Francisco Valdés Nicolau

1.- Introducción biográfica.

Entre las figuras más importantes de Extremadura en el campo de las Letras destaca la de un escritor a quien, violentamente, le arrebataron la vida cuando estaba en la plenitud de su talento: Francisco Valdés Nicolau. Fue un magnífico prosista extremeño, estilista que convivió muchos años con la Generación del 98.

“Francisco Valdés conforma entre otros, pese a la incomprensible desatención crítica para con su obra hasta la fecha, el difuso, anómalo y deslavazado predio del regionalismo vanguardista extremeño.”[1]

La triste y atroz muerte de este hombre menudo, retraído, estudioso y modesto, que consagró su pluma a su región y sus figuras, acabó con la carrera de uno de los grandes literatos del panorama extremeño.

“Fue un ejemplo más del trágico destino que sesgó la vida de muchos intelectuales en una etapa en la que no tenían cabida posturas abiertas al diálogo y a la tolerancia.”[2]

Podemos decir que Valdés fue un escritor a mitad de camino entre la Generación del 98 y la Generación del 27.

Pocas son las personas que hoy día conocen la figura del literato extremeño Francisco Valdés. Su obra publicada, también conocida por pocos, es solo una mínima parte de la que el escritor plasmó con su pluma en las páginas de las revistas y la prensa, no solo regional, sino también nacional.

1.1.- Infancia y familia.

Tal y como podemos ver en su partida de bautismo, el día 21 de septiembre de 1892, en la calle Arroyazo número 16 de Don Benito, nacía el literato extremeño Francisco Valdés Nicolau, a quien el sacerdote impuso los nombres de Francisco José Mateo.

“En la Iglesia Parroquial de Santiago de esta Ciudad de Don Benito, provincia de Badajoz, diócesis de Plasencia; el día veinte y seis de Septiembre de mil ochocientos noventa y dos, Yo el infrascripto presbítero Cura Párroco de la misma, bauticé solemnemente a un niño que nació el veinte y uno del mismo a las tres de la mañana, en la calle de Arroyazo núm. 16, a quien puse por nombre Francisco José Mateo, hijo legítimo de D. Manuel Valdés, de profesión Abogado, y de Dª Manuela Nicolau; abuelos paternos D. Pedro Valdés y Dª Loreto Quirós, y maternos Francisco Nicolau y Dª Josefa Solo de Zaldívar, naturales de esta, excepto el abuelo paterno y materno que lo son el 1º de Quintana y el 2º de Llivia.

Fue su Madrina Dª Antonia Hidalgo Chacón, a quien advertí el parentesco espiritual y su obligación, siendo testigos D. Jacinto Fernández y D. Santiago Parejo, naturales de esta.

Y para que conste lo firmo. Rúbrica del Lic. Leandro Muñoz de la Peña.”[3]

Partida de bautismo de Francisco Valdés (Archivo Parroquial de Santiago Apóstol de Don Benito)

Sus padres eran Manuel Valdés Quirós (+Don Benito, 04.01.1928), de profesión abogado, y Manuela Nicolau Solo de Zaldívar (+Don Benito, 14.06.1938). Sus abuelos paternos eran Pedro Valdés Quintana (natural de Quintana de la Serena, abogado culto que falleció en Don Benito el 27 de agosto de 1897) y Mª Loreto Quirós y Alguacil-Carrasco (+Don Benito, 01.06.1881); y los maternos Josefa Solo de Zaldívar y Francisco Nicolau y Gafo (natural de Llivia (Gerona), hijo de José Nicolau Ribalaygua (+1856) y sobrino del Diputado a Cortes D. Guillermo Nicolau Ribalaygua).

Francisco Valdés nace en el seno de una familia de grandes propietarios rurales, siendo el mayor de los ocho hijos habidos del matrimonio Valdés-Nicolau. La familia tenía cortijos tanto en Don Benito como en Magacela.

Sus hermanos se llamaban María Loreto Tomasa (Don Benito, 07.03.1894-Don Benito, 18.10.1981), Ana Sabina (Don Benito, 11.12.1895-¿?), María (+Don Benito, 09.05.1983), Emilia (+Don Benito, 22.10.1902), Manuel (1903-Don Benito, 05.11.1989), Pedro y Ernesto (+Don Benito, 25.11.1939) Valdés Nicolau.

Francisco Valdés (sentado) junto a sus padres, hermanas y hermanos en El Ejidillo (FOTO: BERNAL SALGADO, J.L. (1991).

Vivieron Manuel Valdés y su hijo Francisco solos, “en la vieja casona, con escudos familiares, de la calle Ancha de Don Benito, cuidados por una ama de llaves”[4].

La madre de Francisco, al tiempo de casarse, era una jovencita de dieciocho años, huérfana de padre y madre, educada por su abuela, inteligente y dulce. El padre de Manuela, Francisco Nicolau y Gafo, era de origen catalán. En 1885, año del cólera, murió víctima de su profesión de médico activo, y su esposa, Josefa Solo de Zaldívar, que pertenecía a una de las familias ilustres de la región, falleció, apenada, al poco tiempo.[5]

Manuela Nicolau era menuda, con una tez como una rosa, prudente, dulce y oportuna, con una inteligencia natural poco común. Manuel Valdés era un hombre justo y paternal para los que trabajaban a sus órdenes.

Francisco Valdés era esbelto, delgado, con unos ojos penetrantes, profundamente bondadosos; con unas pequeñas pecas en sus carrillos, “se inicia el bozo y se despierta el hombre”.

Demasiado rigor en la niñez y excesiva libertad en la juventud. Su vida parecía obedecer a la evolución lógica de quien, pese a haber crecido en un ámbito rural alejado de la intelectualidad literaria del país, accede por facilidades económicas y la permisividad y decisión familiar al mundo exterior.

A su padre, Manuel Valdés, no le agradaba el carácter hermético y extraño de su hijo Francisco. Enrique Segura describe así a Francisco Valdés, de quien era amigo:

“Seducía por su timidez y naturalidad. Poco locuaz, de hablar pausado, la mirada de sus ojos pensativos reflejaba un fondo atrayente, de dulce melancolía; su figura, era atildada, de rostro cetrino, anguloso y pómulos un poco salientes”.

Así mismo, Arturo Gazul decía de él:

“La primera impresión que nos hacía, era de frialdad, concentración y timidez. Pero en muy poco tiempo de trato, aquel joven de escasa prestancia física -bajo, delgado, fino-, vestido irreprochablemente, con sobria elegancia, se iba adueñando de su interlocutor con su palabra henchida de discreción y talento”.

1.2.- Estudios y Tertulias en Madrid.

El joven Francisco inicia sus estudios en el Colegio regido por las Monjas del Santo Ángel de la Guarda, en Don Benito. El nombramiento de su primera Directora, Sor María Leonor, tiene lugar el 28 de octubre de 1895, aunque no es seguro que ésta sea la fecha de fundación de este centro de 1ª enseñanza.

Sor María Leonor era natural de San Román, provincia de Oviedo. Era una mujer de buena conducta moral y religiosa, “así como una ejemplar religiosa de intachables conductas”[6]. Ostentaría la dirección del centro cuando Valdés estudiaba en él.

