Enrique Granda Calderón de Robles

granda1_1914Enrique de Granda y Calderón de Robles nace en Don Benito en el año 1868, en el seno de una familia aristocrática. Era hijo del matrimonio formado por José de Granda y Campos de Orellana, Alcalde que fue de Don Benito, y Juana Calderón de Robles y Berriz. Su padre era primo hermano del primer Conde de Campos de Orellana, Pedro Nicomedes Campos de Orellana y Calvo. Enrique fue el hermano menor del segundo Conde de Campos de Orellana. Fueron sus hermanos mayores, Pedro, Joaquín y Ramón Granda y Calderón de Robles.

No es la personalidad de Enrique Granda, de esas encarnadas figuras que, miradas a distancia, precisan potentes reflectores para no perder su significación en los movimientos e inspiraciones provinciales. No; el señor Granda, ganadero de primera fila en España, regidor municipal de Don Benito, patriota, tiene su luz propia, que nace del altruismo de su sentir y se extiende pródigamente a cuanto es bueno en la vida.

En 1888 finaliza sus estudios de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid.

El día 21 de Octubre de 1901 fallecía su pariente, vecino de Almendralejo, D. Diego Golfín Villalobos, dejando por su único universal heredero a D. Enrique Granda y Calderón de Robles en la clausula 11º de su testamento, otorgado en la Villa y Corte de Madrid en 19 de Julio de 1899, en los términos siguientes: “En el remanente de sus demás bienes y derechos, sustituye y nombra por único y universal heredero a su sobrino D. Enrique Granda y Calderón, para que los que sean los lleve en propiedad y absoluto dominio, con la bendición de Dios, a quien ruega le encomiende”. De ésta manera, D. Enrique se convirtió de manera inesperada en el propietario de la mayor fortuna de toda Extremadura. El parentesco entre ambos no estaba comprendido en el tercer grado de consanguinidad.

Hacía obras de caridad, pero en silencio, para que no se difundiese y trascendiese al dominio público. Era un hombre filántropo, modesto, altruista y tenía verdadero amor fraternal al prójimo; era un ganadero de celebrado renombre.

En silencio subvencionó tres escuelas, las cuales estaban desempeñadas por hombres que carecían de títulos oficiales y de modesta condición social. Las clases eran de noche y podía comprenderse lo concurridas que estaban al no costar a los interesados ni un céntimo.

En 1926 se encontraba al frente de la organización de los Somatenes. Según la prensa de la época, Enrique era un hombre de prestigio, voluntad fuerte y de amplio corazón.

Desde el concurso de Jerez de la Frontera, en que obtuviera una distinción de primera categoría, hasta el certamen nacional verificado en Madrid el año 1926, se nota en la vida de Enrique Granda un entusiasmo ejemplar por la selección de razas en ganadería, que culmina en los premios de honor y primeros premios obtenidos en este último, con sus caballos magníficos, y esa sin igual raza merina, que era en ganado lanar la envidia de criadores de España y de naciones muy distantes de nuestro país.

Tendía su afán a la selección, y la conseguía, porque no regateaba personalmente esa difícil tarea, sin olvidar detalles.

En las grandes propiedades de su patrimonio, esparcidas por Badajoz, Cáceres y Castilla, inmensas praderías, llevaba una constante atención ocular, para proveer en casos difíciles, para encontrar el momento propicio en que las cruzas o las seleccionas, pueden dar un tipo definido, único que haga resaltar la importancia ganadera del país.

En sitio sano, previamente estudiado, se hizo la construcción de las Escuelas del Ave María, que costeaba de su peculio particular la familia de los señores Granda. Hermosas escuelas, con amplios jardines, campos para experimentaciones agrícolas; verdadero modelo de organización escolar. Tales han de ser las manifestaciones del amor patrio, que tan acentuadamente acusaban la personalidad de Enrique Granda.

En una ocasión, con motivo de una conversación para una entrevista, dijo Enrique Granda: “La labor de cada hombre perdería eficacia, sin la asistencia de todos; viviría los mismos años que alcanzase su vida. Si todos tenemos la obligación de velar por la cultura patria, no debemos olvidar esa verdad que le digo; si como humanos venimos obligados a socorrer al pobre y a amparar al débil, poco provecho tendría aquella acción que solamente recibiera el impulso, pasional siempre, de una vida aislada. Acaba de crearse el Patronado de Damas, que deberá regir la Gota de Leche, la Casa-Cuna y el Refugio de Ancianos. Pies lo importante no es haber creado tales instituciones, ni aportar cada persona su concurso individual, sino formar un espíritu comprensivo en esos mismos hogares de donde hoy sale la asistencia para los desvalidos, en forma que tradicionalmente prenda la convicción de que esto es una obra buena, sucediéndose de padres a hijos, respetándolas éstos y continuándolas, aquellas fervorosas asistencias, que solo por prestarlas sus padres, forzosamente serán buenas”.

