Delfín Martín Recio

Don Delfín Martín Recio, hijo de Joaquín y Concepción, el menor de siete hermanos, -seis mujeres y un hombre-, nació el 23 de diciembre de 1920, en Vallejera de Río Frío (Salamanca) donde paso su niñez. Fue criado y educado en el seno de una familia de padres honrados y hacendosos de profundas raíces cristianas que le enseñaron a vivir en cristiano y a venerar a la Virgen del Castañar, patrona de Béjar, ciudad en la que vivió a partir de los 10 años de edad.

Con 12 años eligió el camino del sacerdocio. Comenzó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Plasencia. Debido a los avatares de la guerra civil tuvo que completar los estudios sacerdotales en los seminarios de Salamanca, Toledo, Coria y Segovia, hasta la fecha del 26 de mayo de 1945 que fue ordenado sacerdote en Salamanca

Después de un breve periodo de Paje del Obispo de Plasencia, don Feliciano Rocha y Pizarro, fue destinado a Trujillo, población en la que ejerció el ministerio, por vez primera, desempeñando una eficaz labor pastoral en la feligresía.

El año 1946, fue nombrado párroco de la iglesia de San Juan Bautista de Berzocana, templo en el que se encuentran las reliquias donde reposan los restos de los hermanos San Fulgencio y Santa Florentina, patronos de la diócesis. Aquí prestó importantes servicios a la comunidad parroquial ejerciendo su misión pastoral durante 11 años, dejando en la feligresía una inolvidable huella de su personalidad y labor sacerdotal.

En 1957 fue elegido párroco de la Iglesia de Miajadas para sustituir a don Juan Vicente Cifuentes, que había sido destinado a la iglesia de Santiago Apóstol de Don Benito. Don Juan V. Cifuentes que no había renunciado a su parroquia cacereña regresó al cabo de un año a Miajadas, hecho que propició el nombramiento de don Delfín como párroco de la Iglesia de Santiago A. de Don Benito.

El joven sacerdote, con carácter y ganas de trabajar, llegó a Don Benito en junio de 1958, y encuentra una Iglesia parroquial con una gran afluencia de fieles asistiendo a los actos litúrgicos, pero con un templo que necesitaba reformas urgentes. Se puede decir que su carácter recio impactó, y como anecdótico se diría que sus sermones, conferencias, ejercicios espirituales y retiros gustaban y atraían a los feligreses.

El nuevo párroco, con sus virtudes y sus lógicos defectos, emprendedor e incansable trabajador, pronto comenzó a promover las obras en la parroquia. Don Delfín, “el albañil de la Iglesia” como él mismo se confesaba, emprendió con energía y entusiasmo la empresa de las reformas, y no escatimó esfuerzos a la hora de mejorar el equipamiento y el confort del templo para la comodidad de sus fieles. Durante 38 años trabajó de manera entusiasta, austera, constante y sin descanso con fidelidad a la Iglesia, a sus pastores y a la comunidad parroquial.

La primera reforma del templo que acometió fue la que necesitaba el tejado de la iglesia, que tenía las vigas de madera carcomidas por las termitas. Destrozadas por las lluvias decidió sustituir las viejas vigas por otras de hierro y hacer un tejado nuevo. A la vez, ordenó quitar el viejo campanario de la fachada principal y construir un nuevo frontispicio con una cruz de granito. También se cambió la ubicación del reloj y se revistió la torre con piedra natural. Obras que fueron acometidas gracias a la generosidad de la población dombenitense y a la ayuda y donaciones que le proporcionó don Juan Sánchez Cortés.

