Consuelo de Torre-Isunza y Alguacil-Carrasco

Nace en Don Benito, en la casa familiar de la calle Palacios, a las ocho de la mañana del día 21 de octubre de 1836. Su bautizo fue realizado al día siguiente en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol por el cura rector de la misma, D. Domingo González Rebolledo, quién impuso a la niña los nombres de María Salomé. Fue su padrino el tío materno, Diego Alguacil-Carrasco Muñoz.

Fue la menor de los cinco hijos habidos del matrimonio formado por Juan de Torre-Isunza Sánchez-Pajares y María Jesús Alguacil-Carrasco Muñoz: Antonia, nacida en Don Benito el 8 de Febrero de 1827, quien contraería matrimonio con Manuel Fernández-Ruitiña Martín y fruto de éste matrimonio nació María del Amparo Fernández-Ruitiña Torre-Isunza (fallecida con siete años el día 21 de Abril de 1857); María Loreto, nacida el 10 de Diciembre de 1825; Diego Leandro, nacido el 13 de Marzo de 1831 (los dos anteriores nacidos en Don Benito y posiblemente fallecidos siendo niños); María del Consuelo, nacida en el año 1834 en Logrosán (Cáceres) y que falleció siendo una niña; y María Salomé, la gran benefactora de Don Benito.

Los Torre-Isunza son una familia de origen riojano que en el siglo XVIII se afincó en la entonces Villa de Don Benito. Perteneciente a la burguesía terrateniente de Don Benito, propietarios de grandes fincas y dehesas y numerosos rebaños merinos.

A través de matrimonios, tenía vínculos contraídos con la ilustre familia dombenitense Donoso-Cortés, viniendo a ser una sola familia aquella y los Torre-Isunza.

El apellido aparece en documentos como “Torre y Sunza”, transformándose posteriormente en el actual “Torre-Isunza”.

Según el Cronista Rey de Armas, Don Vicente de Cadenas y Vicent, el blasón del apellido “Torre-Isunza” es según la siguiente descripción: en oro, seis bandas de azur, superadas de un aspa de gules. Bordadura de plata, con seis armiños de sable.

El primer miembro de la familia en llegar a Don Benito fue el abuelo de Dª Consuelo, Don Patricio de Torre y Sunza y Solo de Zaldívar. Nació en Villoslada de Cameros (La Rioja), Obispado de Calahorra, siendo ganadero y arrendatario rústico. Patricio recibió el 13 de septiembre de 1793 su reconocimiento como noble; su mayor distingo era el título de “Don” y su pertenencia al Estado de los nobles o Hijodalgos.

Casó Don Patricio con la dombenitense Micaela Inés Sánchez-Pajares Carrasco, habiendo fruto del matrimonio cinco hijos: Juan (padre de Dª Consuelo), Patricio, Antonia, Manuela y Pedro de Torre-Isunza y Sánchez-Pajares.

Juan de Torre-Isunza y Sánchez-Pajares nació en Don Benito en el año 1795, perteneciendo a la clase adinerada. Ostentó el cargo de Mayordomo de Nuestra Señora de las Cruces, por la cual sentía verdadera devoción. Falleció en la Ciudad que le vio nacer el día 28 de marzo de 1874, habiendo otorgado testamento el 3 de septiembre de 1854, ante Don Cipriano Díaz Gallardo, disponiendo entierro con oficio entero de nueve lecciones y oficios de la misma clase, asistiendo a ellos y a la conducción de su cadáver al Campo Santo el Estado Sacerdotal. La madre de Dª Consuelo, María Jesús Alguacil-Carrasco y Muñoz, falleció también en Don Benito en el año 1870.

Fueron los abuelos maternos de Dª Consuelo el matrimonio formado por Sebastián Alguacil-Carrasco y María Antonia Muñoz Andújar.

Los padres de Dª Consuelo, mediante sus actividades comerciales y a través de la política matrimonial, habían conseguido reunir un inmenso patrimonio rústico, pecuario y urbano que pasaría posteriormente, tras la muerte de éstos, a su única hija superviviente.

Según cuenta el humanista Celestino Vega, que, siendo rica y agraciada, no tuvo muchos pretendientes. Uno de ellos, distinguido por su cargo y su persona, no era muy del agrado de su padre.

