, siempre resolviendo algo y solo en las postrimerías de su vida se permitió acudir al fútbol, a ver al Deportivo, o juntarse con amigos y alumnos, a tomar alguna copichuela, reunión familiar adonde cantaba, pues lo hacía bien, o jugar a la cuatrola con gentes sencillas, en el Bar “Puerta del Sol”, que casi hacía chaflán en la plazoleta que configuran las calles Segunda Cruz, Virgen, Cañón, Montera y Cruces… Aquel lunes gélido que falleció, se había levantado a las 6 de la mañana para asistir a sus clases particulares a unos 200 metros de donde vivía, calle Miguel Arias número 12, un local alquilado en la calle Segunda Cruz; retornó al mediodía al hogar y avisó a Dª Teo que, algo cansado, iba a tumbarse a leer la prensa, el HOY, mientras ella preparaba el almuerzo, y se durmió para siempre, sin dolor ni molestar a alguien. Eso es morir: dormirse y no despertar… lo sé por experiencia, aunque Dios quiso me despertara sorpresivamente…

D. Ángel Valadés Verdú y su esposa, Dª Teodosia Gómez Giraldo

El sepelio de D. Ángel fue apoteósico, de esos que quedan en la memoria de la ciudadanía: acudió un gentío enorme, variopinto y me permito reseñar tres anécdotas: Sánchez de León (que sería ministro del Gabinete de Adolfo Suárez poco más de un año después) viajó, raudo, para dar el pésame y luego envió al que fue Director General de su ministerio, Francisco Ortiz Peralta, al entierro; lo mismo haría el que fuera árbitro de fútbol, internacional y mundialista en Alemania 74, Pablo Sánchez Ibáñez (afectivamente muy ligado a Don Benito), quien había de volar por la tarde a Praga a fin de dirigir un Checoslovaquia-Rusia, 48 horas después, quien viajó desde Gijón, donde había actuado el domingo, a Don Benito solo para abrazar a la familia; y entre los innumerables asistentes al sepelio, abracé al doctor Emilio de la Cruz Ducasse, con quien yo había mantenido una polémica agria en el diario HOY, y él superó la situación acudiendo al entierro de su profesor… Recuerdo que el domingo 11 de enero (había acudido yo a ver un partido Atlético de Madrid-Barcelona) le llamé, por la noche, y me comentó que estaba aterido de frío pues “he estado viendo el Deportivo-Extremadura, que han ganado los de Almendralejo 1-4, con ayuda de un mal árbitro… He pasado muchísimo frío pues me encargué de entregar los pases a mis compañeros del Hogar de los Ancianos y estuve, impertérrito, en la puerta del estadio desde una hora antes…”. D. Eladio Viñuela y D. Emilio Gallego, médicos, buenos amigos de D. Ángel, me dijeron que padecer tanto frío durante varias horas aceleró su adiós el día siguiente… Fue la postrera ocasión en la que hablé con mi padre, desde Talavera de la Reina…

Coche fúnebre de don Ángel Valadés Verdú

D. Ángel (tuvo una hermana llamada Irene) fue hijo de Eduardo Valadés, labrador calabazón, y de Margarita Verdú, mujer del Valle de la Serena, que sería ultrajada y asesinada el 24 de julio de 1938, en las cercanías del “Pozo de la Marcocha”, a la entrada de La Haba, de madrugada, horas antes de la toma de la Ciudad por las tropas “nacionales”. Su hijo, D. Ángel, que había pasado la contienda incivil detenido en el Campo de Trabajo de Totana (Murcia), perdonó a quienes asesinaron a su madre en un Consejo de Guerra; uno, gracias a Dios, aún vive en nuestra Ciudad. Fue una gran lección de humanidad que D. Ángel ofreció, como buen cristiano que fue, aunque con sus pecadillos públicos, más exagerados en él, por su popularidad y porque no era pudiente, que con los ricos la conciencia social siempre fue más laxa en aquellos años 50-60… Me consta que él vivió arrepentido y así me lo confirmó su confesor, el Reverendo D. Jacinto Fernández Rayo, Superior del Claret… Y, en cualquier caso, mi casa fue un hogar en paz, pues Dª Teo fue una esposa comprensiva por tanto amor como sintió por D. Ángel, y porque, en el fondo, sabía que era una gran persona… No hizo falta perdón alguno pues ni siquiera ella le acusó de algo, conste…

