Diego de los Monteros

Nació en Don Benito en el año 1470, siendo hijo del matrimonio formado por Antón de Espinosa Montero (La Palma, ¿?-Valverde (El Hierro), 1593), quien adquirió en propiedad una de las escribanías de número en La Palma, y Juana García Camacho (Marchena (Sevilla), ¿?-Valverde (El Hierro, Tenerife), 1583).

Su padre se asentó con posterioridad en El Hierro, al ser nombrado Gobernador de la isla; tomando también parte en la conquista de Palma y Tenerife.

Nieto por parte paterna de Diego Montero, natural de Don Benito; por parte materna de Francisco García Camacho, natural de Don Benito y Juez y hacedor del Duque de Arcos en Don Benito por más de treinta años, y de María Rodríguez Maldonado. El padre de su abuelo materno se llamaba Alonso García Camacho.

Tuvo tres hermanos llamados Alonso de Espinosa Montero[1] (Santa Cruz de La Palma (La Palma, Tenerife), 1525-Valverde (El Hierro, Tenerife), 1597), Bartolomina Espinosa[2] (Santa Cruz de La Palma (La Palma, Tenerife), 1535) y Francisco Espinosa de los Monteros (Don Benito, 1575).

Participó en la conquista de La Palma y Tenerife entre 1492-1496, junto a su hermano, Francisco Espinosa de los Monteros.

Desde la isla de El Hierro, donde parece se avecindó al principio y seguramente fue heredado como poblador, pasó a la conquista de La Palma y Tenerife.

Aunque no tenemos mucha más información suya ni de su hermano, si conocemos la historia de la conquista de ambas islas, acción conquistadora en la que participó Diego Montero, que es la siguiente.

En las tres islas más importantes del archipiélago canario, Gran Canaria, La Palma y Tenerife, la acción misional precedió a la dominación política. Es un hecho singular que debe ser destacado como contraste con las otras cuatro islas hermanas. Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera, donde la conquista o, si se quiere mejor, la ocupación militar preparó, el camino para la ulterior evangelización.

El carácter occidental de la isla de Tenerife la alejó de las vías naturales de penetración. La fama de intrepidez de los guanches fue, por otra parte, un seguro resguardo, ante la perentoria necesidad de emplear importantes fuerzas para domeñar la altivez del indígena. De esta manera se comprende que, iniciada la conquista de Lanzarote en 1402, no se pudiese acometer la de Tenerife hasta 1494.

Entre estas dos fechas, 1402-1494, la isla, sin dueño ostensible, quedó a merced de las depredaciones de los piratas o de las predicaciones de los misioneros. Los corsarios asolaban las costas a la captura de esclavos, sembrando el odio y la desolación por doquier. Los apóstoles desembarcaban en las playas, a pecho descubierto, para predicar el amor y la fraternidad entre los hombres. Los primeros apenas han dejado huellas de sus tropelías hasta las vísperas de la conquista; en cambio, es factible seguir el despliegue de la acción misional con relativa puntualidad.

La incorporación a la corona del derecho de conquista sobre las islas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife fue estipulada por los Reyes Católicos en octubre de 1477, previa laboriosa negociación con los señores jurisdiccionales de Canarias Diego García de Herrera y doña Inés Peraza.

La actuación de los misioneros en la isla de Tenerife pudiera calificarse de acción lenta, de siembra parsimoniosa, que requería más tiempo que el que la corona precisaba en sus planes de dominio político. Por esta circunstancia puede afirmarse que el día que los Reyes Católicos incorporaron al reino de Castilla el derecho de ocupación sobre las Canarias mayores, Gran Canaria, La Palma y Tenerife, la conquista militar de las tres islas quedó firmemente decidida.

La conquista de La Palma le fue discernida, en 1481, al capitán leonés Juan Rejón, después de su discutida actuación en la conquista de Gran Canaria. Ahora bien: la muerte imprevista y trágica de este jefe durante una breve escala en la isla de La Gomera, frustró por completo la proyectada operación. Los acontecimientos posteriores -endurecimiento de la guerra de Granada y serias dificultades en la conquista de Gran Canaria- aconsejaron demorar la anexión. Por este conjunto de circunstancias le iba a corresponder al capitán Alonso Fernández de Lugo[3] el honroso encargo de reducir y someter la isla de La Palma (1492-1493), campaña que acomete con extraordinaria celeridad debido a la escasa resistencia que ofrecieron los indígenas.

