Emilio Gómez y Gómez

Nació en Don Benito el 1 de mayo de 1910, siendo hijo de una de las familias más hacendadas de la localidad.

Se distinguió ya desde niño por su gran piedad y fervor; cultivado en el seno de su piadoso hogar y en las Escuelas manjonianas de don Manuel Parejo Bahamonde.

En el año 1920 cuando empezó sus estudios en el Seminario Diocesano de Plasencia. Su trato agradable, bondadoso y fino se ganó las simpatías de todos los seminaristas y de cuantos le trataban.

Bien conocido es el hecho que con frecuencia suelen pasar los estudiantes algunas estrecheces pecuniarias. Pues bien, don Emilio era como el Banco de la Divina Providencia: “Acudíamos a él siempre y siempre nos sacaba de apuros, dibujándose siempre en su rostro la alegría, bondad y placer con que nos servía”, decía don Federico García, Párroco del Villar, amigo y condiscípulo que fue de don Emilio.

Le encargaron los superiores de la pequeña tienda o comercio del Seminario y “nunca nos fue posible enfadarle con nuestros encargos e impertinencias”, continúa don Federico.

El cargo que desempeñó con mayor agrado fue el de Sacristán, que lo hacía a mil maravillas. Parecía que naciera para cuanto se relaciona con el ornato y limpieza del templo; tanto, que mereció le confiaran varios años el mismo cargo de Sacristán.

Seminario Diocesano de Plasencia

Su vida en el Seminario se reduce en estas palabras: joven de gran piedad, gran observancia, de suma delicadeza, de grandes esperanzas.

De estas mismas virtudes y de sus trabajos son testigos los pueblos de Higuera, Campillo, Orellana la Vieja y Guareña, donde hizo tanto bien, distinguiéndose por su espíritu sacerdotal y su celo por la salvación de las almas.

Iglesia de la Inmaculada Concepción en Orellana la Vieja

El 24 de julio de 1936 fue detenido y encarcelado en Guareña, donde desempeñaba el cargo de Coadjutor en la Parroquia de Santa María. Sufrió toda clase de vejámenes y ultrajes. Le destinaron a barrer, a recoger la basura por las calles con un carrillo de mano y a otros trabajos, con los escarnios e injurias consiguientes, que sufría él con ejemplar resignación y humildad.

Parroquia de Santa María en Guareña

Llegado el 11 de agosto, le sacaron de la cárcel con otros muchos detenidos, para sacrificarle en una de las calles más céntricas.

Era tal la serenidad y majestad de su rostro que, uno de los fusileros, hubo de decir: “yo no tengo valor para matar a D. Emilio”, pero él, con fortaleza de mártir, les contestó: “Tiradme, que yo os perdono”.

Otros informes dicen que varias veces fue bárbaramente apaleado y que, después de recibir la primera carga de fusil, se incorporó para bendecir y perdonar al que se disponía a darle el tiro de gracia.

Sus restos fueron arrojados junto con los de otros fusilados en una mina abandonada, de donde fueron recogidos para darles cristiana sepultura.

Fue asesinado en Guareña el 11 de agosto de 1936, siendo el más joven de los mártires de la Diócesis de Plasencia; contaba solamente 26 años de edad y 3 de sacerdocio. Gloria y honor a su sangre tan generosamente derramada.

FUENTES:

-C.G.V. (1940): “Emilio Gómez y Gómez” en Flores de Martirio. Los Sacerdotes Inmolados de la Diócesis de Plasencia, Seminario Diocesano, Plasencia.