El un informe del Alcalde Constitucional de Don Benito, José Rosas, de fecha 29 de septiembre de 1902, indicaba que el Colegio de 1ª Enseñanza del “Santo Ángel” era “un edificio de construcción sólida y elegante a la par, que reúne condiciones inmejorables para la índole del objeto a que se destina, consta de dos pisos, en los cuales están establecidas las salas destinadas a clases y dormitorios, todas espaciosas y bien ventiladas”[7]. En el centro del edificio existía un hermoso patio con su jardín, “para el esparcimiento de las alumnas”[8]. También tenía otros dos patios de gran extensión, con el mismo objetivo que el anteriormente citado; en el último patio se encontraban los lugares destinados a desagüe, como sumideros, retretes, etc… “todos herméticamente cerrados, exentes de humedades y a considerable distancia del cuerpo principal del edificio”. A comienzos del siglo XX, el Colegio ya tenía instalada la luz eléctrica en todas sus salas.

Era este colegio el mejor equipado de todos, en su momento. Poseía una colección de mapas, así como también una colección de esferas terrestre, armilar y celeste; también un mapa del sistema métrico decimal y dos pianos. Las asignaturas que las Hermanas denominaban “de adorno”, como música, dibujo con aplicación a las labores, los idiomas inglés e italiano, eran impartidas por las propias Hermanas.

Si bien es cierto que este centro educativo estaba dirigido a niñas, por algún motivo que desconocemos, Francisco Valdés estudió sus primeras letras en él.

Posteriormente, junto a un grupo de licenciados y personas cultas, cursa el Bachiller en la Academia de Ramón Hermida, padre del insigne abogado y Diputado Luis Hermida Villelgas, en donde recibe una sólida formación humanística, más bien literaria que científica. Esto deja honda huella en Valdés, que se aficionó a penetrar en la historia y la geografía y, sobre todo, en la historia del arte que le cautivaba.

Sin dejar su rincón “pueblerino”, Francisco conoce a través de estampas, libros y revistas las mejores obras de los museos extranjeros.

Los días 24 y 25 de junio de 1909 lleva a cabo, en el Instituto General y Técnico de Badajoz, los ejercicios del grado de Bachiller; recibe su título de Grado de Bachiller, por el Rectorado de Sevilla, el día 14 de agosto de 1909, a los 16 años de edad.

En el curso 1909-1910 se encuentra inscrito en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid (UCM). Lengua y Literatura española, Lógica Fundamental e Historia de España serán las primeras asignaturas en las que Valdés se matricule. En estos momentos residía en el número 10 de la calle de los Reyes.

Tras finalizar sus estudios en Leyes, Francisco Valdés tenía el propósito de hacer oposiciones a judicatura.

Francisco Valdés de adolescente (FOTO: BERNAL SALGADO, J.L. (1991).

En la Facultad de Derecho y de Ciencias Sociales de la UCM aparece ya inscrito en el curso 1910-1911, residiendo en la calle Sandoval número 3 cuarto 2º. Sus primeras asignaturas serían Derecho Romano, Derecho Natural y Economía Política. En el curso 1911-1912 seguirá residiendo en la misma dirección.

Durante el curso académico 1912-1913, que prosigue sus estudios de Derecho, se traslada a residir a la calle de la Cruz número 42 cuarto 2º. Nuevo cambió de domicilio realizará en el curso 1913-1914, esta vez aparece residiendo en la calle Fortuny número 8.

Fue un joven inquieto en cuanto a la residencia, ya que en el curso 1914-1915 vuelve a mudarse. En esta ocasión será a la Plaza de Santa Bárbara número 7 cuarto 2º.

El día 5 de febrero de 1916, en carta dirigida al Decano de la Facultad de Derecho, Francisco Valdés solicita examinarse de los ejercicios 2º y 3º de Licenciado en Derecho.

“Ilustrísimo Señor.

El que suscribe alumno de la Facultad de Derecho a vuecencia con el debido respeto expone que habiendo transcurrido el tiempo que marca la Ley para poder ser examinado en los ejercicios segundo y tercero del Gran de Licenciado en Derecho.

A.E.Y. suplica encarecidamente le sea permitido optar a los referidos exámenes de dichos ejercicios.

Gracias que espera merecer de V.Y. cuya vida guarde Dios muchos años.

Madrid 5 de febrero de 1916

Rúbrica de Francisco Valdés.

Ilustrísimo Señor Decano de la Facultad de Derecho”

En respuesta a dicha solicitud, y al margen del mismo escrito presentado por Valdés, se puede leer la respuesta que dio el Decano, admitiendo la realización nuevamente de los ejercicios solicitados.

“Facultad de Derecho

7 de febrero de 1916

En vista de lo solicitado por este alumno y resultando de un expediente académico que fue suspenso en el ejercicio del grado de Licenciado en la Facultad de Derecho el día 30 de Octubre de 1915 y habiendo transcurrido el plazo de tres meses de la suspensión conforme a lo preceptuado en el R.D. de 6 de Diciembre de 1901, admítase de nuevo al interesado a la práctica de dicho ejercicio y remítase esta instancia con el expediente de grado, en que consta la referida suspensión, al Tribunal que le juzgó.

El Decano

Rúbrica

Seguirá cursando Derecho en el curso 1915-1916 y 1916-1917. Durante éste último estuvo residiendo en la Carrera de San Jerónimo número 16.

En el curso 1917-1918, con veinticinco años, se traslada a vivir con un amigo de su padre a la calle San Felipe Neri número 4, donde finaliza los estudios de Derecho. Francisco Valdés obtiene en 1918 el título de Licenciado en Derecho.

Valdés llegó a ser alumno de Francisco Giner de los Ríos, pedagogo y ensayista que fundó el 29 de octubre de 1876 la Institución Libre de Enseñanza, de la cual Giner de los Ríos fue su Director.

Giner de los Ríos era amigo de Ramón Hermida, profesor de Valdés, bajo cuya recomendación fue a visitarlo y las puertas de su casa y de la Institución Libre de Enseñanza se le abrieron de par en par. Su formación en la Institución había despertado en él insaciables afanes de cultura y había refinado sus apetencias estéticas.

Su afición por las letras le lleva a frecuentar y participar, alternándolo siempre con sus estudios, bibliotecas, museos, tertulias y cenáculos literarios, concretamente frecuentaba una tertulia de jóvenes extremeños, la “República de Daza”, a la que asistían los Daza, Augusto Hermida, Ernesto Quirós y sus primos los Solo de Zaldívar, todos ellos de Don Benito. En la capital conoció a figuras emblemáticas de la literatura española, en gran parte, escritores de la llamada generación del 98 y novecentistas, y luego vanguardistas. En Valdés parecen conjugarse perfectamente el artista y el poeta.

En la capital española se empapó y participó de la intensa vida cultural de estos años. Fue un asiduo de tertulias y cenáculos literarios en los que coincidía con figuras del 98; se movía por los círculos del Ateneo y el Café Nuevo de Levante, además de participar en distintas peñas literarias. En estos encuentros literarios entablaría relación con los Cossío, Miguel Artigas, Alfonso Reyes y Luis Ruiz Contreras, entre otros, que amplían la visión y el atractivo espiritual del joven Valdés.

Los cafés de muchos países cumplieron la función de acoger tertulias artísticas, filosóficas, científicas, literarias y políticas[9]. El primer tercio del siglo XX fue muy abundante en tertulias madrileñas. Sin duda pusieron su granito de arena en nuestra sociedad actual, fomentando el debate, la tolerancia y el sentido crítico. El centro más importante era el Nuevo Café Levante, del que Ramón del Valle Inclán dijo que “ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias”. También el Café del Gato Negro (calle del Príncipe) donde Jacinto Benavente mantenía una tertulia modernista. José Ortega y Gasset tenía la suya en La Granja del Henar y en el Café Marfil (calle Cedaceros) Jacinto Benavente. En el Café León se daban tertulias de eruditos y periodistas. El Café Español, era frecuentado por los hermanos Manuel y Antonio Machado. También fueron famosos el Café Europeo y el Café Comercial. En la Cervecería de Correos comenzaron a reunirse los jóvenes poetas de la Generación del 27 y allí fue donde Federico García Lorca se citaba con los escritores y antiguos compañeros de la Residencia de Estudiantes.[10]

Asiduo frecuente o residente[11] de la Residencia de Estudiantes[12], centro siempre minoritario que aglutinó a la más brillante intelectualidad de la época, es allí donde Valdés conoce a Juan Ramón Jiménez, que le anima a escribir.