Otras obras suyas fueron: sanear el sótano de la iglesia que amenazaba ruina; lucir el interior del templo y poner un zócalo de granito; quitar los viejos altares laterales y preparar los huecos donde están colocadas las imágenes del Cristo de la Buena Muerte y de la Virgen de los Dolores; reformar el presbiterio; poner la calefacción de gasoil -el combustible lo compraba o se lo regalaban los agricultores de sus excedentes de cupo- y, mandar hacer la obra que más problemas le ocasionó en toda su vida, según sus palabras, quitar el viejo suelo de madera de la iglesia que estaba en mal estado y colocar el piso de mármol. Otro logro importante que se debe a su gestión fue la adquisición de la Casa Parroquial de la calle Doña Consuelo Torre y el posterior acondicionamiento de sus dependencias.

Como emprendedor es de justicia felicitarle por la iniciativa de reformar la ermita de la Virgen de las Cruces, su obra magna, y dejar pública constancia del sentir de muchos dombenitenses por algo de lo que hoy nos sentimos orgullosos, la capilla de nuestra Patrona, restaurada en el año 1991 con un magnífico resultado que está en el reconocimiento de todos los que la visitan oriundos, comarcanos y forasteros.

Se realizaron obras tanto en su interior como en las inmediaciones del santuario. Se reformó totalmente el presbiterio con un mármol color madera; el retablo, comido por las carcomas, se reparó prácticamente entero con piezas nuevas; al camarín se le dio altura, rebajando su suelo; las paredes se adornaron con mármol verde de Guatemala. Se quitó el trascoro y se abrió una ventana, a la vez que se agrandó la puerta principal por donde tiene acceso la imagen de la Virgen.

La rehabilitación se realizó gracias a la generosidad de los fieles, a la aportación y colaboración del Ayuntamiento, a la generosidad del arquitecto don José Benito Sierra Velázquez, y al amor y la devoción de don Delfín por la Virgen de las Cruces. Devoción que nació en él, el primer día que fue a visitarla, y que mantuvo con entusiasmo y ardor todos estos años, como hemos podido comprobar cuando se dirigía a ella en las novenas y en la fiesta patronal de “La Velá”, el 12 de octubre de cada año.

Sólo la ilusión de coronar a nuestra Patrona, le quedó por realizar, a pesar de contar con aportaciones económicas y bienes materiales para este fin, y es que no logró el suficiente apoyo religioso por no ser un tiempo oportuno para hacer coronaciones.

Otra faceta a tener en cuenta fue su actividad investigadora. Asumió la tarea de anotar los datos relevantes que fue encontrando en los libros de fábrica del archivo parroquial de la Iglesia de Santiago: etapas de la construcción del templo, maestros de obra, canteros, cofradías, ermitas, mayordomos, sacerdotes, etc… material que dio origen al libro “Santiago. Una parroquia con historia”. Una publicación de ineludible consulta para conocer la vida de nuestro templo parroquial, junto con otra pequeña obra titulada “La Virgen de la Cruces”, una edición para conocer la historia de nuestra ancestral y arraigada devoción a nuestra Patrona.

Don Delfín, un castellano afincado en Don Benito, sacerdote de sólida formación teológica y moral, profundamente enamorado del sacerdocio y de probado amor a la iglesia y a nuestra Ciudad, en su intensa labor pastoral contó con la ayuda de seis Coadjutores –don Virgilio, don Felipe, don Alfonso, don Pedro, don Jacinto, don Paco– de los que guardaba un inmejorable recuerdo. Fue el promotor de los Cursillos de Cristiandad, consiliario de las cofradías del Santísimo Sacramento, de la Conferencia de San Vicente Paul, de la Adoración Nocturna y de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte y María Santísima de los Dolores.

Como asesor espiritual de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte desde 1958, participó en todas las actividades de la hermandad, incluso viajó a Sevilla junto al Hermano Mayor, don Vicente Ruiz, a primeros de octubre de 1964, al taller de imaginero Sebastián Santos para realizar la elección, con gran acierto, de la Virgen de los Dolores, donada por la Condesa de Campo de Orellana, doña Dolores Losada Lasso, como cotitular de esta cofradía de nazarenos.