Por lo que respecta a Tenerife, no admite dudas que su conquista le fue encomendada en 1481 al capitán Juan Rejón de manera simultánea con La Palma. Desde 1481 hasta 1494, la isla de Tenerife se mantendrá independiente, aunque su territorio se verá reiteradamente depredado por los asaltos y las incursiones de los capitanes, armadores y mercaderes de esclavos, dedicados a la inicua captura de guanches o a enriquecerse con los sistemáticos despojos de ganado.

Alonso Fernández de Lugo

Las capitulacionespara la conquista de La Palma se demoraron hasta el mes de junio de 1492, una vez finalizados los preparativos para el descubrimiento de América. Por esa fecha, y residiendo la Corte en Córdoba, se pudo llegar a unperfecto acuerdo entre los soberanos y el capitán andaluz. El título de Gobernador de “la isla de San Miguel de La Palma” le fue despachado el día 8de junio de 1492.

En cuanto a la conquista en sí misma, se trata de una operación escasamente conocida, que se desarrolló con vertiginosa celeridad. Alonso Fernández de Lugo sehallaba en Sevilla a fines de agosto de 1492, reclutando soldados. El desembarco en la isla de La Palma se suele fijar un 29 de septiembre, fecha acaso apresurada si tenemos en cuenta el anterior dato cronológico. Desde luego se estaba operando en la isla con fuerzas militares en noviembre de 1492, cuando menos.

El capitán-conquistador contó, desde un principio, con la colaboración de dos de los bandos de la isla (el más famoso el de Gazmira); de esta manera le resultó fácil desarticular la resistencia de los otros diez. Parece, lo más seguro, que el primer territorio ocupado fue el valle de Aridane. Desde allí operó contra los restantes cantones, a los que redujo y saqueó sin piedad. Al final, la lucha se polarizó en tomo al bando de Eceró (hoy La Caldera), cuyo reyezuelo, Tanausú, fue sojuzgado a traición después de haber combatido con valentía. El término de las operaciones no se puede fijar exactamente. Abreu Galindo, que es el cronista mejor informado, se inclina por el 3 de mayo;pero acaso convenga retrasarlo al verano de 1493.

Isla de La Palma

En el otoño de 1493, finalizadas las operaciones militares para la conquista de La Palma, Alonso Fernández de Lugo se apresuró a embarcar con dirección a la metrópoli para hacer valer ante la Corte sus éxitos militares. Pero a la hora de saborear el triunfo, el inquieto y soñador capitán andaluz abrigó más ambiciosos proyectos. Entre las siete islas que constituían el archipiélago afortunado, tan sólo Tenerife resistía impasible en su ancestral libertad, escudado, no por la fama, sino por el hecho real y probado del carácter indómito y el valor temerario de sus moradores, los guanches. Esta isla fue el norte de sus pensamientos y la guía de sus pasos.

Precisa advertir que, cuando los Reyes Católicos capitularon con Alonso Fernández de Lugo la conquista de La Palma, le debieron insinuar que pensaban en él como posible ejecutor de la anexión de Tenerife, pues este Capitán, al contratar soldados en Sevilla por agosto de 1492, hizo público que los asalariaba para tomar parte “en la conquista que el rey e la reyna… han mandado faser a loe canarios de las yslas de La Palma e Tenerife…”.

Durante el mes de diciembre de 1493, la cancillería de los Reyes Católicos prepara y expide un importante conjunto de cédulas para hacer realidad la proyectada conquista de Tenerife. La de mayor rango se dicta el 28 de diciembre, y venía a cumplimentar una de las cláusulas de la anterior capitulación. La pertinente cédula concedía al capitán-conquistador la gobernación de Tenerife.

Isla de Tenerife

Estaba tan extendida la fama de Tenerife por el número de sus moradores y la cuantía de sus prolíficos rebaños, que es curioso destacar que la costosa operación de conquista se va a montar sin otro señuelo económico que el botín, esclavos y ganados, con preferencia casi exclusiva. Consta, en efecto, que enlos puertos de Andalucía se cobraron, andando el tiempo, los quintosde los esclavos importados desde Tenerife a raíz de las primeras operaciones. En pura lógica se imponía que Alonso Fernández de Lugo escogiese a Sevilla para cuartel general desde donde se pudiese montar la expedición conquistadora. No es aventurado señalar los primeros días de abril de 1494 como fecha de partida.

La segunda escala prevista era el Puerto de las Metas, en la isla de Gran Canaria, donde era preciso embarcar los sesenta caballeros y los cuatrocientos peones, fijados como cupo de aportación regional en las capitulaciones.

La conquista de Tenerife o, en términos más precisos, la primera entrada y comienzo operación militar de conquista tuvo lugar en mayo de 1494, pues el desembarco en Tenerife de las huestes conquistadoras tuvo lugar en referida fecha. La conquista duró dos años, señalando como fecha término el 26 de julio de 1496.

