Antonio Martín-Romo Morales

Nació en Don Benito, en la calle de Villanueva nº 90 el 19 de mayo de 1928. Pertenecía a una familia muy humilde. Fueron sus padres Guillermo Martín-Romo Martín-Romo y Ángela Morales Morcillo y era el mediano de los tres hijos que tuvieron el matrimonio, Atocha, el propio Antonio y Concha Martín-Romo Morales.

Estudió sus inquietudes artísticas en la Escuela de Artes y Oficios de Don Benito, donde el Maestro Juan Aparicio Quintana le enseñó Dibujo Artístico. Fueron sus protectores el médico y humanista Celestino Vega Mateos y Vicente Ruiz de Medina, primer Director de la Escuela Elemental de Trabajo, quienes avisaron la maestría de un Antonio niño; fue el propio Celestino Vega, junto a D. Emilio Luna, entonces Director del Banco Hispano, quienes regalaron al joven Martín-Romo unos modestos lápices y un block para dibujar.

Sus comienzos fueron en 1937, pintando con carbón de encina por las aceras de Don Benito. Un día, con sus pantaloncillos cortos y sandalias desgastadas, pintaba el retrato de D. Ricardo Esteban en la acera, a través de una ventaba abierta de la calle de Villanueva cuando, por casualidad, fue descubierto por sus dos protectores. Aprendió que con carbón o con pinceles se puede expresar casi todo. Fue su tío, Juan Morales, quién le regaló su primer estuche, ésta vez de óleos, así como también la primera tela.

Su madre quería que aprendiera un oficio, por lo que entró en el taller de Camilo Soto, donde trabajó de carpintero. Antonio no prosperó en el trabajo, pues en lugar de aprender, pintaba en todas las maderas que había en el taller. Posteriormente entró de peluquero con su tío Juan Morales, en una conocida peluquería en Don Benito conocida como “Peluquería Mochuelo”. Antonio Martín-Romo quería pintar y en Don Benito no podía ser.

Trabajó también entregando o repartiendo las cartas del Sindicato de la Hermandad de Labradores.

En 1943, con 15 años de edad, empieza a pintar de manera más profesional en Don Benito. Le gustaba y gozaba pintando cosas de la naturaleza y sentía un deseo de conquistar por medio de sus pinturas, al igual que sus paisanos los conquistadores Hernán Cortés y Francisco Pizarro.

A sus 23 años, le preocupaba en la pintura la técnica mucho más que la teoría; pintando lo que veía y sentía. Pintaba al óleo, la encáustica y al fresco, pero siempre cosas que tuviese belleza o se la pudiese dar por algo que se le sintiese. Le gustaba pintar los ambientes ciudadanos y campestres, su tierra por sus tonos calientes y Castilla por sus llanuras y también por sus tonos calientes, “donde vibran la luz y el ambiente” decía un joven Martín-Romo. También pintaba el joven artista bodegones, para hacerlos escogía cacharros viejos: ollas, restas, calabazas… o hacía composiciones de flores, entre las que prefería las rosas, los lirios y las amapolas.

En 1946 pintó un cuadro, el cual rifó, y con el dinero obtenido tras la rifa de éste cuadro, viaja a Madrid, donde durante tres años, hasta finales de 1949, estudia en la Academia de Bellas Artes. En el mismo año obtiene una beca en un Concurso Nacional de Cultura y Arte de Madrid. Tiempos de bohemia, tiempos de escasas comidas, noches recostado sobre los bancos de la Plaza Mayor, destartalados estudios de pintura repletos de botes y telas. El Marqués de Lozoya, entonces Director de la Academia, tras visitar el estudio de Antonio y quedar maravillado de su trabajo pictórico, promueve que la Asociación de Escritores y Artistas Españoles le patrocine su primera exposición individual en Madrid; dicha exposición se lleva a cabo del 23 de enero hasta el 7 de febrero de 1952. En 1947 Martín-Romo obtiene el 2º Premio en la IV Exposición Nacional de Arte de Madrid, donde participa.

