Consuelo Dueñas Borrego

Nace en Don Benito el 24 de junio de 1930, siendo hija del matrimonio formado por Ismael Dueñas Moreno (Pozoblanco, 1902 – Don Benito, 1984) y María Antonia Borrego Ayuso (Don Benito, 1907 – 1998), con quien contrajo matrimonio en 1926. Consuelo tuvo tres hermanas y dos hermanos.

Mi familia paterna, abuelos y bisabuelos, siempre fueron comerciantes. Mi padre llega a Don Benito en 1918, siendo durante diez años dependiente en el Bazar Santamaría y estableciéndose definitivamente en la Ciudad en 1927 y dedicándose toda su vida al comercio. Fue con sus establecimientos, precursor del desarrollo comercial en Don Benito, dejó la Plaza de España y pasó a la calle Groizard; de ahí pasó a la calle Ramón y Cajal y posteriormente a la Avenida de la Constitución. Mudando su negocio finalmente a la Avenida de las Vegas Altas. Ismael Dueñas fue un hombre que se caracterizó por su rectitud, enamorado del comercio, cumplidor de su palabra y un trabajador incansable.

Mi madre, María Antonia Borrego, era de familia de agricultores y profesional libre. Es en el comercio donde conoce a mi padre, colaborando desde el primer día de casada en el comercio. Madre amante de sus hijos y de la familia. Al igual que mi hermana Consuelo, persona de gran corazón y comprensión, tremendamente interesada en la lectura. Sosiego y refugio de toda su familia.

De su niñez y juventud podemos destacar que era una niña muy ordenada, que se entretenía con los artículos de la tienda que tenía su familia, poniéndolos bien y limpiándolos. Desde niña fue responsable y aplicada en sus labores y trabajos.

Estudió con las monjas, en el Colegio del Santo Ángel, donde con 10 años se examinó de ingreso, y a partir de ahí, todos los cursos los saco con sobresaliente y Matrícula de Honor.

Por aquellos tiempos problemáticos, sobre todo cuando más se acercaba el año 1936, mi padre encontraba grandes dificultades para abastecerse de artículos, pues la mayoría eran de Barcelona y Valencia. Ante esta situación, inició una nueva actividad, la de fotógrafo, preparando un estudio y empezando a realizar fotografías. Colaboraban con él 2 personas, Moreno y Trajano.

Era casi costumbre que las familias se retratasen completas en el estudio, y por ello puede decirse que casi todo Don Benito pasó por el estudio fotográfico de Ismael Dueñas: en comuniones, bodas, novios y familias… de esos años parten las miles de placas, de las cuales una buena parte de ellas se expusieron hace unos años en el Museo Etnográfico de Don Benito.

A Consuelo le cogió la Guerra Civil con unos 6 años, contando años más tarde a sus hermanos cosas sobre ella, sus vivencias, todas muy impresionables para sus hermanos, como los bombardeos (precisamente unas bombas derribaron la casa de enfrente y quedó hecha un solar, fue donde en años posteriores se instaló el cine de D. Ciriaco, concretamente en la calle Groizard).

Consuelo ayudaba a mi padre en la tienda, en la venta, a preparar los escaparates, que entonces eran pequeños, pero ella, hasta las vitrinas interiores las ponía como escaparates. Igualmente le ayudó en la fotografía, con los focos, las luces, con la carga de las placas, el revelado de las mismas y de los primeros carretes que empezaron a usarse en las máquinas pequeñas de retratar.

Recuerdo una anécdota que, en realidad, en su momento fue un terrible dilema, pues al revelar un carrete puso el negativo a secar en el arco del pozo y por lo que sea, se cayó dentro del pozo y se perdió; yo ahora no recuerdo como salió de este apuro, pero sí que tuvo a mi padre muy preocupado, hasta que comprendieron y admitieron sus disculpas.

En años posteriores a la Guerra, empezó a acompañar a mi padre a las Ferias de Muestras, especialmente a Valencia y Barcelona, siendo su primera salida a la inauguración de la Feria de Valencia; allí escogía los artículos, e incluso le sugería a mi padre algunos más arriesgados por su estilo o ser de precio más elevado, responsabilizándose ella de esas compras y, en cuanto podía, efectuaba la venta de esos artículos.

Pasado un tiempo, Consuelo y yo empezamos a ir a múltiples Ferias, entre ellas, Barcelona, Alemania (Frankfurt – Múnich), Francia (Paris), Italia (Milán), etc… y era algo especial, el verla como se desenvolvía con los fabricantes; llegaba al stand, saludaba, miraba todo dando una pasada, y si tenía algo que comprar decía “tomen nota”, y señalaba, esto, esto y esto…. Posteriormente, el dueño, viendo lo que compraba la decía, “ha escogido usted las piezas de más novedad, categoría y buen precio, su padre la enseñó bien”, y le insistía en comprar otras piezas y artículos, pero ella decía que eso era lo que quería y no más, y salía a visitar otro stand.