El día de San Pedro celebraba la fiesta onomástica un sacerdote y administrador de la casa. En ese día acudían a felicitarle lo más selecto de la sociedad dombenitense (según cuenta Celestino: pantalón de color avellana, levita negra, leontinas, sombreros de copa, bastones de ébano con puños de marfil o plata).

Dª Consuelo miraba tras de su ventana entrar en la casa de enfrente a los caballeros. Hubo un momento en que a su lado estaba su padre. Y llegó, erguido, elegante, distinguido, el pretendiente.

El padre miró la cara de Dª Consuelo y después la dijo: “Puesto que tú lo quieres, que sea así”.

Finalmente, Dª Consuelo contrajo matrimonio en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Don Benito a la edad de 37 años, el día 5 de septiembre de 1873, con Don Antonio Cabezas de Manzanedo y Paredes, Registrador de la Propiedad de la Ciudad.

Fue una mujer bondadosa, caritativa con los más necesitados, con los delincuentes, mujer adelantada a su tiempo. Dª Consuelo fue una de las personas que más beneficiaron a Don Benito con su gran fortuna personal.

En cierta ocasión, el bandolero “el Serna” fue preso por las tropas reales y llevado a la prisión de Don Benito, donde permaneció algún tiempo; en ella recibió la comida que diariamente, con un gesto de magnanimidad de gran dama, enviaba a la cárcel Dª Consuelo de Torre-Isunza y Alguacil-Carrasco; al cabo de algún tiempo tuvo que trasladarse Dª Consuelo con su esposo, D. Antonio Cabezas Manzanedo y Paredes, a Mérida, y al pasar por “El Confesionario” (Santa Amalia), salieron al coche de caballos “landó” unos forajidos, de la banda de los Morcillo, más al darse a conocer, ellos no sólo no les desvalijaron, sino que por el contrario les fueron dando escolta hasta cerca de San Pedro de Mérida, pues la dijeron al reconocerla: “… no se preocupe, que no le va a pasar nada, que usted nos ha dado de comer muchas veces, la vamos a acompañar hasta San Pedro de Mérida, pues por aquí, hay varias bandas, como los Morcillos que están por el río Búrdalo”  (el coche “landó” en el que fueron a Mérida, fue más tarde en el que S.M. Don Alfonso XII recorrería esta provincia).

Modelo de coche de caballos Landó o Landau. Coche de ciudad de gran lujo. Su origen etimológico lo situamos en la ciudad alemana de Landau, donde tuvo sus inicios a finales del siglo XVIII

El 22 de mayo de 1874, Dª Consuelo escribe al Arcipreste del Partido de Don Benito en Medellín que, “registrando para asuntos de familia mi partida de bautismo, se ha hallado que se me bautizó con el nombre de María Salomé, que efectivamente es el día de mi nacimiento. Y con objeto de prevenir y contar las dudas y perjuicios que esta diversidad de nombres pueda ocasionar, A.V. suplico se sirva dar comisión al Sr. cura rector de esta parroquia para que me admita justificación testifical de ser conocida con el nombre de María Consuelo, y en su consecuencia coloque al margen de mi partida de bautismo la correspondiente nota aclaratoria”. El 24 del mismo mes y año, el Arcipreste de Medellín firmaba el auto que ordenaba al párroco de Santiago, D. Domingo Heredero, escribirse la nota aclaratoria.

El 26 del mismo mes y año, el párroco de Santiago notificaba a Dª Consuelo el auto donde la pedía que presentase los testigos para dar fe de sus declaraciones, y así lo hizo, presentando tres testigos, Isidro Morcillo, D. Jacobo Gallardo Valadés y Baldomero Muñoz.

El primero de los testigos, Isidro Morcillo, de 66 años, testificó que “conoce a la Dª María del Consuelo de Torres, y sabe de propio conocimiento que sus padres D. Juan de Torres y Sunza y Dª María Alguacil Carrasco tuvieron, antes de la Dª María, otra hija a quien se puso por nombre María del Consuelo, y a ésta María Salomé; pero que habiendo fallecido la primera, quisieron conservar su recuerdo llamando a ésta María del Consuelo, con cuyo nombre es conocida y tratada general y pública y oficialmente”.