Su viaje a Madrid se realizó con una carta de recomendación de Celestino Vega para el escultor Enrique Pérez Comendador, quién le proporcionó un trabajo de marmolista en el taller de Carlos Tortosa. Antes de entrar en éste taller, trabajó durante poco tiempo para Pérez Comendador. También fue ayudado a su llegada a Madrid por la esposa de Pérez Comendador, Magdalena Leroux.

Un día se abre el horizonte, pintaba en el Museo del Prado. Una señora se fija en él. La señora Clemente no solo le ayuda de por vida, sino que a su muerte le deja una cantidad de dinero. Con éste dinero y dos becas que ganó en exposiciones del Frente de Juventudes pudo defenderse.

En agosto de 1952 cruza la frontera, pasando a residir a París, donde, con interés para ampliar sus conocimientos artísticos, se inscribe entre 1952 y 1955 como discípulo del Premio de Roma, ex-profesor en la Academia de Bellas Artes de París y gran pintor francés Augusto Lerroux. Aquel joven larguirucho, de afiladas manos y grandes ojos tuvo que emplear la picaresca para lograr una plaza de alojamiento en la Ciudad Universitaria, donde, hasta que consiguió dinero para la plaza, se hospedaba de manera encubierta. Al mes ya tenía el dinero suficiente para pagar la plaza, incluso modestos ahorros.

Después, con la ayuda de Augusto Lerroux y de su hijo André Lerroux, al que había servido como modelo para un cuadro de torero en Madrid, le ayudan a resolver trámites de su actuación personal ante la Ciudad Universitaria.

“Desde 1953 hasta 1955, nuestro protagonista toma parte en numerosos certámenes expositivos, bienales y galerías, unas veces colectivos y otras individuales, tanto dentro como fuera de Francia y, mayoritariamente, bajo los auspicios de Embajadores, Agregados Culturales, Rectores Universitarios y otras ilustres personalidades”, relata el investigador dombenitense Juan José Lozano.

Al cabo del año de residencia en la capital francesa, en 1953, Antonio Martín-Romo participa en la exposición “Pintores españoles en París”, en el Pabellón de España de la Ciudad Universitaria, obteniendo el segundo premio. Toma parte también en el mismo año en una segunda exposición de pintores españoles organizada por el Embajador de España, el Conde de Casa Rojas, en la Biblioteca Española (Avenue Marceau).

En el año 1954 participa en la 2ª Bienal Hispanoamericana de Arte, en La Habana (Cuba); trasladándose al año siguiente, en 1955, a residir en un taller, en París.

Su primera exposición particular en París la realiza en 1955, en el Centro Cultural Internacional de la Ciudad Universitaria, en presencia del Excelentísimo Embajador de España, el Conde de Casa Rojas, del Agregado Cultural y del Rector André Marchaud. Igualmente, en el mismo año, presenta sus obras en la exposición de “Jóvenes Pintores Españoles”, en el Colegio de España, en la Ciudad Universitaria de París.

En el año 1956 realiza una segunda exposición en el Pabellón de España de la Ciudad Universitaria y participa en el Salón de Montrouge, donde obtiene el Diploma de Honor.

Antonio Martín-Romo toma parte en el año 1961 en el Salón de Artistas Franceses (Grand Palais), donde el Jurado le otorga la mención “Honorable”; en el 7º Salón de Bellas Artes del Gâtinais en Montargis (Loiret), donde es nombrado, desde esta primera participación, “Miembro Permanente del Jurado”, y en consecuencia, fuera de concurso; en el Salón Internacional de Arte Libre (Museo de Arte Moderno de la Villa de París); y en el Salón de Invierno (Museo de Arte Moderno de la Villa de París), donde se le nombra “Socio” con todas las ventajas que éste título comprende.

También en 1961, realiza una exposición individual en la Galería Ror Volmar (Faubourg Saint-Honoré), bajo la presidencia del Conde de Motrico, Embajador de España.