D. Ángel Valadés Verdú con su hijo Ángel Jesús

Pedagógicamente, D. Ángel fue un “producto” de las célebres Escuelas del Ave María que fundó y dirigió el inolvidable D. Manuel Parejo Bahamonde; y cuando éste murió (asesinado en Madrid, otra víctima más de aquella guerra incivil…), pasó al grupo de alumnos-colaboradores de otro personaje irrepetible, D. José Manzano, que fue como un padre protector para D. Ángel…; y como otros (sobre todo D. Santos Yedro) ejerció en plena juventud ya como Maestro en el Ave María, antes del 36, y tras acabar la salvajada, en el Colegio San José ubicado en la calle Ancha, así como en el San Carlos. Había hecho Magisterio por libre y acabó en la Normal de Huelva, para más luego hacer prácticas en Granada en el más puro estilo manjoniano, que le impregnó. Tras la guerra vivió ligado a D. José Manzano y fue profesor en la magnífica forja de hombres para el mañana que fue la Escuela de Artes y Oficios (de Trabajo) y en el Corazón de María (Claret); al cabo la Escuela cambió su nombre, él siguió, en Maestría y Sindical, pero fueron otros tiempos. Y, siempre, siempre, sus clases particulares que bien impartía en su propio hogar (de 6 a 8, durante el curso escolar), oposiciones, magisterio, cultura general, en la calle Granado número 5, y, sobre todo en la calle Arrabal número 5 y Miguel Arias número 12, más, al final, en Segunda Cruz; en los estíos, junto a D. Agustín Rufo, a veces D. Luis Gómez Requena y otros colegas, organizaba cursos de verano en la Escuela y en su casa. Hubo un tiempo, corto, en que colaboré y mi hermana Margui continuó su tarea tras morir él.

Durante muchos años, llevado por su espíritu de forjador de juventudes, inquieto, entusiasta, fue Delegado Local de Juventudes, como buen joseantoniano que fue, muy ezqueriano, aunque en su juventud perteneció a la CEDA, de Gil Robles, como joven de Acción Católica. Quizás por tal fue encarcelado, pues no se significó en política, en sus primeros años, aun cuando en su expediente como Excautivo figura como “desafecto al régimen republicano y católico…”. Más luego, tras el tifón, ayudó a los hijos de republicanos en una actitud ejemplar de reconciliación, sin renegar jamás de sus sentimientos que exponía públicamente, con respeto. Aún viven dombenitenses que fueron sus alumnos, hijos de republicanos, que darían fe de mi aserto. Viví una niñez-juventud muy cerca de D. Ángel, tan cerca, que me impelió a seguir su vocación, aunque, tras lograr el título y ejercer esporádicamente, abandoné porque un maestro ganaba menos que un militar retirado y tenía que vender libros de Editorial Salvat, en vacaciones, para sobrevivir y porque no quería ser en el pueblo, per in sécula, “el hijo de D. Ángel”, “D. Angelito”, aunque tanto me honró, y honra, ser su hijo.

También fue concejal en corporaciones que tuvieron como alcalde a D. José Manzano, D. Emilio Beltrán y D. Francisco Sánchez Sosa, años finales de los 40 y 50.

Mediados los 50, montó la Librería Valadés, en la calle Arrabal número 5, pero no era comerciante… Yo, tampoco, y trabajé allí 4 o 5 años…

Toda su vida la dedicó a la enseñanza, a las juventudes, y ya herido en su salud, se dedicó al Hogar de Ancianos, quienes le homenajearon en su muerte y aún recuerdo aquella hermosísima misa que celebró D. Juan Bravo en el salón del Hogar, atestado de compañeros, entre ellos D. Medardo Muñiz, escritor y Maestro republicano, represaliado, que le dedicó un fervoroso artículo en la prensa regional y en uno de sus libros.

El 18 de octubre de 1946, en acto celebrado en el mítico Patio de Cristales del Claret, le fue impuesta la Gran Cruz de Cisneros “por ser gran forjador de juventudes” por el Delegado Nacional, José Antonio Elola Olaso. Y el 4 de noviembre de 1969, publicado en el BOE nº 1049, le fue concedida la Medalla de Primera Clase al Mérito Sindical, que le entregó Espinosa Poveda, por su tarea en la Escuela de Trabajo, siempre con juventudes.