En la Residencia de Estudiantes conoce a Eugenio D´Ors y a quien llegó a ser su amigo, Arturo Gazul.

Es entonces cuando comienza a colaborar en “La Jornada” y “El Parlamentario” de Madrid, a cuyo frente estaba Luis Antón del Olmet, “El norte de Castilla” de Valladolid y “El Correo de la Mañana” de Badajoz.[13]

En estos años mozos coqueteó con las corrientes vanguardistas, aunque años después se lamentaría de ello, calificando su estancia en la Universidad madrileña de baldía y perdida.

Impregnado por la sensibilidad de su tiempo, el joven Valdés recorre también los pueblos andaluces, las tierras de la vieja Castilla y viaja en varias ocasiones por Europa: París, Berlín, Hamburgo y Bruselas, entre otros. Pero es más bien el paisaje español, y andaluz en particular, el que influyó especialmente en su obra.

De todos los viajes, el más beneficioso es el de la nación centroeuropea, ya que viaja acompañado por Aurelio Viñas, Lector de la Universidad de la Sorbona, que tenía que realizar un curso de conferencias en Bruselas, Hamburgo y Berlín.

Fotografía de Francisco Valdés (FOTO: http://www.geni.com / David Gómez-Rosado).

Valdés era un verdadero hombre de letras. Hablaba alemán, aunque lo traducía con más soltura; dominaba el italiano y el portugués, muy bien el francés, lo que le permitió una más perfecta asimilación de la cultura de los países por los cuales paseó su espíritu curioso, inquieto y andariego. Pero Valdés, para todos los idiomas tenía verdadera dificultad para lanzarse a habla; esa innata timidez que no le permitía lanzarse a quedar en ridículo, le retenía.

En 1917 visita París de mano de una prima de su padre, viuda, rica y caprichosa. Francisco va como intérprete y único hombre de la expedición. En los veranos viajaba a Portugal con sus hermanos y una tía, nunca con sus padres. Sus padres residieron siempre en Don Benito.

Por estrecho de pecho, retrasa su servicio militar hasta los veinticinco años (1917). Coincide con los primeros soldados de cuota y con la huelga del 17. Su servicio es penoso, tienen que vigilar los túneles de la línea del Norte. En Torrelodones se pasa casi todo el invierno durmiendo en el suelo. Se compenetra cada vez más con el hombre modesto, viviendo sus preocupaciones, sus necesidades.

A finales de 1919, concibe Valdés el raro propósito de trasladarse a Madrid para establecerse como librero de viejo; proyecto que no llegó a realizar.

Tenemos constancia que, en el año 1919, Valdés era el Redactor Jefe del semanario “Juventud”, publicado en Don Benito.

También, en agosto de 1919 pone con un tío suyo, médico muy culto, Ernesto Nicolau Solo de Zaldívar, y con Santiago Solo de Zaldívar y Antonio Reyes Huertas, una imprenta local con la que lanzan un periódico de tirada local, “La Semana”. Pone dinero y entusiasmo, pero el negocio fue malísimo, ruinoso. Al principio, este periódico local fue de carácter estrictamente literario, pero pronto hubo de convertirse en campo de polémicas políticas, teniendo que cancelar el proyecto.

“La Semana” nació como una hoja literaria cuidada y culta, aunque, como ya hemos indicado, pronto comenzaría a insertar polémicas políticas de tipo local y general contestando a Bandera Roja, diario fundado por los socialistas. El 8 de octubre de 1921 vería la luz el último número de este periódico.

1.3.- Etapa educativa.

El día 27 de abril de 1924, en la dehesa de Montecillo, recibe por parte de sus amigos un homenaje con motivo de la publicación de su primer libro, “Cuatro estampas extremeñas en su marco”. Este grupo de amigos, Antonio Reyes Huertas, José Manzano Díaz, José Ortiz Escribano “El Sastrecillo”, Emilio Camacho Moreno, Julio Gordo Martín-Romo y Francisco Gómez, le hace entrega de un diploma que atestigua el reconocimiento a su labor literaria.

Tras el fallecimiento de su padre el 3 de enero de 1929, regresa a Don Benito y comienza a ocuparse personalmente del patrimonio familiar, ayudado por el consejo atinado y la suave prudencia de su madre. La compenetración entre madre e hijo es cada vez más profunda.

A partir de entonces, paralelamente a sus asuntos literarios, se involucró en la mejora de la vida cultural del pueblo. Su cambio de ambiente geográfico supuso, a pesar de todo, un cierto aislamiento cultural y una ruptura con su experiencia cosmopolita y viajera anterior.

Es a su regreso a Extremadura cuando todo el ambiente literario modernista, innovador, toda la esfera estética y el mundo abierto que representaba la Generación del 27, dio paso a una rabiosa melancolía dentro de la tradición temática del regionalismo literario extremeño.

“Esa melancolía desgarrada y desesperanzadora lo acercó a posturas conservadoras muy extremistas cayendo dentro del más ortodoxo tradicionalismo político y religioso que acabaría con un enfrentamiento directo a la izquierda.

En esta metamorfosis abandonó los ámbitos universitario y artístico y regresó al pueblo teñido de contradicciones que mezclaban por un lado el aprecio por el entorno y por otro el desaliento ante las convulsiones sociales que se estaban viviendo. Ni que decir tiene que toda esa experiencia pinceló la obra de Valdés.”[14]

Imparte clases en el Colegio de San José, fundado por él y un grupo de amigos (José Manzano Díaz, Vicente Beltrán Nebot y Vicente Ruiz de Medina), donde se educa a la juventud de toda la región extremeña.

Se instala en la vieja y amplia casona de su abuelo Pedro Valdés en Don Benito, sita en la calle Arroyazo, poniendo capital y entusiasmo. Para Francisco, la Ciudad que le vio nacer era un pueblo “eminentemente agrícola, pobre y lleno de miseria y vicio”.

Fachada del Colegio de San José de Don Benito en el año 1921 (FOTO: Ramón A. Fernández de Sevilla).

Su discípulo y amigo, el también dombenitense Santiago González Murillo, diría al respecto sobre él que:

“Se ocupaba de las asignaturas de Historia y Filosofía. Era en sus clases comedido y correcto, casi tímido, pero se ganaba enseguida la sumisión de sus alumnos, que deponían sus travesuras juveniles ante aquel hombre que, sin dar una voz, impresionaba por la serenidad de su inteligencia y la finura de su trato.

Si alguno, después de la convivencia colegial, quería prolongar su comunicación con él, acortaba la distancia que impone el respeto con sencillez exquisita. Sentía avidez de afectos hondos y sinceros y se entregaba sin reservas cuando se sentía comprendido”[15].

Su amistad con el médico y humanista Celestino Vega Mateos le hace mucho bien; le comprende y es cordial y diario su encuentro. Comentan lecturas, cotejan cuartillas, ambos son confidentes el uno del otro.

Va perdiendo su afición por la enseñanza, absorbiéndole cada vez más los asuntos del campo.

1.4.- Etapa política.