En cuanto al número de las fuerzas expedicionarias, caballeros y peones, las cifras oficiales previstas y el testimonio de los contemporáneos se muestran hasta cierto punto concordes. Se puede fijar, con un margen de error muy escaso, el ejército expedicionario en 150 caballeros y 1.500 peones.

Desembarco de las huestes castellanas en Añaza. Reconstrucción pictórica de Manuel González Méndez, 1906. Santa Cruz de Tenerife, Mancomunidad Interinsular
La primera misa tras el desembarco. Reconstrucción pictórica de Gumersindo Robayna, 1896. Santa Cruz de Tenerife: Museo Municipal

El desembarco del ejército expedicionario en la isla de Tenerife se efectuó en la costa noreste, en tierras del reino de Anaga. La comarca era conocida por los guanches con la denominación de Añazo, yofrecía un cómodo refugio donde los navíos podían maniobrar a sus anchas.

A finales de mayo de 1494 se produjo la primera Batalla de Acentejo, un enfrentamiento bélico entre los conquistadores españoles y los aborígenes guanches durante la conquista de la isla de Tenerife. Esta batalla, que tuvo lugar en el barranco de Acentejo, constituyó un episodio crucial de la conquista de la isla, pues supuso la total derrota del ejército conquistador y la momentánea paralización de la misma.

La batalla de Acentejo, óleo sobre lienzo de Gumersindo Robayna, Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife

La derrota obligó a Alonso Fernández de Lugo a retirarse con un grupo de supervivientes del trágico escenario de Acentejo con dirección al campamento de Santa Cruz, para preparar una nueva expedición que terminara definitivamente con la anexión de Tenerife a la Corona de Castilla. La marcha debió efectuare en medio de grandes penalidades y zozobras, pues hay que sospechar que la noche, con sus tinieblas, tuvo que sorprenderles apenas iniciado el camino.

Dentro del reducido recinto de Santa Cruz de Tenerife se cobijaron los capitanes y soldados supervivientes. Con las desmedradas fuerzas supervivientes, sin moral y casi aterrorizadas, era imposible sostener siquiera la cabeza de puente de Añazo, con vistas a las operaciones futuras. En estas circunstancias, se impuso la evacuación total del desmedrado ejército expedicionario con toda la impedimenta de que venía acompañado. Esta laboriosa operación se pudo efectuar sin contratiempo en la primera decena del mes de junio de 1494. El punto de destino fue el Puerto de las Metas, en la isla de Gran Canaria, adonde arribaba la flotilla tras breves horas de navegación.

Plano de la ribera y caserío de Santa Cruz de Tenerife, levantado por Leonardo Torriani en 1588. COIMERA, Biblioteca Universitaria

Alonso Fernández de Lugo no era hombre para desanimarse por un revés, aun siendo tan duro como el de Acentejo. La segunda entradase empieza a gestar, así que pisó tierra de Gran Canaria en el terrible éxodo de junio de 1494.

Ultimados los preparativos en el ámbito del archipiélago, el capitán Alonso dispuso su viaje a la Corte con objeto de impetrar de los Reyes Católicos la prórrogadel plazo señalado para consumar la operación militar de conquista. Fernández de Lugo pisaba suelo peninsular en el mes de octubre de 1494. Desde la Baja Andalucía, el veterano soldado dirigió sus pasos hacia la Corte. Femando e Isabel se hallaban por entonces establecidos en el viejo alcázar de Madrid, villa en la que habían hecho su entrada a mediados de septiembre de 1494.

De acuerdo con la ampliación concedida, Alonso Fernández de Lugo podía ahora planear la campaña, con vistas a darla por finalizada el 31 de diciembre de 1495.

El segundo desembalo tuvo lugar en los días iniciales del mes de enero de 1495. Esta datación se corrobora por la circunstancia de tener aviso indirecto el Consejo Real, por febrero de 1495, de que Alonso y su pequeña hueste “están en la dicha Tenerife…”.

A mediados de diciembre de 1495, resuelto en lo más perentorio el problema de los abastecimientos, el ejército conquistador se hallaba en condiciones de reemprender la campaña con vistas a la victoria definitiva. Había una cierta premura en localizar y destruir al enemigo, pues no debe olvidarse que la prórroga para rematar la operación expiraba el día 31 de ese mismo mes.

La noche del 24 al 25 de diciembre de 1495 se pasó en vela de armas, en la firme convicción de que la batalla se entablaría con las primeras luces del alba. Es un combate escueto, sin incidencias dignas de mención, fuera del choque brutal de las armas.