Año 1970. Última Velá de D. Ángel Valadés Verdú

A los jóvenes de hoy poco, o nada, les dirá el nombre de D. Ángel, pero fue un gran Maestro y una buenísima persona que amó a Don Benito, por el que trabajó incansable y altruistamente, más que nada por sus ciudadanos más menesterosos y desvalidos, sobre todo políticamente… En todo caso, tras esta confesión mía, hecha muy probablemente con la pasión de un hijo, afirmo que de mi padre he escuchado, en épocas diversas, palabras de halago y reconocimientos allá por donde fui, de quienes fueron sus alumnos, en muchas poblaciones extremeñas. Y me permito transcribir algo de lo que sobre D. Ángel se ha publicado: “…Ángel Valadés era modesto y magnánimo, siempre inclinado al elogio amplio y generoso de las humildes virtudes ajenas. Rara cualidad encarnada por este hombre sencillo y bueno…”, página 229 del libro publicado por el escritor republicano, seguidor de Ortega y Gasset, D. Medardo Muñiz, recopilación de artículos que vieron la luz en HOY, de Badajoz y ABC, Madrid. Ildefonso Álvarez Sánchez, alumno suyo, publicó en HOY, tras su muerte un sentido y emocionado obituario del que entresaco: “…Fue como mi segundo padre, preceptor, maestro, amigo y camarada… Cuando en los difíciles años 40 la enseñanza era poco menos que patrimonio de las personas que disponían de medios económicos, cuando no existía la igualdad de oportunidades ni el Estado podía crear becas, sencillamente prodigioso, contando con la ayuda del entonces alcalde de Don Benito, D. José Manzano, hicieron posible que muchos hijos de esta Ciudad, todos nosotros de familias humildes y sin posibles materiales, pudiéramos estudiar el bachiller y hasta estudios superiores… D. Ángel fue un verdadero forjador de juventudes y creador de auténticos hombres que hoy ocupan los más diversos puestos en nuestra sociedad, desde carpintero, mecánicos y artistas en aquella Escuela de Artes y Oficios, hasta hombres de ciencia distribuidos por toda nuestra patria… Ha muerto un auténtico maestro”. En el mismo periódico, el corresponsal de aquella época, Claudio, escribió: “Profundo sentimiento causó en Don Benito la pérdida de D. Ángel Valadés Verdú. Su gran afecto hacia la juventud le había llevado a su vocación de educador y maestro desde temprana edad… El Hogar del pensionista fue testigo de su enorme popularidad y del cariño que sentían por él, triunfando de modo resonante en las elecciones para directivo…”. Claudio conoció más a mi padre en su faceta de socio del Hogar, ya cuasi expirando su vida. Mi muy querido Francisco García Núñez, “Quiqui”, que publicó ya varios libros, tiene escrito un precioso texto, aún sin publicar, en el que escribe sobre mi padre: “Don Ángel se preocupaba de sus alumnos como nadie, promocionando a todo aquel que quiso, tuviera o no medios económicos para los estudios, y procurando que esto no fuese motivo para arrinconarle… Se interesaba, se pringaba, por todo el mundo… La casa de D. Ángel era paso de estudiantes que convivían con su familia como un miembro más”, y remata: “Don Ángel marcó una época muy difícil…” Hace 3 o 4 años, con ocasión de serme concedida la 1ª Medalla de Oro de la Asociación Regional de Fútbol Sala (ya se sabe que cuando esta uno acabadillo, caduco, se le suele homenajear…), que tiene su sede en Herrera del Duque, un maestro de esa urbe, Saturnino Romero, me dedicó un libro titulado “De miajón, raza y jara”, amplia crónica de los años 1940 a 2000, en el que habla de D. Ángel recordando, con cariño, “sus amenas clases de francés, insólito idioma, para mí, entonces, o aquellas clases inolvidables de Geografía e Historia, que con apasionamiento nos enseñaba siempre…”. Hasta de los partidos de fútbol en “Las Albercas” habla dicho libro que comenta hasta la visita realizada por el ministro de Educación, Ruiz Jiménez, a comienzos de los 50, a la casa de Donoso Cortés, en la calle Viudas entonces, cuando habló desde un balcón, acudiendo con mi padre del que tomó el consejo para juzgar los tremendos disparates de ayer con su frase: “No se puede medir situaciones de antes con criterios de ahora”. Es cabal. Por eso, yo, que viví aquellos años junto a mi progenitor, si doy fe de su ingente labor como Maestro, cristiano hasta las cachas y dombenitense de pro. Y hoy, tal como está el paño, su papel habría sido aún más relevante y decisivo. Quise (y así lo pactamos, pues asumían mis ideas) que esta reseña, acaso amplia en exceso, la firmásemos sus cuatro hijos; ya no es posible pues Edu y Pepe se han ido tan temprano; quedamos los mayores, mi Margui y yo, que mostramos gratitud pública al Ayuntamiento por su iniciativa y al Coordinador, José Antonio Gutiérrez Ortiz, por propiciarnos escribir sobre nuestro padre; de corazón, gracias. Y felicidades a la Ciudad por su 150 aniversario, tan celebrado.

Ángel Jesús y Margarita Valadés Gómez

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”