Con respecto a sus inclinaciones ideológicas, el propio Valdés dijo:

“Me tenía por un espíritu abierto, por un hombre liberal y tolerante. Ahí están mis libros y mis ensayos como orientación de mi pensamiento.”

Durante sus primeros años en Madrid, Francisco Valdés se había mostrado partidario de las ideas socialistas. En alguna ocasión hizo referencia a las ilusiones y esperanzas de la juventud en cuanto a un mundo mejor de la mano del socialismo.

El 1 de abril de 1920 toma posesión como Alcalde de Don Benito D. Antonio Gómez Sánchez; junto a él está Francisco Valdés, quien es nombrado Teniente de Alcalde. El 18 de enero de 1923 finalizará el mandato del Sr. Gómez, tomando posesión del cargo de Alcalde D. Pedro Gálvez y García-Bordallo. En esta segunda etapa, Valdés volverá a ocupar el cargo de Teniente de Alcalde.

A continuación, destacamos la intervención de Francisco Valdés en el Pleno Municipal de fecha 1 de abril de 1920, la cual nos da una muestra de su marcado perfil social y de su compromiso con Don Benito:

“…el Señor Valdés hace uso de la palabra y dice que sin ninguna representación política ofrece lealmente su cooperación personal a la obra del municipio, que es la del mismo pueblo, y principalmente para todo aquello que tienda al mejoramiento de la clase pobre, a lo que por hoy se limita, toda vez que no puede hacer referencia a lo que es inédito sobre la actual forma de Gobierno, cuyo programa le es desconocido.

Y no habiendo más asuntos de que tratar y siendo las diecinueve y treinta minutos, el Señor Alcalde levantó la sesión de que yo el secretario certifico.” [16]

En el mandato como Alcalde de D. Enrique Granda Calderón de Robles, que tiene lugar del 25 de abril de 1927 al 26 de febrero de 1930, Francisco Valdés repetirá como Teniente de Alcalde desde el 21 de junio de 1927, nombramiento ocurrido por la existencia de una vacante y “por las altas dotes de honorabilidad y de inteligencia que adornan a dicho señor”; su nombramiento fue muy celebrado por toda la ciudadanía dombenitense. El Sr. Granda repetirá como Alcalde de Don Benito, desde el 26 de febrero al 19 de abril de 1930, ocupando Valdés el cargo de Concejal.

El 19 de abril de 1930, según acta extraordinaria del Ilmo. Ayuntamiento de Don Benito, es elegido Concejal del mismo, siendo Alcalde D. Ricardo Esteban Jiménez; cargo que ocupa hasta el 7 de febrero de 1931. Ese mismo día, el Sr. Esteban vuelve a ser elegido Alcalde, ocupando dicho cargo hasta el 16 de abril del mismo año; Valdés repite en este periodo como Concejal.

A continuación, merece la pena destacar la intervención de Francisco Valdés en el Pleno Municipal de fecha 19 de abril de 1930, que dice así:

“Discurso del Señor Valdés Nicolau:

El Concejal Don Francisco Valdés Nicolau, con la venia de la Presidencia expuso: Que, como Concejal particular del anterior régimen, daba en primer término la bienvenida al Señor Alcalde, deseándole prosperidad en su nuevo cargo y ofreciéndole su cooperación para cuanto sea conveniente al interés público. Añade que le extraña la falta de programa, contrastado las formas borrosas con que la mayoría de las veces se manifiesta la voluntad popular, prometiendo nuevamente su ayuda para todo lo que constituya beneficio de los intereses del vecindario…”[17]

El 16 de abril de 1931 toma posesión como Alcalde de Don Benito el republicano D. Emilio Sánchez Valdés, volviendo Valdés a repetir como Concejal, cargo que ocupará hasta el 24 de abril del mismo año, fecha en la cual una Comisión Gestora Municipal comenzará a gobernar la Ciudad de Don Benito.

Valdés, pese a ser miembro de una familia de grandes propietarios, iba libre de ataduras políticas, con una sensibilidad especial hacia las clases populares, los labradores, como se desprende de su intervención en el Pleno Municipal de constitución del Ayuntamiento democrático, en fecha 16 de abril de 1931:

“El Señor Valdés hace uso de la palabra y dice que, sin ninguna representación política, ofrece lealmente su cooperación personal a la obra del municipio, que es la del mismo pueblo, y principalmente para todo aquello que tienda al mejoramiento de la clase pobre, a lo que por hoy se limita, toda vez que no puede hacer referencia a lo que es inédito sobre la actual forma de Gobierno, cuyo programa le es desconocido.” [18]

Francisco Valdés veló, como representante de sus convecinos, por los intereses de estos, incidiendo en el compromiso con los más desfavorecidos, pese a su clara condición privilegiada, apelando a esas inquietudes socialistas de juventud. Confesaría Valdés que:

“…sin sentir la política, me enrolaron, a desgana, en la turbia administración local. Pronto sentí desaliento y asco. Con ellos, deseo de independencia y reforzamiento de mis aficiones literarias. Escepticismo. Indiferencia religiosa.”

A lo largo de su etapa política, fue compañero de reconocidos dombenitenses como Gabino Dávila Díaz, José María Estrada Ruiz, José Andújar Andújar, Vicente Beltrán Parejo-Bravo, Luis Cidoncha Galván, Félix González Caballero, Francisco Santamaría Cabanillas, Antonio Vallejo Fernández, Manuel Olivenza Entonado, Vicente Sanz Diéguez, entre muchos otros.

Llega la Segunda República y las embestidas en el campo se dejan sentir. Las propagandas, los asentamientos, los yunteros.

Como propietario rural, Valdés piensa en proyectos que puedan mejorar la calidad de vida y trabajo de las clases humildes. Así, en una noticia de febrero de 1928, se menciona la idoneidad de algunas tierras y el interés de sus propietarios, entre ellos Francisco Valdés, para crear plantaciones sericícolas y servir así de fuente de trabajo y riqueza para los campesinos. Pero también, como propietario, sufrió la ocupación de sus tierras en medio de las revueltas campesinas que tuvieron lugar a comienzos de los años 30 del siglo XX. El clima de revuelta y descontento condujo a la ocupación de las tierras de Francisco Valdés. Estos acontecimientos incidieron en su progresiva radicalización política.

Durante la Segunda República Española, Francisco Valdés se puso en contra del Gobierno, manifestando una radicalización política de tinte reaccionario, aunque no violento. Hasta los años 30, Valdés se sentía adscrito a las ideas progresistas, pero, influido por su procedencia y por sus vivencias en Don Benito con la llegada de la Segunda República, su personalidad comienza a orientarse a ideas más conservadoras y críticas con las políticas del gobierno republicano.

Francisco Valdés, que años antes había defendido ideas y propuestas en favor del desarrollo del campo y la protección de sus trabajadores, se muestra hostil contra estos y especialmente contra los gobernantes, instigadores, a su juicio, de los atropellos a sus propiedades y a las de otros vecinos. La evolución ideológica de Valdés se confirma a partir de las invasiones a su finca de Magacela en los meses de implantación y desarrollo de la nueva Ley de Reforma Agraria en 1932.