El segundo, D. Jacobo Gallardo Valadés, de 50 años, testificó “que le consta de propio conocimiento que en el año de mil ochocientos treinta y cuatro D. Juan de Torres y Sunza y su esposa, Dª María Alguacil Carrasco, estuvieron una temporada en Logrosán, y allí tuvieron una niña, a quien se puso por nombre María del Consuelo, y que posteriormente en esta Ciudad tuvieron a la Señora que le presenta, y la pusieron María Salomé, que es el santo del día de su nacimiento; pero como hubiese fallecido la primera por conservar su memoria la nombrasen María del Consuelo, con cuyo nombre es conocida”.

El tercer y último testigo, Baldomero Muñoz, de 46 años, testificó “que sabe por haberlo oído repetidamente que Dª María del Consuelo de Torres se llama en su bautismo María Salomé; pero que sus padres en memoria de otra hija que tuvieron de aquel nombre y que había fallecido, la quisieron llamar María del Consuelo con cuyo nombre es conocida pública y oficialmente”.

Así, el mismo día 26 de mayo de 1874, día de las testificaciones, D. Domingo Heredero firma el auto donde ordena se coloque al margen de la partida de bautismo la correspondiente nota aclaratoria de que María Salomé es conocida con el nombre de María del Consuelo. Efectivamente, fue bautizada como María Salomé, pero siempre se la conoció como María del Consuelo; aun así, la nota aclaratoria jamás se puso al margen de su partida.

La gran benefactora de nuestra Ciudad otorgó testamento cerrado el 21 de agosto de 1874 ante el notario de Don Benito, José Gallardo Valadés, elevándose a instrumento público al día siguiente de su fallecimiento por el Juez de Primera Instancia del Partido Judicial de Don Benito, Francisco Domínguez González. Nombró como albaceas testamentarios y contadores partidores a su primo hermano, Pedro de Torre-Isunza y Donoso-Cortés; a su tío, Diego de Quirós Carmona; al cura rector de la Iglesia Parroquial de Santiago, Domingo Heredero y Toro; y al presbítero Pedro Parras Casas.

Dª Consuelo deja dicho en su testamento que: “En el caso de morir sin sucesión, instituyo y nombro por mi único y universal heredero a mi esposo D. Antonio Cabezas Manzanedo y Paredes…”, y así sucedió. Lo nombra su heredero bajo una serie de cláusulas y condiciones.

Dª Consuelo de Torre-Isunza, en el momento de su fallecimiento, poseía un vasto patrimonio que procedía tanto de herencias, como de adquisiciones. En su matrimonio con D. Antonio Cabezas Manzanedo no había bienes gananciales.

Fuera del testamento, en un pliego guardado en su oratorio privado, dispuso que si moría sin hijos era su voluntad que se entregaran al Cura rector de la Iglesia Parroquial de Santiago la cantidad de 200.000 reales en cinco años, repartidos en 40.000 reales anuales, para reedificar la torre de dicha Iglesia que había sido destruida a consecuencia de terremoto ocurrido el día 1 de noviembre de 1755, con epicentro en Lisboa.

Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol

Obtuvo bienes urbanos y rústicos tras el fallecimiento de diferentes familiares. En 1857 tras el fallecimiento de su sobrina, en 1870 de su madre, en 1874 de su tía Manuela de Torre-Isunza, y la mayor herencia de todas, la de su padre, también en 1874.

Dª Consuelo también dejó establecido en su testamento que se construyeran dos Iglesias, que deberían llamarse Iglesia de San Juan Bautista e Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo (Santa María).

Iglesia Parroquial de Santa María del Consuelo

El día 20 de Julio de 1881, en sesión ordinaria, el Ayuntamiento de Don Benito concede la licencia para construir la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo y la de San Juan Bautista.

Las obras de la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo finalizaron el 1 de junio de 1888, existiendo un litigio entre el viudo de Dª Consuelo y el Obispo.

En 1895 es declarada Parroquia por el Obispo Pedro Casas y Souto con el nombre de Santa María del Consuelo, y el 7 de Julio de 1896 se abre al culto, siendo cedida por los herederos de la difunta al Obispo.

En cambio, las obras de la Iglesia de San Juan Bautista finalizaron el 31 de mayo de 1888.

Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

En 1890 es abierta al culto como Capellanía, después de algunas divergencias; y el 5 de octubre de 1978 es declarada como Parroquia.

También dejó establecido su deseo de reedificar la torre de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, cuya obra la realizó el mismo arquitecto que las Iglesias antes mencionadas. Para la obra dejó doscientos mil reales. Las obras de reconstrucción finalizaron en el año 1886.

