Claudio Díaz Díaz

Nace en Don Benito, en el número 12 de la calle de Pilatos (hoy calle de Dª Consuelo Torres), a las cinco de la mañana del día 17 de febrero de 1863, siendo hijo del matrimonio formado por el aperador Juan Díaz Rodríguez y Francisca Díaz Carmona.

Fueron sus abuelos paternos Juan Díaz y María Rodríguez; los maternos, Juan Díaz y Francisca Carmona.

Partida de bautismo de Claudio Díaz Díaz

Marcha en 1882, con solo 19 años de edad, a la Villa y Corte a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, dependiente del Real Conservatorio de Artes; aquí, Claudio conseguirá 22 diplomas en las diversas asignaturas y cursos que alternaba: Dibujo del Antiguo y Ropaje, Dibujo Artístico e Industrial, Perspectiva, Paisaje, Modelado del Antiguo y Dibujo al Natural. Finalizó estos estudios en el curso 1902-1903, habiendo sido pensionado por la Diputación Provincial de Badajoz.

Al ser de familia muy humilde, trabajaba de albañil en Madrid para costearse su mantenimiento personal mientras estudiaba.

La finalización forzosa de sus estudios en junio de 1903 obedece al continuo e incesante requerimiento de dos grandes potentados dombenitenses, que se disputaban y alternaban los trabajos de Claudio Díaz en sus grandes palacios. Uno de estos palacios estaba enclavado en la calle del Arroyazo, propiedad del matrimonio Saturnino Soriano y Engracia Nicolau, cuyas estancias interiores fueron opulentamente decoradas. Su fachada exterior principal nos mostraba una muy procesada cornisa artística, unos esculturales balcones con protecciones decorativas en todos sus huecos, rematando en el frontis con una elaboración artística de forma curva de exquisito acabado primoroso. Bajo el balcón central existía una cabeza femenina, que imitaba a la señora de la casa. Este edificio fue demolido en la década de los años 80 del siglo XX.

Oro gran influyente de la antigua política fue Enrique Donoso-Cortés y Solo de Zaldívar, Diputado Provincial y Senador del Reino, que en 1892 construyó un enorme edificio esquina a la calle de los Mesones y de la Carrera, hoy calle de Don Pedro Granda, cuya proyección y planificación decorativa de todo el fabuloso inmueble fue efectuado íntegramente por el Maestro Claudio Díaz y sus operarios. Este palacio está dotado de dos elegantes plataformas o balcones de vidrio que, según algunas versiones, fueron las primeras vidrieras plomadas construidas en Don Benito. Tallas, figuras, ornamentos, cuadros al óleo, imitaciones a madera noble y mármoles de lujo que, aun hoy, todavía pueden apreciarse junto a otras decoraciones de medio relieve realizadas directamente en la misma superficie, sin haber sido previamente moldeadas, troqueladas ni vaciadas. También en el imafronte se construyó un ornamento curvo con una exquisita escultura femenina de perfecto acabado; habilidades e ingenios laborales que derrochaba el Maestro Claudio Díaz.

Era tal la admiración que Enrique Donoso-Cortés y Saturnino Soriano sentían por Claudio, que llegaron a contratarle de por año a razón de un real diario, una saca de harina anual y una fanega de garbanzos. A base de continuos requerimientos, estas dos personalidades de Don Benito, que eran grandes influyentes, consiguieron cortar, funestamente, los estudios artísticos de un joven Claudio, que una y otra vez volvían a repintar y decorar sus palacios, introduciendo ciertos cambios cuando ya el Maestro los había finalizado, demostrando así la admiración por sus genialidades y la destreza refinada de las habilidades que iban marcando un estilo. Conocimientos y creatividades que no tenían fin, llegando al punto de trasladar a menudo sus despachos y enseres administrativos en las dependencias donde se hallaba decorando Claudio, todo ello con el fin de palpar más de cerca sus virtualidades e ingenios, que se mezclaban con espaciadas conversaciones sobre el mundo del arte, ya que el pintor era poseedor de numerosas ediciones literarias que versaban sobre temas de orden histórico-artístico, así como de los diversos conocimientos que había adquirido en Madrid.

Los palacios de estos grandes propietarios se convertían en auténticos talleres de arte, ya que a ellos acudían asiduamente las grandes influencias y amistades de estos dos señores, a fin de contemplar y poder exportar cuanto allí se realizaba.

El Maestro Claudio Díaz también era proyectista, pero no sólo de la decoración previa de casas y palacios, sino también del predominio en la delineación de sus edificios.