Con respecto a la invasión de su finca de Magacela, Valdés nos dejó escrito lo siguiente:

“Un día -el 26 de abril-, invasión de la finca por un numeroso grupo de vecinos de Magacela. Trescientos hombres, mujeres y mozalbetes. Otras tantas caballerías. Sin el consentimiento del dueño, fingen que trabajan a ratos. La mayoría del tiempo discutiendo las “bases de trabajo” a poner al cobro. A las cinco de la tarde le pasan la cuenta: novecientas noventa y seis pesetas. Y a la “orden” de tal cantidad arrebatada, la finca se desaloja de la turba. […]

Después de los hechos, las consecuencias. Sencillamente esta: la prohibición que me impone la amenaza de un pueblo desbordado por el nelkinismo a seguir cultivando mi finca. Mi finca: robada totalmente su explotación de caza, sus leñas de monte bajo, su fruto de bellota y su espiga. Mi finca: archivo de raterías, cargas de hierba, habas, forraje, raíces de lo que fueron retamas, palomas del columbario. Mi finca: atropellada por el cultivo intensivo, y sus mejores pastos, por piaras de vacas y caballerías de los pueblos comarcanos.”[19]

Poco antes del estallido de la Guerra Civil, Valdés perteneció y apoyó económicamente a la Falange local[20], un grupo de muchachos que se enfrentan constantemente con la Casa del Pueblo de Don Benito, perfectamente organizada y uno de los más antiguos cenáculos del socialismo.

“Aparentemente indiferente, eran muy pocos los problemas de alguna importancia que no despertaban la inquietud en su espíritu; aparentemente frío en el trato de las gentes, la daga de la falsedad social le hería y las injusticias humanas dejaban en su corazón el amargo sabor del mal irreparable; con cierta sequedad exterior, aún con los íntimos, jamás olvidó las difíciles situaciones amistosas, ni fue indiferente ante ellas, socorriendo sin ostentación”.[21]

Valdés participaría de las ideas iniciales de la Falange, preocupada, entre otras cuestiones, por el desarrollo del campo.

Firma de Francisco Valdés cuando era Concejal

1.5.- Matrimonio y descendencia.

Llega la Segunda República: las propagandas, los asentamientos, los yunteros…; todos estos temas le dan motivo para escribir artículos comprometidos en el diario “HOY”, “El Sol” y “ABC”, involucrándose así en la confrontación. Una de sus fincas es ocupada por yunteros sin tierra, según él mismo indica en su Estampa “Las retamas”.

En el verano de 1932, ya un tanto maduro, Francisco Valdés conoce a Magdalena Gámir Prieto (1906-1994). Brotan de su pluma cartas maravillosas, y lentamente la amistad se transforma en amor. Tenía prendido el corazón.

El profesor e Ingeniero de Minas Luis Gámir Espina (1874-1950) y Fanny Prieto Odiaga (1877-1963) fueron los padres de Magdalena, además de Luis, Paulina, Agustín, Eduardo y Carlos Gámir Prieto.

Magdalena Gámir Prieto a los 20 años de edad (FOTO: http://www.geni.com / David Gómez-Rosado).

Según Celestino Vega, amigo del propio Valdés, dijo que “Magdalena fue digna de él por su bondad, su cultura y su finura espiritual”.

Francisco y Magdalena contraen matrimonio en 1934. En otoño de este año realizan un maravillos viaje de novios por islas tropicales, sedantes de luchas y de apetencias, y la promesa del hijo le colma de ilusión.

En el año 1935, teniendo ya Francisco cuarenta y tres años, nace su único hijo, Manuel Luis Valdés Gámir[22]. “Le nació un varón chiquito, despabilado, con unas melenas atroces. Como puedes suponer, esto contenta más a la edad en que yo lo he recibido[23], le decía Valdés a su amigo Manuel Hidalgo.

La paternidad que viene dulcemente, sin sobresaltos ni miedos de salud. Se desliza suavemente la crianza del hijo, alternando entre largas temporadas en el campo y Madrid.

Momento del enlace entre Valdés y Gámir en 1934 (FOTO: http://www.geni.com / David Gómez-Rosado).
Foto oficial de boda de Francisco Valdés y Magdalena Gámir en 1934 (FOTO: http://www.geni.com / David Gómez-Rosado).

Si el nacimiento de su hijo en 1935 logró atenuar su decaimiento, lo que más le estimuló fue su compromiso ideológico en los principios de la Guerra Civil Española.

Valdés alternó su estancia entre el campo y Madrid.

1.6.- Final de sus días.

En el invierno de 1935 y primavera de 1936, el matrimonio Valdés-Gámir viaja con frecuencia a Madrid, viviendo Valdés intensamente la efervescencia política de las elecciones de Gil Robles.

La mañana del 15 de julio de 1936 sale desde Madrid, donde llevaba desde el mes de junio, para Don Benito. La esposa e hijo salen en coche para Andalucía el día 17. Durante estos días de estancia en Madrid, Valdés entra y sale mucho de casa, ayudando además económicamente a parientes y amigos que residente en la capital española deportados por falangistas.

En Madrid sufre el latigazo de la muerte de una figura que admiraba, el diputado José Calvo Sotelo. Valdés se acongojó y lloró de rabia, asistiendo junto a su esposa el 14 de julio de 1936 a la misa por Calvo Sotelo. Fue la última misa juntos del matrimonio Valdés-Gámir.

Magdalena marcha con su hijo y sus padres a Punta Umbría (Huelva), de veraneo. Valdés regresa a Don Benito.

Francisco Valdés fue detenido por unos milicianos republicanos en su domicilio de Don Benito, calle Calvo Sotelo número 22 (actualmente calle Arroyazo), el día 15 de agosto de 1936, siendo conducido a la cárcel de esta ciudad. Vivía con su madre y hermanos, habiendo presentido ya su pronta detención.

En la madrugada del 4 de septiembre de ese mismo año de 1936 fue bombardeado el Comité de Aprovisionamiento y cárcel, situado en la Plaza de España (donde estaba Galerías Preciados, hoy Emilia Novias), destruyéndose el edificio y falleciendo algunas personas; Valdés se salvaría, pero no por mucho tiempo.  Francisco Valdés es sacado de la cárcel junto con José Gil Loro (Párroco de Santiago Apóstol) y José Sanz del Campo (Abogado), siendo los tres fusilados. Su cuerpo fue encontrado junto a las tapias del Cementerio Municipal de “San Antonio”.

“Llovía, como si la naturaleza manifestara con lágrimas de pureza su sentimiento al ver troncharse la vida de un ser bueno y leal”, relató la viuda de Valdés.

Su madre sufrió con dolor estoico y callado el desgarro del hijo querido, y dulcemente, silenciosamente, a los pocos meses murió de pena Manuela Nicolau.

La persona sospechosa de participación en este crimen fue un miliciano de Valencia de Alcántara llamado Antonio Villarroel Villarroel, Comisario General de Guerra y Presidente del Comité de Justicia, que dio la orden de detención y muerte.

Villarroel fue acusado de tomar parte personalmente en el asesinato de Francisco Valdés[24].

El día 3 de septiembre de 1936, un día antes de su fusilamiento, Francisco Valdés Nicolau escribe la última carta de su vida dirigida a su esposa, en ella nos habla de su estancia y quehaceres en la cárcel. He aquí la transcripción literal:

“Don Benito a 3 de septiembre de 1936.

En la cárcel.

Para Magdalena.

En la celda que estoy desde el día 22 de agosto, he sufrido como nunca había sufrido. Es una habitación que tendrá una extensión de cuatro metros con bóveda de medio punto y suelo de losas negras de suciedad.

En la pared que da al mediodía, tiene una puerta y una ventana con fuertes rejas que medirá 40×70, desde la ventana no se ve más que la pared fronteriza del patio y una estrecha franja del cielo, y desde el ventanillo de la puerta se ven los remates de la torre del campanario con sus veletas, y un trozo de tejado de la Iglesia con tres nidos abandonados de cigüeñas.

Sobre éstos, un pedazo de cielo por donde libremente vuelan los pájaros dichosos.