Tras el fallecimiento de su hermano Pedro, fue llamado para ocupar la Alcaldía que dejaba éste vacante, tomando posesión de ella el 25 de Abril de 1927. Anteriormente, el día 12 del mismo mes y año, mediante un oficio del Gobernador Civil de Badajoz, fue nombrado concejal interino.

Precedida la elección de alcalde por votación secreta. D. Enrique sacó 22 votos y 1 voto en blanco. El Alcalde interino, D. José Guillen y Calderón de Robles, proclamó Alcalde Presidente del Ayuntamiento a D. Enrique, hermano de D. Pedro Granda, tan lleno de bondades, cuya muerte tanto afectó al vecindario de Don Benito, que le lloró y que no olvidó nunca.

El 26 de Mayo de 1927, a las siete de la tarde, por el Obispo de Plasencia D. Justo Rivas Fernández, se procedió a la colocación de la Primera Piedra de las Escuelas del Ave María, asistió entonces como Alcalde D. Enrique Granda.

Enrique Granda hurta su personalidad para dejar amplio el sendero por donde han de marchar las huestes que tienen sobre su conciencia la obligación de transformar la vida de Don Benito.

En 1927 se realizó en Mérida una recepción en homenaje al recibimiento de S.M. el Rey Alfonso XIII, que visitó la capital extremeña. Enrique Granda y Calderón de Robles presidió la Comisión dombenitense que se trasladó a Mérida para tal acto.

El 10 de Febrero de 1928, cuando regresaba Enrique Granda de Mérida, vio con la sorpresa que fue del caso y con la indignación consiguiente, como unos chicos que se encontraban en la carretera que cruza Medellín, se entretuvieron en tirar piedras al automóvil donde él venía. No pudo soportarlo. Se apeó del vehículo y atrapando a uno de ellos, le condujo al cuartel de la Guardia Civil, dando además las instrucciones oportunas para que el asunto pasara al Juzgado.

El 29 de Diciembre de 1928, el Ayuntamiento de Don Benito tomaba el acuerdo de hacer por administración directa el derribo de los edificios en cuyos solares se había de construir importantes dependencias municipales: el Mercado de Abastos, Casa de Socorro, Oficina de Vigilancia, Biblioteca Popular y Archivo General del Protocolo del Notariado.

Hubo personas que, adormecidas en su pesimismo, no creyeron que las obras de la Plaza de Abastos se iniciaran rápidamente. Sin duda creyeron que Enrique Granda había confeccionado un proyecto estupendo, el de la total reconstrucción y modernización de Don Benito para deslumbrar a las gentes, pero que no llegaría a coronarlo con la realización de él, por la misma magnitud de la empresa.

Si hubieran pensado rectamente, habrían advertido que son los pueblos mismos los que claman por sus reformas, los que viéndose estancados, quieren salir de su adormecimiento consuetudinario, los que observando el florecimiento de las demás poblaciones de la comarca pugnan por equiparse para no recibir el estigma de atrasados, desidiosos y apáticos, y que en el sacrificio de Enrique Granda, en las palabras solemnes de acometer las reformas, había una decisión absoluta, un imperio indeclinable de darles efectividad en el plazo más conveniente y en las circunstancias más propicias.

Comenzó, pues, en Enero de 1929, el derribo de los edificios que habían de constituir los solares sobre los que se edificaría el Mercado de Abastos y la Casa de Socorro, etc.… Todo en consonancia con la palabra empeñada por el alcalde Enrique Granda y en satisfacción de las necesidades y aspiraciones que manifestó y sintió los habitantes de Don Benito.

El pleno municipal de Don Benito, presidido por su alcalde, Enrique Granda, aprobaba el 30 de Enero de 1929 el proyecto de traída de aguas y saneamiento de Don Benito. Fue un triunfo muy personal de Enrique.

El 16 de Julio de 1930 fallecía José Granda y Torres-Cabrera, tercer Conde de Campos de Orellana y sobrino carnal de Enrique quien, como roble herido por el rayo, encabezó la triste y resignada comitiva fúnebre.

El 19 de abril de 1930, Enrique Granda dejaba su cargo como Alcalde de Don Benito. Durante el periodo comprendido entre el 26 de Febrero al 19 de Abril, ocupó la alcaldía de forma interina, por ausencia de Enrique, Francisco Ayuso Velarde.

Don Benito y su alcalde, Enrique Granda, fueron una misma alma. Tenía un gran amor a su pueblo. Para lograr obtener el dinero necesario con que acometer los grandes problemas locales, pedía a sus convecinos, de la clase pudiente, la concurrencia a ese empréstito.

Al frente de la Alcaldía dombenitense fue un ejemplo fehaciente de rectitud y competencia. La Alcaldía es, sobre sus hombros, un peso que enojaría a quien no poseyera la fortaleza espiritual que denotan sus acciones. La Alcaldía fue un sacrificio más, fue un rasgo filantrópico más.

