Demetria Alonso Pro (Rvda. Madre Demetria del Pilar)

Nacida en el pueblo de Cantalpino (Salamanca) en 1835, fue su nombre de pila Demetria Alonso Pro, siendo hija de padres muy cristianos, Juan Antoni Alonso y Sebastiana Pro. Fue la primera priora del Convento de Carmelitas Descalzas de Don Benito, desde 1883 hasta 1893.

Desde muy joven se sintió llamada a la vida religiosa, dejando el mundo a la edad de 16 años, ingresando en el Carmelo de San José de Medina del Campo, segunda fundación teresiana, en el que tomó el santo hábito el 12 de octubre de 1851, a los 16 años de edad, llamándose en religión Hermana Demetria del Pilar, y profesando luego el 25 de noviembre de 1882, entre las ocho y nueve de la mañana.

Por entonces ocurrió en este Convento un hecho singular: debido a que el gobierno español no daba licencia a las novicias para profesar, por los años 1850 había quedado la Comunidad de Medina reducida al corto número de cuatro religiosas: dos coristas y dos de velo blanco, por lo que los Prelados intentaron trasladarlas a otro Convento. Ellas, como fieles y amantes hijas de Santa Teresa de Jesús, no podían avenirse a ello y, clamando al cielo en demanda de socorro, bien pronto vino en su ayuda, trayendo cuatro novicias que fueron el sostén de esta Comunidad, logrando continuar en ella la observancia y fervor primitivo. Una de estas cuatro fue la Madre Demetria.

Floreció en todas las virtudes; de una manera especial en la santa pobreza, escogiendo siempre lo más pobre y remendado en todo… pasaba grandes ratos ante el Sagrario, pidiendo mucho por la conversión de los pecadores. Fue muy observante y, hasta los últimos años de su vida, asistió a todos los actos de Comunidad y siempre rezaba en el coro con las religiosas. Tenía gran celo apostólico y, en las recreaciones, animaba a fundar nuevos palomarcitos y a levantar un Sagrario más.

Religiosa carmelita española en 1880

Salió de fundadora del Convento de Don Benito con otras tres religiosas de Medina del Campo a finales de septiembre de 1883. Lo hacía acompañada de la Hermana Carmen de Jesús, Hermana Amalia del Corazón de María y Hermana Amalia de la Madre de Dios. Los Padres Carmelitas Descalzos Gregorio de Santa Salomé, Víctor de la Cruz e Ildefonso de la Reina de los Ángeles, tuvieron la cortesía de acompañar a las religiosas fundadoras en su viaje hasta Don Benito; viaje que harían en tren por Madrid, acompañadas también por dos distinguidas señoras, familiares de las religiosas.

La comitiva llegó a Don Benito el 29 de septiembre de 1883, en el tren de las dos de la tarde. Don Francisco Porro, interventor en los asuntos de doña Elena Donoso-Cortés, fundadora del Convento Carmelita dombenitense, acompañado de Antonio, su cuñado, se había desplazado hasta Villanueva de la Serena para unirse a la comitiva. En la estación de ferrocarril de Don Benito esperaba el Señor Cura Párroco de Santiago, acompañado de numeroso gentío de la Ciudad. El sacerdote se acercó gentilmente a la portezuela dl departamento del tren para saludar y presentar sus respetos a las religiosas, religiosos y acompañantes.  Inmediatamente se personaron en la estación dos de las hijas de Elena Donoso-Cortés, Mª Dolores y Mª Elena, para saludar a los ilustres viajeros y ofrecerles dos coches para su traslado; en un coche las religiosas con las hijas de la fundadora y en otro los tres Padres Carmelitas, el Señor Cura y las dos señoras.

La Ciudad de Don Benito vibró de entusiasmo ante la presencia de las religiosas Carmelitas Descalzas; entre asombro y curiosidad, alegría inmensa en todos, repicaron las campanas de la población, se hizo un ambiente de fiesta. La comitiva, en sus coches, se dirigió a la casa de Elena Donoso-Cortés, en la que esperaban también con inmensa ilusión algunas aspirantes a Carmelitas Descalzas. Por deferencia y atención a ella, las religiosas se descubrieron de sus velos y fueron atendidas con prodigalidad y con cariño.

Entrada la noche, las religiosas marcharon al Convento muy bien acompañadas, pues a las presentes se habían unido unas postulantes a novicias. Después de haber inspeccionado los Padres el interior del Convento, y seguros de que las llaves estaban bien, dejaron en él a las religiosas.