En el año 1962 presenta sus obras en el Salón de Bellas Artes de Dijon y en el Salón de Bellas Artes de Decize; organizando también una exposición particular en la Galería Merrien, en Douarnenez (Bretaña).

Una exposición personal de sus cuadros tiene lugar, un año después, en 1963, igualmente en la Galería Merrien de Douarnenez.

En 1964 realiza una importante exposición individual en la Galería Saluden, en Brest.

Unos años más tarde, en 1969, presenta sus obras, en exposición particular, en la Galería de Arte “Pro Padova”, en Padua (Italia).

En 1972 expone en el Grand Palais (Salón de Otoño). Diez años después, en 1982, participa en la exposición “El Arte Español de la Emigración a través de Europa”, organizada en París, también en el Grand Palais.

Martín-Romo a tomado parte también en los numerosos certámenes de la Casa de España en París (años 1980, 1981, 1982 y 1984), y algunas de sus obras han sido presentadas en ciertas otras exposiciones y también en las Continental Art Galleries de Nueva York.

En 1988 organiza en Don Benito una exposición retrospectiva y otra, de manera idéntica, en Mérida. En la exposición de Mérida, la Capital extremeña adquiere el cuadro titulado “Pájaro Blanco” para el Museo de Arte Contemporáneo; igualmente, en la de Don Benito, el Ayuntamiento de la Ciudad adquiere el cuadro titulado “Marina de Honfleur (Normandía)”.

En 1991 realiza una segunda exposición individual en Don Benito, en el Círculo de Artesanos. Cuatro años después, en 1995, realiza una exposición individual en la Galería Atelier, en Les Carroz (Francia).

Contrajo matrimonio con Antonia, de quien tuvo cuatro hijos: Patrick (nacido el 21/03/1955 y con residencia en La Neuveville, Suiza), Véronika (nacida el 20/04/1959 y con residencia en París), Antonia y Miguel (nacido en 1962 y con residencia en Éragny Sur Epte, Francia). Tras divorciarse de Antonia, convivió con la que fue su compañera hasta su fallecimiento, Evelyne.

Por sus méritos artísticos, Antonio Martín-Romo fue condecorado el 15 de diciembre de 1970 como Caballero de la Orden del Mérito, por el Comité Social de la Sociedad Francesa de Fomento.

En 1969 es nombrado miembro activo de la Sociedad de Artes, Ciencias y Letras con Medalla de Plata, con la Medalla “Vermeil” (de plata bañada en oro) en 1977 y en 1989 con Medalla de Oro.

Su estilo pictórico se forjó en su admiración por el impresionismo y, tras su periodo de expresionismo y figurativo, se descantó hacia un personal concepto de figuración poética en donde resalta su dominio de las luces y el color.

Muchas de sus obras figuran en colecciones privadas de América y de Europa. Además, ha sido también seleccionado por la prensa francesa y fotografiado por los Estudios Harcourt para los archivos de pintores que se encuentran difundidos en el mundo entero.

De igual manera que muchos de los grandes pintores, para poder seguir adelante, Antonio Martín-Romo Morales pintó diversas obras que firmó con seudónimo y que, posteriormente, vendió a un bajo precio.

El 21 de junio de 2013 Don Benito le rindió un homenaje tras su fallecimiento, una exposición en la Casa de Cultura de Don Benito. La muestra póstuma se componía de unas treinta obras. Gran parte de ellas correspondía a Eduardo Gómez-Valadés Parejo, amigo del artista.

El artista falleció en París, donde residía (nº2 de la rue Fréderic Schneider), el 27 de mayo de 2013.

Daniel Cortés González

FUENTES

– LOZANO SANTO, J.J. (2008): La formación profesional. Sus antecedentes y evolución (Escuelas de Artes y Oficios), autoedición.

– Diario HOY.

– Datos facilitados por Eduardo Gómez-Valadés Parejo y Pedro Natalio Rodríguez Martín.

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”

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