Benedicto Barbero Bermejo

Nace en Serradilla (Cáceres) el 15 de Abril de 1879, en un hogar profundamente cristiano. De familia humilde, fueron sus padres Demetrio Barbero Álvarez y María Guadalupe Bermejo Obispo.

Sintió desde muy niño la vocación sacerdotal y cuando en su familia quisieron disuadirle, para ponerlo a prueba, respondió con firme resolución: “O estudio para sacerdote o no estudio carrera alguna”.

Cursó sus estudios sacerdotales en los seminarios de Coria (Cáceres) y Plasencia (Cáceres), y habiendo obtenido la licenciatura en Teología en la facultad de Salamanca, fue ordenado sacerdote el 24 de Mayo de 1902.

Desempeñó sucesivamente los ministerios de párroco en Cristina (Badajoz), coadjutor en Miajadas (Cáceres) y vicerrector del Seminario diocesano de Plasencia, donde dejó honda huella por sus competencias y extraordinarias virtudes evangélicas; aunque puede decirse que fue el rector, pues este cargo, en esa época lo ejercía de manera honorífica un canónigo y quien realmente regia el seminario era el vicerrector.

Estando de Cura Ecónomo en Miajadas, se presentó a las oposiciones a la Magistral de la Catedral de Badajoz. En el ejercicio de Homilía disertó sobre el capítulo 17 del Evangelio de San Lucas, y en el último ejercicio trató del pecado original.

Benedicto en su juventud, tras ser ordenado ya sacerdote

En 1919 obtuvo por oposición la parroquia de Santa María del Consuelo de Don Benito, la que tenía mayor cantidad de feligreses de la diócesis de Plasencia. Su austera figura de hombre, entregado, de bondad rebosante, dispuesto a darlo todo por sus feligreses, fue causa de admiración, estima y veneración popular. Gozaba en Don Benito de gran prestigio por su virtud, ciencia y celo apostólico.

Tras la muerte del Párroco de la Iglesia de Santiago Apóstol y Arcipreste D. Francisco Pablos Navarreño, ocurrida el 26 de Marzo de 1928, Benedicto fue nombrado Arcipreste de la demarcación de Don Benito. Tres días después, el 29 de Marzo, se encontraba ya constituida la Junta de Don Benito para la Coronación de la Virgen de Guadalupe, “que ha de entender en la atracción de personas, y en la recaudación de fondos para que se lleve a efecto con el mayor esplendor, la coronación de Ntra. Sra. de Guadalupe”. Dicha Junta dombenitense estaba formada por “personas virtuosísimas y de gran ascendiente”: Vicente Ruiz de Medina, Manuel Calderón Martín, Manuel Donoso-Cortés, Reyes García Campomanes, Juan Parejo Liviano, Carmen Guillén y Calderón de Robles, María Elena Sáez y Gómez-Valadés, Julia Rodríguez Celestino, Blanca Hermida Pérez y Felisa Parejo Gómez.

Como Arcipreste, delegado del prelado de la diócesis, fue encargado de dar posesión de la Parroquia de Santiago Apóstol al doctor en teología D. José Gil Loro el 10 de Mayo de 1929, leyendo, ante la puerta de la Iglesia, el Decreto del nombramiento del nuevo párroco.

Igualmente, Benedicto favoreció mucho la Fiesta de San Gregorio con misa mayor, sermón y procesión con el Santo por las calles de la feligresía, con asistencia de parte del Ayuntamiento, la Banda Municipal y numerosos vecinos, así como la organización del ramo con muchos regalos.

El año 1930 se celebra el Concilio Provincial de Toledo y uno de los miembros de ese Concilio era el Notario Conciliar, cargo que recayó en Benedicto para dar fe auténtica de todo lo tratado. Ese cargo le permitió dialogar con las autoridades eclesiásticas, llegando a ganarse la amistad del cardenal Segura (Pedro Segura y Sáez), siendo comentario su propuesta para una vacante episcopal.