Recuerdo en varias ocasiones, cuando visitábamos las Ferias otros años y la insistían en comprar algo más de lo que ella había escogido, decirle el dueño al agente o vendedor: “No insista si la señorita Consuelo ha dicho esto, no va a variar”.

Era así en la compra: rápida, directa y sin vacilaciones. Dios la dio, entre otras muchas cualidades, el don de decidir con tino y sobre la marcha; me quedaba con los ojos como platos al ver su seguridad y buen hacer, y la consideración enorme que la tenían.

Con el tiempo, mi padre, al casarnos nos daba una rama de actividad del tronco del bazar, para que cada uno llevase esa actividad por su cuenta. Consuelo, sin embargo, aunque llevó la responsabilidad del bazar toda la vida, siempre nos echaba una mano, sea para poner escaparates o para cualquier otra cuestión.

A menudo pasaba por las diferentes tiendas de bicicletas, electrodomésticos (Pedro), de los juguetes (Caty) o de los muebles (Ismael), y al comentarla que ibas a cambiar el escaparate, ella sobre la marcha se ponía a ello, y en 10/15 minutos te lo preparaba y muy bien, quedándonos contentos y animados. ¡Dios mío que facilidad y que disposición!

Fue una crak, y disfrutaba con ello, quería presentar al pueblo de Don Benito lo último y lo mejor que hubiera en el mercado, en vajillas, en cristalerías, en lámparas y apliques, en regalos…, se tenía lo mejor, lo más bonito y lo más bueno, siempre decía lo mismo: “¿Por qué mi pueblo no va a poder tener lo último y lo más moderno?”.

Muchas personas comentaban que el Bazar Dueñas tenía los mejores artículos, no de Don Benito, sino de la provincia o región, y estimo que tenían razón, pues después de visitarnos en nuestra tienda, creo no era fácil de mejorar el surtido, la calidad, belleza y categoría en otro establecimiento.

Eso se llama gusto y talento, y lo que es más difícil, saber interpretar por dónde irían las tendencias en el comercio; ella se anticipaba a la moda, creaba la moda y hábitos nuevos.

Recuerdo en Alemania, visitando la Messe Frankfurt, donde había autobuses para desplazarte por el interior de la Feria debido a la distancia entre sus numerosos pabellones, que vio fuerte variedad de artículos, de loza, de cristal, de todo tipo y naciones, ella iba como pez en el agua y escogiendo lo mejor de lo mejor de cada sitio. ¿Cómo no iba a causar sensación esos artículos luego en Don Benito? Decía: “esto para Don Benito, esto para Don Benito”. Disfrutaba ya con solo pensar en mostrarlo en los escaparates.

Dios la llenó de dones y de habilidades, uno de ellos fue la pintura, se atrevía con casi todo: paisajes, bodegones, retratos…, de todo había en su cabeza, y si algo veía y le gustaba, lo plasmaba rápidamente y bien. Manejaba el óleo, las acuarelas, el carboncillo. Recuerdo que ella, en el estudio de fotografía, retocaba las placas y los clichés, y los quedaba muy bien; era un Photoshop anticipado. Igualmente modelaba con gran arte.

Entre sus proyectos personales se encuentran las Conferencias de San Vicente de Paúl; proyecto que llevó a cabo junto con D. Joaquín Terrazas, D. Francisco Hurtado, Marcelino Chico, Pepe Aparicio, Joaquín Rodríguez y otros más.

Tomaron la decisión de ayudar y trabajar, colaborar en el barrio más apartado y más pobre de Don Benito, en Eduardo Dato.

Había en las afueras, en las tierras de Eduardo Dato, un buen número de familias, gitanos la mayoría, que solo tenían un chambao compuesto de una tapia casi caída y unos toldos de plásticos y cartones, lo menos de lo menos, ni siquiera eran chabolas.

Todo Don Benito lo veíamos al pasar por allí, pero ni la parte oficial ni particular se atrevía a hincarle el diente y facilitarle a estas personas algo nuevo, una vivienda donde cobijarse.

Las Conferencias de San Vicente de Paúl se pusieron mano a la obra, compraron unos terrenos, hicieron primero 10 casas, luego una calle y luego otras 10 casas al otro lado, y se las cedieron a familias gitanas, hasta que hubiese otras soluciones mejores para ellos.

Quisieron involucrarlas en la construcción, pero no fue posible, aunque eso sí, las casas se hicieron y se las entregaron, cedidas para su uso.

Viviendas sociales construidas en las traseras de la calle de Eduardo Dato, promovidas  por las Conferencia San Vicente Paúl, el Ayuntamiento de Don Benito y Diputación de Badajoz. Años 80

Posteriormente se hicieron otras actuaciones en la calle Zalamea, en colaboración con el Patronato Nuestra Señora de las Cruces y el Ayuntamiento de Don Benito, para otras personas en parecidas situaciones.

En 1973 empezó a trabajar en el apostolado gitano, hoy secretariado, de la Parroquia de Santa María. Cuando sacó a sus hermanos pequeños adelante, Consuelo quiso hacer lo mismo con sus otros “hermanos” del pueblo, y por esta razón luchó mucho para que la comunidad gitana tuviera las mismas oportunidades que el resto de las personas.