En 1885 la epidemia de cólera hizo estragos en Don Benito, falleciendo contagiada una de las monjas de las amantes, sor María Briz. La superiora instala una capilla en la calle Huertas (hoy calle Sor María Briz) y al lado un hospital que por su modestia se llamó “Hospitalillo”.

Independientemente de esto, los albaceas de Dª Consuelo Torre-Isunza continúan las gestiones destinadas al cumplimiento de la disposición testamentaria de la misma, no sin muchas dificultades y entorpecimientos administrativos, hasta el 19 de julio de 1910 adquieren a las Amantes la casa que la Madre Matilde tenía dispuesta para el Hospital, procediendo a su mejora y acondicionamiento.

Capilla – Hospitalillo Asilo del Carmen en 1892. Terminó siendo el actual Hospital de San Antonio

Por esas fechas, Dª Eladia Ruiz y Donoso-Cortés dispone en su testamento que se vendan sus bienes para que sirvan, después de cubrir otras mandas, para el sostenimiento y curación de enfermos en número proporcionado a las rentas que produzcan.

Debieron ponerse de acuerdo y adquirieron en la calle Cervantes dos casas, cuyas traseras o corrales coincidían con los de la calle Huertas, uniéndose y quedando así constituido un bloque con fachadas a las dos calles: Huertas (hoy calle sor María Briz) y Cervantes; que posteriormente irían ampliándose con la adquisición de casas colindantes hasta constituir el edificio actual.

Por Real Orden de 6 de mayo de 1911 se declara Fundación de Beneficencia particular la de Dª Consuelo Torre-Isunza; por otra de 5 de julio de 1929 la de Dª Eladia Ruiz, y una de 14 de diciembre de 1929 refunde ambas y determina la agregación del Patronato del Hospital de Dª Consuelo Torre-Isunza al del Hospital de Dª Eladia Ruiz.

Consuelo se encontraba embarazada de una niña cuando, el día 30 de mayo de 1876, se puso enferma, agravándose su estado de salud en la noche del día 31, en que el médico D. Constantino Álvarez la extrajo la niña que tenía muerta en su vientre.

D. Constantino, a pesar de sus esfuerzos, no pudo hacer nada para salvar la vida de Consuelo, que fallecería a las 7 y media de la mañana del día 1 de junio de 1876, a los 40 años de edad.

Según averiguaciones realizadas por el dombenitense Antonio Camacho Atalaya, Dª Consuelo de Torre-Isunza y Alguacil-Carrasco se halla sepultada en el panteón número 6 de la Manzana de Santiago, en el Cementerio Municipal de “San Antonio”, en Don Benito; aunque no ha estado siempre aquí sepultada.

Debido a que su fallecimiento ocurrió antes de inaugurarse el actual Cementerio de “San Antonio”, fue enterrada en el antiguo Cementerio Municipal, clausurado en 1885 tras no dar abasto para sepultar más cuerpos debido a la epidemia del cólera. El 8 de Mayo de 1896, un día después del fallecimiento de su esposo, trasladaron sus restos al nicho número 36 de la Manzana de San Antonio, serie A, del actual Cementerio Municipal, donde fue sepultado su esposo; de ahí, el 1 de Abril de 1906, los restos mortales del matrimonio fueron inhumados al panteón de la Manzana de Santiago, donde actualmente se encuentran junto a los restos de D. Juan José de Sosa y Martín, D. Antonio de Sosa y Parejo, Dª Josefa Fernández Trejo y D. Juan Cabezas Manzanedo (éstos cuatros últimos con anterioridad yacían en otros nichos del mismo Cementerio).

En el año 1881, el Ayuntamiento de Don Benito, en agradecimiento a su comportamiento y sus donaciones, decide dedicarle una calle, cambiando el nombre de la calle donde nació y vivió, Palacios, por el de Doña Consuelo Torre.

Daniel Cortés González

FUENTES

– Peralta y Sosa (de), J.M.: “La colonización en Extremadura en tiempos de Fernando VII”, en revista Campo Abierto, Número 13, año 1997.

– Ruiz Rodríguez, J.A.: “El legado testamentario de Doña Consuelo Torre Isunza”, en I Encuentro de Estudios Comarcales Vegas Altas, La Serena y La Siberia, Asociación Cultural Torres y Tapia, año 2009, páginas 101-122.

– Datos facilitados por Antonio Camacho Atalaya.

– Archivo Parroquial de la Iglesia de Santiago Apóstol.

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”

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