Estamos tres en la celda; nos llevamos bien. La noche del 22 a la una nos encerraron en ella a Manuel, Ernesto, dos primos míos y a mí. Manuel y los primos salieron el día 24 a las ocho, nos quedamos solos Ernesto y yo. Todo el día 25 estuvimos sin compañía hasta las nueve de la noche que encerraron con nosotros a Pepe Sanz. Y a los dos días, sobre las dos de la tarde encerraron a un muchachito de 18 años, que nos acompaña con mucho agrado.

A las siete de la mañana hace la limpieza que consiste en barrer, sacar el cubo de la porquería, y el cántaro del agua. Esto es todo el menaje de una celda. A las siete de la tarde vuelven a repetir la operación, una vez terminada cierran la puerta, echan la llave del cerrojo y hasta el día siguiente. Desde hace cuatro días nos tienen entreabierta la puerta  algo por las mañanas y tardes, pero sin poder salir al patio ni asomar la cara. Estamos incomunicados y no se puede hacer eco.

Todos los días nos traen comida de casa entre doce y una. Tenemos aquí la cafetera y ella nos sirve para calentar la vianda por las noches y hacer el café por las mañanas, que le tomamos con leche condensada. A las seis y media despertamos (muchas noches se duerme poco) después de hacernos la limpieza hacemos el café y lo tomamos. Antes me lavoteo bien, unos paseos para estirar las piernas. Después tumbarse o acostarse en el colchón, leer. Desde hace tres días es cuando podemos leer. Me mandaron las Confesiones de San Agustín, que tanto enseñan a animar y confortar. A las doce y media comemos, la mesa es una punta de colchón. Al terminar hacemos café. A continuación intentamos dormir un poco de siesta, aunque yo apenas lo logro. Por la tarde, lo mismo, algunos pasos de pared a pared, alguna página de lectura, algún momento de conversación, el rezo del rosario, asearse algo, cenar y tenderse.

Es lo más triste la huida de la luz del día, y el peor momento cuando echas las llaves del cerrojo de la puerta.

A través de las ventanas llegan voceríos de las colas que se forman a las siete de la mañana, compran los periódicos, ruidos de los motores de las camionetas, el sonido de la música que toca en la plaza, desde hace cinco días de ocho y media a nueve y media, y voces en los pasillos del piso de encima que es el Ayuntamiento.

A las siete se enciende la luz eléctrica, que hay que tenerla luciendo toda la noche, hasta que la apagan a las seis de la mañana.

Nos cuidan bien de casa, mandan los alimentos necesarios y exquisitamente compuestos. También mandan el barril con agua fresca de la cisterna, lo que constituye una delicia, sobre todo en los días de calor, que lo han sido casi todos (ayer y hoy, ya no hace tanto). Más lo peor, es que no podemos comunicarnos con casa. Solamente decirle a la muchacha que trae la comida, que estamos bien, y ella lo mismo a nosotros de parte de la familia y a través de los oficiales de prisión.

Así que aunque Ernesto se marchó hace tres días al Hospital enfermo, de debilidad, pues no he podido saber nada de él sino una sola vez, que me dijeron estaba bien.”[25]

Quizás, una aportación más, es el testimonio de Ernesto Valdés Nicolau, que habla de las condiciones de ambos durante el arresto y en la cárcel:

“Mucho se ha escrito sobre su muerte; nada que yo sepa respecto a los días de verdadero martirio, de sufrimiento atroz, de padecimiento físico y moral que suponía por aquellos días de agosto del 36, el estar pendientes de la borrachera o despertar instintivo de fiera envenenada los monstruos de la naturaleza.

Acto seguido del bombardeo y aplicando uno de los muchos resortes que ponían en juego los rojos, la casa fue acor[dona]da y tras una hora de vacilación, asaltada por la canalla insaciable de sangre humana. Aquellos desalmados no eran hombres. Tras los más soeces insultos, violaciones, amenazas… […] En compañía de mis hermanos Francisco y Manuel, dos parientes queridos que en los muros de nuestra casa buscaban amparo, y a pesar de hallarme enfermo, fuimos arrastrados a la calle entre los fusiles y pistolas de los que decían defender la causa del pueblo.

Al fin llegamos a la casa-residencia del comité que ejecuta. Arrinconados en una escalera, sin poder pestañear con los presuntos ejecutores al lado, mofándose, recreándose en la contemplación de sus inmediatas víctimas, aguantamos hasta la una y media de la madrugada. Mucho deliberaban los dirigentes. Al parecer había diversidad de opiniones sobre la suerte que habíamos de correr. Horas terribles en que el espectro de la muerte se presentaba a cada instante. Únicamente nuestro pensamiento en DIOS y en la suerte de la familia. Después de largos [ilegible] acordaron nuestro traslado a unos sótanos de la casa en donde estábamos. Allí creímos nuevamente que era el final de nuestra vida. […] No faltó en esta ocasión -como en todas- la pauta a seguir, que nos marcaba mi hermano Paco.

Esa noche de la despedida -la más triste de mi vida- no podré olvidarla. Perdida la serenidad, quizás la única vez en la vida hubiese deseado morir antes de encontrarme delante de los fusiles en las tapias del cementerio. Tenebroso panorama. Mi hermano Paco, con ejemplaridad sublime percatado de nuestra suerte, poníame de relieve la amargura de la vida. Decía que en ocasiones presentaba grandes alicientes, las más de las veces era dura y cruel; que no valía la pena de vivirla. Lo decía quien no hacía dos años que estaba casado y tenía un hijo de poco más de un año. Solo para consolarme.”

Fotografía que Francisco Valdés le regaló a Santiago González Murillo de Don Benito como recuerdo. Data de 1930 (FOTO: Familia González Silva).

En palabras de Antonio Zoido Díaz, escritor y académico de la Real Academia de las Letras y las Artes, “se nos fue de la vida en plena juventud y en olor y ruido de aplauso literario, fresco y lozano el laurel de su renombre”[26].

Fue una víctima más del odio y la incomprensión, como Ramiro de Maeztu, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Unamuno, Valle-Inclán, y tantos otros que en esos años se convirtieron en juguetes locos de unos hombres aún más locos.

2.- Obra literaria y poética.

Escribió el periodista y escritor Medardo Muñiz allá por el año 1978 que “su obra corta vale por una obra extensa. Un solo libro ha dado alguna vez a su autor fama de gran escritor”, así como también que “Valdés es un gran escritor a despecho de su breve producción”.

Medardo Muñiz, que calificaba a Francisco Valdés como un escritor “finamente intelectual”, y no se equivocaba con lo de intelectual, pero quizás si se equivocó con lo de “breve producción”.

Nació y vivió Valdés en el seno de una familia perteneciente a la clase alta de Don Benito, y la ideología conservadora se derrama generosamente en sus escritos, aunque en ocasiones el vigor de su pluma, preciosa y clásica, le conducen hacia regiones de un ingenuo romanticismo revolucionario.

La naturaleza aparece domesticada a la vez que respetada y cuidada por el hombre, por lo cual estas obras le confieren al autor un carácter de ecologista avanzado. Además, es manifiesta su defensa de la libertad y de la tolerancia, así como su conciencia del valor del amor de la pareja y su aprecio por la mujer. Por otra parte, en las “Estampas” ya se aprecia la precisión del lenguaje al que siempre recurriría el escritor. Su amigo Manuel Hidalgo afirmó lo siguiente al respecto  de su estilo: “se deleita en la lengua, la mima, la restituye a su noble misión.