“Pelearon los irnos y los otros valentísimamente, porque los naturales luchaban como desesperados y como aquellos que querían desta vez concluir y ver para cuánto eran, y los nuestros como gente acostumbrada a vencer y que les iba la honra en salir con victoria, por ser casi en el mismo lugar la batalla que había sido la primera los años pasados; y querían cobrar la reputación que habían perdido en el propio lugar do la perdieron, que fue Acentejo”.

Después de horas de porfiada acción, el éxito comenzó a favorecer a los españoles:

“Al fin, habiendo peleado la mayor parte del día, la victoria se cantó por nuestra parte, y los naturales fueron desbaratados y vencidos, muriendo muchos y los más principales dellos”.

La victoria de la segunda Batalla de Acentejo tuvo como natural secuela la captura de un importante número de guanches, reducidos inmediatamente a esclavitud.

La última fase de las grandes operaciones de la conquista es sumamente confusa y oscura. Se extiende cronológicamente entre el 25 de diciembre de 1495 y el 15 de febrero de 1496. Estas fechas señalan respectivamente a dos acontecimientos límite: la Batalla-victoria de Acentejo y la primera desmovilización de tropas. Son cincuenta días de incursiones y depredaciones para destruir los focos de resistencia indígena en las tierras bajas y medias del reino de Taoro y sus aledaños de Tegueste, Tacoronte e Icod, Son cincuenta jomadas de brutales razziasa la captura de esclavos y ganados.

El ejército conquistador va a permanecer inmovilizado desde el 25 de diciembre de 1495 hasta el 30 de junio de 1496, este largo lapso de tiempo había que repletarlo con toda clase de acontecimientos. Alonso Fernández de Lugo decidió, el 15 de febrero, ordenar la desmovilización del grueso de las tropas expedicionarias, así andaluzas como isleñas, para librarse del tremendo coste de las soldadas y los avituallamientos.

Encuentro de los menceyes con los castellanos. Pintura mural de Carlos de Acosta, 1764. La Laguna: Ayuntamiento

La rendición de los menceyes se efectúa el 25 de julio de 1496, estando acampado Alonso Fernández de Lugo en El Realejo Alto con el grueso del ejército castellano.

La primera rendición tendría efecto el 25 de julio de 1496 (día de Santiago Apóstol y conmemoración litúrgica de San Cristóbal); en ella se sometieron los menceyes de Taoro, Anaga, Tegueste y Tacoronte. La segunda sumisión se verificó el 29 de septiembre del mismo año, y afectó a los últimos monarcas todavía rebeldes, es decir, los de Icod, Daiíte, Adeje y Abona.

Las islas Canarias y el África Occidental, por Pedro Agustín del Castillo, 1676. Las Palmas: Archivo Vega Grande

La conquista de Tenerife se consumó, si bien la isla no se incorpora formalmente a la Corona de Castilla hasta el verano de 1496.

FUENTES:

-RUMEU DE ARMAS, Antonio (1975): La Conquista de Tenerife, 1494-1496, Aula de Cultura de Tenerife.

-www.myheritage.es


[1] Gobernador Perpetuo del Hierro (1577), Capitán de Milicias, Familiar de la Inquisición, Instructor de proceso sobre la legendaria isla de San Borondón. Contrajo matrimonio con Inés Méndez (1525-1583), con quien tuvo a Diego y Antón de Espinosa y a Simón, María, Ana y Alonso Espinosa Méndez.

[2] Contrajo matrimonio con González Suárez, con quien tuvo a María Suárez Espinosa.

[3] Alonso Fernández de Lugo (Sanlúcar de Barrameda, c. 1456-San Cristóbal de La Laguna, 20.05.1525) nació en el seno de una familia hidalga de estirpe galaica, emigrada a la Baja Andalucía en los años iniciales de la mencionada centuria. Es el personaje histórico de mayor relevancia en el largo proceso -siglo y medio- de hispanización de las islas Canarias. Su hoja de servidosacredita esta afirmación: participó en la conquista de Gran Canaria desde el primer desembarco hasta la última operación; como alcaide de la torre de Agaete prestó, además, imponderables servicios de decisiva influencia a la hora de la pacificación general; la conquista de La Palma fue obra personal suya; en Tenerife le vamos a ver desempeñar el principal papel, sin que nadie le pueda hacer sombra. Extendió su influjo más tarde al Sahara, siendo designado capitán general de África. Cuando los Reyes Católicos le recompensaron en 1502 con el título de Adelantado de las islas Canarias, convirtieron este honor en un símbolo de toda una vida de servicios dentro del escenario atlántico.