Con Cáritas Parroquial siempre tuvo una actitud liberal.  Filántropo, para todo aquel que tocaba su puerta en busca de ayuda, generoso y desprendido destinó buena parte de su dinero en las obras de la ermita de la Virgen de las Cruces. Impartió clases de religión en el IES Luís Chamizo de Don Benito, enérgico, con carácter y de potente voz, supo estar en armonía con todos sus compañeros de claustro, igual que con las corporaciones municipales locales de su época. El tiempo libre lo dedicaba a cazar, a leer los poemas de Gabriel y Galán o a ver jugar a su equipo de fútbol preferido, el Atlético Bilbao.

Don Delfín saludando a Su Santidad el Papa Juan Pablo II

No en vano son conocidos los testimonios de admiración y respeto que acumula su persona entre la población dombenitense, por su honestidad y rectitud en virtud del firme compromiso que siempre mostró, de poner a disposición de los demás lo mejor de su humanidad: caridad callada, integridad y confidencial con los más desfavorecidos, servicio y entrega en favor de la feligresía, desvelos por mejorar el templo parroquial, y un profundo amor y devoción junto con el servicio generoso a su Virgen de las Cruces, nuestra Patrona y su ermita. ¡Qué bella y elegante la dejó!

Se dedicó por entero a su parroquia y a la tarea pastoral que conlleva hasta el día de su jubilación. Ha sabido jubilarse, haciendo un traspaso ejemplar de sus competencias parroquiales, volviendo a la paz y a la tranquilidad de la vida privada. Supo retirarse en silencio y con discreción.

Los dos últimos años antes de su fallecimiento, vivió en el Asilo de Ancianos Madre Teresa Jornet, acompañado de su hermana Celina, prestando su auxilio, ayuda y servicio religioso a la comunidad del hogar.

El 5 de febrero del año 2010, Año Sacerdotal y Jubilar Berzocaniego, el Ayuntamiento de Don Benito rindió un homenaje a nuestro añorado sacerdote por su eficaz ministerio pastoral, sus méritos y extensa labor desarrollada a lo largo de sus años como párroco de la Iglesia de Santiago Apóstol. Años a los que hay que unir, al menos otros 10 más, desde su jubilación el 27 de octubre de 1996, colaborando y ayudando con su ministerio sacerdotal a la parroquia, celebrando la santa misa en las ocasiones que fue necesaria su intervención. Es obvio que su persona, su caridad, su generosidad, su probidad, su labor pastoral, su entrega al servicio de su parroquia y sus obras, viviendo y conviviendo con nosotros la mayor parte de su vida, pervivirán en el recuerdo de todos los dombenitenses.

Momento del homenaje del Ayuntamiento de Don Benito a Don Delfín el 5 de febrero del año 2010

El 7 de octubre de 2011, día de su defunción, los vecinos del pueblo se mostraron muy conmovidos ante la falta de su párroco que quedará en su memoria por su gran labor pastoral. En la mañana del 8 de octubre a las 12:00 horas, se celebró la misa funeral en la iglesia de Santiago presidida por el obispo de Plasencia, Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, y concelebrada por cuarenta sacerdotes. Durante la homilía, el Obispo destacó las tres grandes facetas que han caracterizado a don Delfín:

1.- Su gran caridad con los pobres.

2.-  El Amor que sentía hacia la Iglesia y la defensa que hizo siempre del sacerdocio y

3.- El amor que demostró siempre a la Patrona de Don Benito, la Virgen de las Cruces.

Por todo ello, y por todo lo que hayamos podido olvidar, vaya desde aquí nuestro más sentido homenaje y recuerdo, para el hombre bueno, pastor sacerdotal de la Parroquia de Santiago Apóstol de Don Benito. Un castellano afincado en Extremadura, un castellano enganchado a Don Benito, por su parroquia y por su Virgen de las Cruces, pero sobretodo y ante todo un sacerdote, siempre sacerdote y nada más que sacerdote.

Diego Soto Valadés

Félix Gil Algaba

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”