En 1932 publicó “Resonancias”, una colección de unos diez ensayos de temas diversos publicados previamente en periódicos y revistas entre 1925 y 1928. Al año siguiente, aparecieron las “Letras: Notas de un lector”, que hacían alusión a escritores “consagrados” de la época como a su admirado Juan Ramón Jiménez, Azorín, Machado, Baroja o Gerardo Diego. De este admirable trabajo analítico destaca su gran capacidad crítica y literaria y su talento para discernir las virtudes de cada uno.

Estudiaba a Gabriel Miró, la figura de su coterránea la poetisa Carolina Coronado, y también la de don Álvaro de Monroy, trabajos que desaparecieron en los registros a que se vio sometida su casona durante la Guerra Civil y que representan una irreparable pérdida para las letras extremeñas y nacionales.

“Francisco Valdés era, repito, un gran escritor. También un gran crítico. Uno de los valores más granados de nuestra juventud literaria. Su rica prosa tenía empaque clásico, garbo en sus giros, ritmo lento y cadencioso. Era una prosa medular, esbelta y arbolada.”[27]

Según la investigadora Guadalupe Nieto Caballero:

“La obra del escritor se centra fundamentalmente en la crítica literaria. Sin embargo, a diferencia de la de otros autores coetáneos, esta labor gira en torno a las sugestiones derivadas de sus lecturas. El escritor comenta un título o la trayectoria de un autor partiendo de su experiencia como lector. La prosa de Francisco Valdés se caracteriza por tanto por ser un ejercicio metapoético en la mayoría de ocasiones, fundamentado en las anotaciones y glosas derivadas de esas lecturas a las que nos referimos”[28].

2.1.- Artículos en “Bética. Revista Ilustrada” (1914-1916).

“Bética” fue una “revista ilustrada” que apareció el 20 de noviembre de 1913 con una periodicidad quincenal y que posteriormente pasó a ser de carácter mensual. Es considerada exponente del regionalismo y la principal revista del andalucismo de la época, hasta su cierre a principios de 1917.

Fruto de un grupo de intelectuales calificados de regeneracionistas vinculados al Ateneo de Sevilla, fue editada como vehículo de expresión y difusión de lo que consideraban un renacimiento de la “verdadera” Andalucía. Su aparición fue estimulada por escritores andaluces como Francisco Rodríguez Marín, Mario Méndez Bejarano, los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero y Ricardo de León, pero también por Salvador Rueda, Gabriel Maura y Gamazo, Armando Palacio y Valdés y Francisco Cambó. Se trata de un producto editorial que ha sido calificado de un “culturalismo burgués, moderado y elitista”, que se consideraba asimismo como una revista dedicada “principalmente a la literatura, el arte y la vida social contemporánea”.

Fue dirigida por Félix Sánchez-Blanco, al que después se le sumará, como subdirector, Félix Sánchez-Blanco y Pardo. Su administrador fue Felipe Cortines y Murube, y posteriormente  aparecen Santiago Martínez y Martín, como redactor jefe artístico, y Javier Lasso de la Vega, como redactor jefe literario.

Además de aparecer textos firmados por los ya citados anteriormente, aparecen también otros como Joaquín Hazañas y la Rua, Ángel María Camacho, Joaquín González Verger o Alejandro Guichot. Pero, para nosotros, el que nos interesa en cuestión es el literato Francisco Valdés Nicolau, dombenitense y vanguardista extremeño.

A principios del mes de marzo de 2014 hallé en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España los primeros artículos conocidos que escribió Francisco Valdés, al menos hasta el momento, y que corresponden a su publicación en “Bética”.

El primero de los artículos de Valdés que se publica en “Bética” corresponde al número fechado de 5 de mayo de 1914 y el último, en agosto de 1916, hallando un total de 15 artículos valdesianos publicados en “Bética”, que son los siguientes:

Duelo en la Provenza (publicado en dos partes en los números de fecha 5 y 20 de mayo de 1914; también aparece publicado en El País de fecha 19 de mayo de 1914), En torno a Ganivet (publicado en el nº de 20 de septiembre de 1914), Nuestros poetas. Antonio Machado (número de 5 de noviembre de 1914), Del sentimiento. Agua (número de 5 de diciembre de 1914), Humo (Apunte) (número de 31 de diciembre de 1914; también fue publicado posteriormente en el Correo de la mañana de fecha 16 de marzo de 1920), Leyendo… (número de 15 de febrero de 1915), Apunte: Viajando en un libro (número de 28 de febrero de 1915), Del sentimiento. Melancolía (número de 15 y 30 de marzo de 1915), Leyendo. Al margen de un libro laureado (número de 15 de abril de 1915), Sobre la escultura (número de 15 de julio de 1915), Leyendo: Una conferencia (número de 15 y 30 de septiembre de 1915), Amanecer en Ávila (número de 15 y 30 de noviembre de 1915), Divagación. Los abuelos (número de 15 y 30 de diciembre de 1915), Leyendo. Primer libro de odas (número de marzo-abril de 1916) y Divagaciones. Sobre un libro novelesco (número de 15 de agosto de 1916).

Portada de la revista Bética correspondiente a un número del año 1915.

Si bien es cierto que, un par de años después, tras adquirir la publicación titulada “Índice Bibliográfico de “Bética, Revista Ilustrada” (Sevilla 1913-1917)”, de Jacobo Cortines Torres (Excma. Diputación Provincial, Sevilla, 1971), me encuentro con la sorpresa de hallar 3 nuevos artículos de Valdés publicados en “Bética” que en 2014 no hallé, que son:

Del sentimiento: Pastorela (número de 15 y 30 de enero de 1915), Sobre la guerra. Palabras vacías (número de 30 de agosto de 1915), y Misticismo. Muy siglo XVI (número de 15 y 30 de octubre de 1915).

Estos 18 artículos son el germen del posterior regionalismo extremeño y obra literaria del escritor dombenitense Francisco Valdés Nicolau.

La primera vez que se publican en nuestro siglo es en junio de 2018, en el número 12 de la Revista de Historia de las Vegas Altas-Vegas Altas History Review, dentro del apartado Literario-Narrativo, bajo el título “Artículos del literato extremeño Francisco Valdés en “Bética. Revista Ilustrada”. Dicho artículo contiene tanto los artículos originales tal y como fueron publicados en la revista citada, como la transcripción literal de los mismos, para una mejor y más fácil lectura.

2.2.- 4 Estampas Extremeñas con su Marco (1924).

La Colección “Libros para amigos” fue el proyecto editorial más importante del escritor José María de Cossío Martínez-Fortún, miembro de la Real Academia Española. El conjunto de la colección está compuesta por obras no venales, editadas a sus expensas. Entre estas obras que editó Cossío se encuentra las “4 estampas extremeñas con su marco” de Francisco Valdés. Sería el primer trabajo de nuestro literato que vería la luz pública en 1924, aunque solo tuvo una edición numerada no venal de 200 ejemplares. Fue impreso en Valladolid, en la “Imprenta y Librería de la Viuda de Montero. Talleres de Imprenta y Encuadernación”, situada en los número 4 y 6 de la calle Ferrari.

“En un autor de mi aprecio he aprendido que no debe publicarse libro alguno hasta que se tengan treinta años. Yo he seguido este precavido consejo. Recién cumplidos los treinta años publico mi primigenio libro. Es de reducidas dimensiones, como podéis apreciar. Tras él aparecerán otros. No sé si será valioso o despreciable. Yo escribo por necesidad. Acaso -pese a mis años de plenitud- sean estas Estampas deleznables y vulgares. Pero ya no son mías. Son de ustedes, que las van a acariciar con amistosa mirada. Adiós -os digo-, que la suerte sea para vosotras propicia. Recorreréis el vasto mundo. Yo aquí me quedo, donde siempre, en mi rincón dormido, diciendo con Rioja, el dilecto poeta sevillano:

Un ángulo me basta entre mis lares

un libro y un amigo, un breve sueño

que no perturben deudas ni pesare.