El ABC del 14 de febrero de 1933 da la noticia de la constitución de la Juventud Católica en Don Benito: “Se ha celebrado la reunión constitutiva de la Juventud Católica. Habló el arcipreste, don Benedicto Barbero Bermejo, quien abrió el ciclo de conferencias que habrán de darse todos los jueves”

Fue nombrado, junto al Deán y Secretario del Prelado, José Polo Benito, para ejecutar el estudio de las ventajas e inconvenientes del Centro Católico de Plasencia, cuya función era el recreo y esparcimiento para los clérigos.

El 23 de julio de 1936, a requerimiento del alcalde, y después de celebrar la última misa entregó las llaves de su querida parroquia, y fue confinado en su domicilio de la calle Pérez Galdós, donde estuvo siempre la Casa Parroquial de Santa María. Desde allí escribió a sus familiares: “…yo no pienso abandonar esto pase lo que pase”, la frase que revela el deseo de aceptar el martirio con la valentía del buen pastor que quiere dar la vida por sus ovejas.

El 6 de septiembre fue llevado a la cárcel común. Por el respeto y veneración que inspiraba, los mismos milicianos le sugirieron la idea de que se ocultase, y que ellos cumplirían la misión diciendo sencillamente que no estaba en casa, pero rechazó la propuesta diciendo: “Yo debo hacer lo mismo que hizo mi Divino Maestro”.

Benedicto en su madurez, poco antes de su martirio

En la cárcel sufrió con serenidad impresionante los ultrajes que le causaron, gracias a la fortaleza acumulada en su vida de intensa oración. Incomunicado un tiempo en una pequeña celda, siempre que hacían la inspección le encontraban de rodillas, con la vista elevada al cielo, abstraído de lo que pasaba alrededor suyo. Uno de los carceleros aseguró que en una ocasión al entrar en la celda de madrugada, lo halló levantado del suelo, en el aire, arrodillado en actitud orante.

El 30 de septiembre de 1936, fue el día señalado para el holocausto. Junto con otros cuatro sacerdotes y numerosos seglares fue llevado al paredón de fusilamiento por su condición de sacerdote, pues ningún otro crimen le podían imputar. Bien lo sabían sus verdugos, cuando al pasar cerca del Hospital de la Cruz Roja, le ofrecieron ser ingresado en él, en un último intento de salvarle la vida; pero una vez más su voluntad estaba decidida a apurar el cáliz y respondió: “Me voy con mis compañeros, que ahora me necesitan más que nunca”.

En las tapias del cementerio recibió la descarga mortífera que acabó con su vida. No debió de morir en el acto, pues a la mañana siguiente el cuerpo de Benedicto fue hallado separado de los demás cadáveres, incorporado en un ángulo de los muros del camposanto, con el rosario pendiente de sus manos sacerdotales en una última plegaria a la Virgen de las Cruces. Había consumado la sangrienta Misa de su propia vida y ofrenda. En este mismo cementerio reposan sus restos en una sepultura común.

Posteriormente, de acuerdo con un certificado del subdelegado de medicina de Don Benito, el 20 de Julio de 1939, el cuerpo de Benedicto Barbero fue inhumado junto con 112 cadáveres más en el Panteón de los Mártires, que para éste fin fue construido en la manzana de San Francisco en el Cementerio Municipal.

Retrato de Don Benedicto Barbero en la Iglesia Parroquial de Santa María del Consuelo

El día 4 de Octubre de 2014, la Parroquia de Santa María del Consuelo de Don Benito y su familia le rindió un homenaje en el 78 aniversario de su martirio.

Diego Soto Valadés

Daniel Cortés González

FUENTES

“Dos curas extremeños”, en la web Religión en Libertad, fecha 24 de Febrero de 2013.

“77 aniversario del martirio de Don Benedicto”, en web de la Parroquia de Santa María de Don Benito.

– Nuevo Diario de Badajoz, fecha 12 y 30 de Diciembre de 1905, página 2.

– Correo extremeño, fecha 29 de Marzo de 1928.

– Correo extremeño, fecha 7 de Abril de 1928, página 6.

– Correo extremeño, fecha 12 de Mayo de 1929, página 6.

– Archivo Municipal de Don Benito.

– Datos facilitados por D. Juan Manuel de Miguel Sánchez.

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”