Enrique Granda obsequió en el año 1930 al Ayuntamiento de Don Benito los trajes de los maceros municipales, dando una prueba más del cariño que siempre ha sentido por su pueblo natal. Según contaba el Secretario del Ayuntamiento, José Vicente Calderón Sánchez, el día 31 de Enero de 1930 la Comisión Municipal tomó el acuerdo siguiente: “Dalmáticas. Donativo. Conoció la Corporación de una factura de Moisés Sánchez, sastrería de sport de Madrid, en concepto de dos dalmáticas de terciopelo rojo, galón dorado, las que en sus frentes contienen el escudo y medallón de esta ciudad, bordados en oro fino y seda de colores; dos birretes de terciopelo rojo, bordados y plumas blancas; dos pares de zapatos de terciopelo rojo; dos mazas de metal dorado, escudo grabado en colores, de pabellón rojo; dos pares de medias de lana, encarnadas; dos pares de guantes blancos, y dos calzones de hilo encarnado, que asciende todo a tres mil quinientas pesetas, a cuya factura acompaña una carta que dice haberlas satisfecho don Enrique Granda y Calderón de Robles, alcalde presidente de este muy ilustre Ayuntamiento”. El entonces alcalde accidental, José Romero y Alguacil-Carrasco, exponía que el expresado vestuario y mazas de uso antiguo por la gente de guerra y después por los reyes de armas y maceros, originarias de Dalmacia, tuvo el gusto de donarlas al Municipio Enrique Granda, “para que pueda utilizarlas en los actos solemnes y religiosos que estimara conveniente la Municipalidad”. La Corporación acordó aceptar la donación, además de colocar la información de la donación en el tablón de anuncios de las Casas Consistoriales y periódicos, además de hacer grabar el nombre del donante en cada una de las prendas.

En 1933 se casaba su sobrina, Joaquina Granda y Torres-Cabrera, hija de su difunto hermano Pedro, con Ramón Peche y Cabeza de Vaca, hijo de los marqueses de Rianzuela. Enrique fue padrino de su sobrina en el enlace.

El 16 de Mayo de 1933, en la sede de Santa Catalina, tuvo lugar la primera Junta General de la Mutualidad de Seguros de la Agrupación de Propietarios de Fincas Rústicas de España (M.A.P.F.R.E.), que reunió a veintidós propietarios que representaron a otros cincuenta. El Consejo Directivo quedó presidido por Enrique Granda, que se convertía así en primer Presidente. Enrique, aunque era el Presidente del Consejo de Administración de la Mutualidad, no llegó a ejercer el cargo por motivos de salud. Aún así, ocuparía el cargo hasta la elección de un nuevo Consejo Directivo en 1937.

También fue Presidente de la Asociación de Ganaderos de España.

Después de recibir los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad, Enrique de Granda y Calderón de Robles fallecía en Madrid el día 15 de Noviembre de 1945. Su cadáver fue trasladado, desde la casa mortuoria de Madrid, hasta el panteón familiar de Don Benito, donde se celebró los funerales.

Diego Soto Valadés

Daniel Cortés González

FUENTES

-SOTO VALADÉS, DIEGO; CORTÉS GONZÁLEZ, DANIEL (2016): “Enrique Granda Calderón de Robles (1868-1945)”, en Biografías dombenitenses II (entre los siglos XIX-XXI). Grupo de Estudios de las Vegas Altas.

– La región extremeña.  Diario republicano, Año LIV, Número 10054, 21/05/1908, página 1-2.

– Nuevo día.  Diario de la Provincia de Cáceres, Año V, Número 1199, 22/07/1930, página 3.

– El defensor de Córdoba.  Diario católico, Año XXXV, Número 11333, 23/08/1933, página 2.

– Correo extremeño, Año XXVII, Número 7561, 08/02/1930, página 6.

– Correo extremeño, Año XXVI, Número 7225, 31/01/1929, página 7.

– Correo extremeño, Año XXVI, Número 7211, 15/01/1929, página 8.

– Correo extremeño, Año XXVI, Número 7200, 02/01/1929, página 1.

– Correo extremeño, Año XXV, Número 7605, 28/07/1928 página 3.

– Correo extremeño, Año XXV, Número 7461, 11/02/1928, página 5.

– Correo extremeño, Año XXIV, Número 7410, 21/12/1927, página 6.

– Correo de la mañana, Año XIII, Número 3756, 18/04/1926, página 4.

– Correo extremeño, Año XXV, Número 7469, 21/02/1928, página 5.

– Diario ABC de Sevilla, fecha 02/11/1933, página 20.

– Diario ABC, fecha 27/03/1932, página 11.

– Diario ABC, fecha 16/11/1945, página 25.

– Datos facilitados por D. Luis Fernández de Arévalo y Fernández de Arévalo.

– TORTELLA, G.; CARUANA, L.; GARCÍA RUIZ, J.L.: MAPFRE 1933-2008: de mutua a multinacional, MAPFRE, 2009.

 

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