La carencia principal que ella notó era la falta de escolarización de los niños, y fue ese mismo año cuando ochenta niños gitanos se integraron en las escuelas. Se puso a ir casa por casa y comenzó a dar clases para enseñar a los niños gitanos a leer y escribir.

Consuelo partía de la base que la educación y la cultura es la que da la libertad, “no se puede decir que una persona es verdaderamente libre si no tiene cultura para elegir”, decía.

Hizo diligencias para que pudieran sacarse los carnets de conducir personas sin saber leer y escribir, pero les enseñó las normas de circulación y aprobaron los exámenes.

A varias personas las ayudó y acompañó para que tramitaran las pensiones de viudedad y enfermedad, como así mismo para conseguir otras pensiones de otro tipo. Recuerdo las dificultades para actualizar los papeles, pues para evitar la mili, si se le llamaba Emilio, Francisco o cualquier otro nombre, los padres les ponían Emilia, Francisca y similares, y así, al tener nombre de mujer, no pasaban por la mili, y esto dificultaba luego las tramitaciones de la documentación que se solicitaban.

Especialmente a las niñas, las hablaba de Dios y las leía los textos sagrados y oraciones, poniendo de relieve las buenas costumbres y el temor de Dios; unos se bautizaron, otros se casaron y a todos se entregó por amor a Dios.

Las Conferencias crearon el Centro Cultural Ozanam, y allí se empezaron a dar clases de apoyo escolar, de marquetería, de trabajos manuales, de costura, mimbre, forja, vidrio, pintura, hornos de fabricación de muñecas con caras de china o porcelana, etc…

Los ratos libres que le dejaba su ocupación de empresaria los dedicó totalmente a colaborar en el centro Ozanam.

Hoy, décadas después, hay varias personas que recibieron esos conocimientos y ahora ellos lo revierten a las nuevas generaciones y a fe, que vemos en ellos, alegría e ilusión de recordar sus tiempos de aprendizaje en Ozanam, y ahora ellos están enseñando a otras personas.

Otra meta fue el conseguir una Iglesia para todas las personas colindantes y para este barrio, que siempre ha estado un poco olvidado.

Se compró un terreno y se ofreció al Obispado, previa consulta con don Santos, Párroco de San Sebastián, y después de casi 5 años con múltiples proyectos, hasta conseguir uno del gusto de la Parroquia del Obispado y del Ayuntamiento de Don Benito, se puso la primera piedra, en la primera semana de mayo de 2006, con la presencia del Sr. Obispo don Amadeo Rodríguez Magro y el Sr. Alcalde don Mariano Gallego, hasta aquí llegó ella. El 4 de mayo de 2008 tuvo lugar la inauguración de la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad por el Sr. Obispo de Plasencia don Amadeo, presidiendo así la primera misa en el nuevo templo eclesiástico.

Nuestra abuelita y nuestros padres fueron ejemplos, y la inculcaron el valor y la alegría de la Fe. Ella, desde muy pequeña tuvo disposición para pertenecer a la Iglesia, y la dedicó una parte importante de su vida. Su preparación para la Primera Comunión fue ejemplar, sabiendo completamente su significado y disfrutando de ello. En su juventud, a todos sus hermanos nos fue inculcando sus valores, con las oraciones, asistencia continua a misa y cuidando el Sacramento de la Penitencia. Nuestros padres y ella fueron los pilares de nuestra formación religiosa, acompañándonos y enseñándonos a amar a Jesús y a la Virgen María, su Madre y Madre nuestra.

Nada en la vida, ni las dificultades ni los problemas, ni las enfermedades ni la muerte de seres queridos, la hicieran desfallecer, era inquebrantable y todo con el amor a los demás.

Enseñaba a los niños gitanos, visitando sus casas, preparándolos y guiándolos en todo lo posible por el camino de Dios, y comunicando y enseñando a sus padres la limpieza esencial de ellos.

Hubo un tiempo en que tuvo en la cabeza el irse de misiones, fuera de España, o el dedicarse a atender a las personas de los barrios más pobres, de cualquier sitio que visitaba.

Consuelo Dueñas tenía esa mezcla de educación, libertad, sensibilidad, ilusión, coraje y amor, que pueden hacer cambiar el rumbo de una sociedad. Es la utopía de la ayuda desinteresada hecha realidad.

Sobre los 73 años sintió molestias y visitamos a los médicos en Madrid y Pamplona, confirmaron la enfermedad y, aunque habíamos tenido hacia tan solo unos años, con nuestra hermana Caty, que era la más pequeña, la misma situación y desenlace final, ella lo asumió y peleó con todas sus fuerzas; más al cabo de unos 3 años tuvo que ceder ante el avance de la enfermedad.

Siempre nos animó a todos y nos dio ejemplo de su preparación para aceptar los designios del Señor.

Su marcha a los 76 años, y después de unos años de enfermedad, fue aceptada sin quejas, sin dudas, fue fuerte físicamente y en la fe hasta el último momento.

Pedro Dueñas Borrego

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”