La suma de sus estudios asciende a poco más de seis años, con cursos vacíos y periodos ignorados, tiempos en los que se supone los empleaba en la decoración, pintura, escultura y proyecciones de edificios de Don Benito, óleos particulares, numerosos dibujos a lápiz y carboncillo, que denotan una maestría e ingenio poco común. Sus habilidades virtuosas siempre fueron elogiadas por los grandes constructores de su época y posterior a ella, como es el caso del prestigioso Eugenio Quintana Coronado, el afamado proyectista Emilio Camacho Moreno y otros acreditados constructores. Según la versión popular, el pórtico de la entrada del Cementerio Municipal de San Antonio, construido en 1892, fue realizado por Claudio Díaz.

En el desván de su casa de la calle de Pilatos (hoy Avenida de 1º de Mayo, tramo comprendido entre las actuales calles de San Antonio y de Madre Teresa Jornet) tenía un local acondicionado como taller, acudiendo a él la mayoría de los artesanos dombenitense que en sus faenas diarias cosechaban algún tipo de atasco profesional que, sobre el terreno, con destreza, soltura y maestría resolvía el Maestro Claudio Díaz. Una pléyade de alumnos seguía sus consejos y enseñanzas, alumnos que, pasados los años y tras sus propias cultivaciones en el arte, alcanzarían gran popularidad y, a la vez, fueron maestros de otros afamados aficionados aprendices que, igualmente, algunos de ellos espigaron con el paso del tiempo renombre internacional. Entre sus alumnos se puede citar a su sobrino Ernesto Martín Díaz, los hermanos Gómez (que instalaron un taller de ebanistería en la calle de la Virgen), el pintor artístico e industrial Julio Gordo Martín-Romo, Francisco Gallego Morcillo (padre del artista José Gallego Sánchez, “Pepe Sefui”) o el pintor Juan Aparicio Quintana.

En el año 1902, el Maestro Claudio realiza una exposición en el Círculo de Artesanos de Don Benito, donde rifó uno de sus cuadros entre el público asistente, adquiriendo la Sociedad del Círculo algunos números que no resultaron ser el agraciado.

Contrajo matrimonio el 28 de enero de 1907 con Leocadia García, con quien tuvo dos hijas llamadas Consuelo y Cristina Díaz García.

No sería hasta el 19 de agosto de 1928 cuando se funda en Don Benito la Escuela Elemental de Trabajo; hasta entonces, no existió en la localidad ninguna Institución, privada ni oficial, que enseñara los diversos oficios, ni menos aún ningún género de arte.

El Maestro Claudio Díaz tuvo un aparatoso accidente que sufrió decorando su propia casa, cayéndose de un rudimentario casero andamio en el que se hallaba subido adornando la bóveda de su vivienda. El artista sufrió algún tipo de traumatismo craneal que no fue paliado adecuadamente, tal vez motivado por los precarios recursos médicos que disponía la época; patología que le fue minando progresivamente. Perdía reflejos, apetencia y cualidades, anidando en él la apatía, pereza laboral y la indiferencia ante la influencia del arte por el que tanto había luchado. Se refugiaba más asiduamente en la “Casa Bonita”, junto a la vía férrea, cerca del Arroyo del Campo, languideciendo triste y melancólicamente allí, recordando las buenas tertulias que pasaba con sus amigos y artistas de antaño, a los que ya no podía ayudar, ni comentar con ellos cualquier tema artístico que él había atesorado ampliamente en aquel primitivo pero eficaz y extraordinario Real Conservatorio madrileño de las Artes y los Oficios creado en 1871.

Vivía únicamente al cuidado de su pequeña hacienda y de atajar los estragos de la enfermedad, aunque para mitigar la nostalgia de las ocupaciones queridas y que llenaron el lapso de sesenta años, seguía con atención marcada los rumbos de los artistas nóveles, dictándoles normas y señalando orientaciones para sus más prontos éxitos y mejor formación técnica. Y en esto sí que Claudio Díaz ha destacado su personalidad, porque durante muchos lustros fue más que un amigo y técnico, el discernidor de las cualidades artísticas de los jóvenes y el alentador y maestro de lo que más valía en Don Benito.

De su obra pictórica, los cuadros más ponderados por la crítica fueron “La Gallina sacando polluelos”, que se encuentra en la Diputación Provincial de Badajoz; “el Águila y el Escarabajo”, que se encontraba en la Casa-Palacio de los Condes de Campos de Orellana; el titulado “Sandías partidas y manzanas”, y un autorretrato que se halla en poder de la familia del artista.

Falleció en Don Benito, en su casa de la calle de Pilatos, a las dos y media de la tarde del día 23 de septiembre de 1929. Sus grandes dotes artísticas como pintor, escultor y decorador le dieron fama y popularidad en toda la provincia de Badajoz.

FUENTES:

-LOZANO SANTO, Juan José (2011): Historias Dombenitenses (1), autoedición.

-Archivo Parroquial de la Iglesia de Santiago Apóstol de Don Benito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s