La inauguración de la fundación estaba prevista para el día siguiente, 30 de septiembre de 1883, domingo. Dado el entusiasmo de la población ante tan singular acontecimiento, y previendo que la Iglesia conventual de las religiosas no tendría capacidad para todos los fieles, el Señor Párroco dispuso que la función religiosa de inauguración se celebrara en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol.

Las religiosas, con la Madre Demetria del Pilar a la cabeza, salieron de su Convento y, acompañadas de Elena Donoso-Cortés y sus familiares, fueron a la Parroquia, precedidas de la Banda de Música, que ponía nota festiva en el lugar, e iban con los velos caídos y en línea, una en pos de otra, llevando cada una a su lado una de las aspirantes.

Misa solemne, con asistencia del Ilmo. Ayuntamiento de Don Benito y gran cantidad de fieles. En ella predicó el Padre Gregorio de Santa Salomé un extenso sermón sobre las virtudes de Santa Teresa y su obra reformadora; hubo Santísimo Manifiesto todo el día en la Parroquia.

Escudo carmelitano dibujado en una página del “Manuscrito de Sanlúcar” (1584)

Por la tarde volvieron las religiosas fundadoras a la Iglesia Parroquial, en la misma forma que lo habían hecho de mañana y, después de oír un sermón sobre las excelencias de la Virgen, se organizó una procesión solemne con el Santísimo Sacramento hasta la Iglesia del Convento, bajo palio, en la que formaron los Padres y Madres carmelitas Descalzos y, junto a ellos, las jóvenes postulantes al Carmelo. Dos días antes, el Señor Cura, don Francisco Martín Porro, había bendecido el nuevo Convento y celebrado en privado la Santa Misa en la Iglesia. Con la llegada del Santísimo a la Iglesia del nuevo Carmelo, y cantando el Te Deum en acción de gracias, quedó oficialmente inaugurada la fundación de Carmelitas Descalzas de Don Benito.

La narración de esta fundación nos recuerda lo que Santa Teresa escribe de su fundación de Malagón en 1568. Exactamente lo que ocurrió en Don Benito 315 años después:

“Yendo la procesión del lugar por nosotras, con los velos delante del rostro y capas blancas, fuimos a la Iglesia del lugar, a donde se predicó, y desde allí se llevó el Santísimo Sacramento a nuestro monasterio. Hizo mucha devoción a todos”.

Con el Señor ya en su casa, las religiosas se despidieron del clero, Padres carmelitas, señora fundadora y familiares, señoras acompañantes, con sincera gratitud. A las postulantes les dijeron: ¡Hasta luego!, quedando satisfechas en su retiro y alabando a Dios. Una sorpresa material les esperaba dentro del Convento: Elena Donoso-Cortés y Gómez-Valadés les había preparado con prodigalidad y con mimo todo lo necesario en una casa; no faltaba de nada, y se decían: “fundar así, es fundar sin mérito”.

En el Carmelo de Don Benito desempeñó todos los oficios y fue tres trienios Priora; en ellos se esmeró mucho por el culto divino, arreglando mucho la Iglesia y ornamentos de la misma. En el último trienio compró un cáliz precioso muy teresiano, pues en la patena tenía un esmalte con la Imagen de Virgen velando al Santísimo, el día en que fundó el Convento de Medina.

Era muy sencilla y en los últimos años de su vida, en que fue muy afligida con desamparos del suelo, se sometía a la obediencia y consejo de la Prelada como una niña. Ofreció su vida por la Orden y necesidades de la Santa Iglesia.

Era muy devota de la Virgen María, a quien en sus aflicciones siempre iba a pedirla socorro: “Madre mía, ampárame que soy tu hija”; también era muy amante de San José y todos los santos de la Orden, y tan contenta siempre de su vocación que solía decir: “Si volviera a nacer, entraría en la religión del Carmen, a los 16 años y en este convento”, prueba de lo muy contenta que vivió en su santa vocación.

Después de diez años, en 1893 la Madre Demetria del Pilar regresó a Medina del Campo, donde falleció el 2 de mayo de 1929, a las cinco y media de la mañana, a la edad avanzada de 94 años y 78 de edificante y fervorosa vida religiosa. Fue ocasionada su muerte por una bronconeumonía aguda, recibiendo todos los Santos Sacramentos y la bendición papal el día antes, con gran fervor y tranquilidad.

FUENTES:

Un siglo de historia de un Carmelo, 1883-1983. Primer centenario de la fundación del Convento de Carmelitas Descalzas de Don Benito (Badajoz), Carmelitas Descalzas de Don Benito, Gráficas A. Martín, S.A. (Valladolid), 1983.