Octubre de 1923.”[29]

Portada del libro “4 Estampas Extremeñas con su Marco” (1924).

Las cuatro Estampas de su primer trabajo son: Ana la Campanera, La Sequía, Jayán y Gayamero, y Brujería.

“Tras él aparecerán otros”, así lo presagió Valdés.

2.3.- 8 Estampas Extremeñas con su Marco (1932).

Su segundo trabajo vio la luz en 1932 de la mano de la prestigiosa Editorial Espasa-Calpe, llevando por título “8 estampas extremeñas con su marco”. Editado en Madrid, fue una edición numerada no venal de 1000 ejemplares.

La Editorial Espasa-Calpe surgió en 1925 de la fusión de la Editorial Calpe (Compañía Anónima de Librería y Publicaciones Españolas; fundada en 1918 por Nicolás María de Urgoiti) y la Editorial Espasa (Espasa Hermanos; fundada en 1860 por los hermanos Pablo y José España Anguera). Espasa-Calpe, que quedó entonces bajo control de la compañía Papelera Española (fundada en 1901 por Nicolás María de Urgoiti y Rafael Picavea y Leguía a partir de la fusión de casi diez empresas), fue una de las empresas editoriales más importantes de la época.

“La primera edición de este volumen -1924- formó parte de esa Colección de “Libros para amigos” que José María de Cossío publica allá en su casona montañesa de Tudanca. Le formaban solo las cuatro primeras Estampas. De las otras cuatro, tres he recortado de viejos papelotes olvidados. Solamente “Las Retamas” es de hoy. La escribí con un íntimo dolor agudo, que aún perdura y no se borrará con facilidad. Ella quizá haya impulsado la vida de esta segunda edición. Yo me alegraría que mis amigos, al recibir de nuevo mis Estampas, me siguieran recordando como en aquellos tiempos de la primera salida. Y para los nuevos, también la mano tendida a la amistad.

1932.”[30]

A las cuatro Estampas publicadas ya en 1924, Valdés sumaría otras cuatro más, formando así su segundo trabajo con un total de ocho Estampas: Ana la Campanera, La Sequía, Jayán y Gayamero, Brujería, Las Retamas, La Sombra de Cortés, Una Vida humilde, y La Serrana de la Vera.

Portada del libro “8 Estampas Extremeñas con su Marco” (1932).

El Heraldo de Madrid de fecha 7 de abril de 1932, en su sección Literatura, y bajo la pluma de Miguel Pérez Ferrero, podemos leer:

“LAS ESTAMPAS SON OCHO.- Aquí son ocho las estampas y son extremeñas. En las ocho hay un delicado cultivador de la prosa. De la prosa por la prosa, de la orfebrería por la orfebrería. Lleno todo de temblor humano, pero no, seguramente, de sentido humano (Miró tenía el temblor y el sentido, y por eso causa emoción tan honda).

Francisco Valdés revela un espíritu delicado y contemplativo y una buena técnica de prosista que sabe su oficio a la manera que lo saben esos escritores de la colección de “Libros para amigos” que publica José María Cossío. Es decir, sabe su oficio en “miniatura”, no “en grande”, aunque creo que en esa colección se ha escapado un escritor de extraordinarios ímpetu y talla como D. Miguel de Unamuno. Se ha escapado zambulléndose en ella. Creo (No puedo asegurarlo con la mano en el pecho).

De todos modos es un deleite encontrarse de cuando en cuando con un escritor de “la clase” de Francisco Valdés: La prosa por la prosa; la orfebrería por la orfebrería…”[31].

Las “8 estampas” serán posteriormente reeditadas en un total de tres ocasiones en época posterior a la muerte de Francisco Valdés. La primera reedición tiene lugar en 1953, en Badajoz, por la Biblioteca de Autores Extremeños y con un prólogo de Enrique Segura; fue impreso en los Talleres Gráficos de F. Arqueros. La segunda, bajo una edición con introducción y notas de Manuel Simón Viola Morato y José Luis Bernal Salgado, en 1998; en este caso fue el Departamento de Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Badajoz el encargado de publicarlo. Finalmente, la tercera vez tendrá lugar en 2013; fue una edición con introducción y notas de Manuel Simón Viola Morato y José Luis Bernal Salgado, publicado en Mérida por la Editora Regional de Extremadura.

Portadas de las diferentes ediciones del libro “8 Estampas Extremeñas con su Marco” (1953, 1998 y 2013).

2.4.- Resonancias (1925-1928) (1932).

Es en el mismo año de 1932 cuando ve la luz el tercer trabajo de Valdés, que llevó por título “Resonancias (1925-1928)”. Fue publicado en Madrid por la Editorial Espasa-Calpe.

“Demás sé yo que estos trabajos que ahora colecciono con el título de RESONANCIAS están anticuados en su porte y en su médula. Sin embargo, los publico: capricho de esos que ya no se pueden tener más que cuando se pretende, ilusoriamente, que a la veloz yeguada del tiempo se la puede sujetar en su tropelía con la lazada que se hizo de un bramantillo estoposo y quebradizo.

Pero el sentimiento aún tiene sus exigencias. Se trata de un deseo de un corazón que busca, al reverdecer estas “resonancias” con su publicación, lo gajos muy suyos que se le desprendieron cuando, en los años idos, iba grabándolos en cuartillas de papel: antojos de mocedad, rebullicios de juventud, ilusiones de infancia, pasión de pubertad. Sueños, aspiraciones, caprichos, anhelos, fingidos desengaños…

Hoy ya todo ha cambiado. El tiempo mudó de fisonomía. El tiempo, que nos desnuda y nos torna a vestir el espíritu, ha traído ropajes sorprendentes  de ese formidable bazar rotulado “cerebro”. La vida, por cauces distintos, camina extraña y aparatosa. Acaso despiadada. Y al corazón -esa caja sin fondo inspiradora del Romanticismo- le hemos entonado los más pirandelianos funerales.

El Romanticismo fue mi época maternal. En sus pechos de figuras de cera encontré las esencias más exquisitas para el alborear de mi sensibilidad. Por eso, por agradecimiento. Estas “resonancias” mías son unas flores de trapo, cordiales, ofrendadas con amor y pureza, a la olvidada tumba del Romanticismo. Perdón por ello, lector, si he cometido un rasgo en demasía ajado y desacorde con tu proustiana entonación de vida.”[32]

Este tercer trabajo de Valdés consta de diez “Resonancias”, que llevan por título: El llanto de las palmas, Imperia, Tarín se ha casado, Homenaje a Cervantes, La leyenda maravillosa de San Onofre, Aurea mediocritas, En el libro de la vida, Borkman y Pedro, Convalecencia, y Un queso de bola.

Portada del libro “Resonancias” (1932).

Isaac Pacheco, en el diario madrileño Luz de fecha 29 de julio de 1932, diría sobre este libro lo que sigue:

“…Las prosas de Francisco Valdés -antojos de mocedad, rebullicios de juventud, ilusiones de infancia, pasión de pubertad. Sueños, aspiraciones, caprichos, anhelos, fingidos desengaños- están siluetadas sobre la pureza de una sensibilidad romántica. Frente a la vida, el espíritu poético del escritor ha captado las imágenes, prendiéndolas en la esencia de su inspiración. Prosa bien pulida, plena de arte literario, de la que percibimos íntegramente la belleza de un estilo trazado con admirable sencillez.

El escritor se justifica ante los lectores por publicar, en la avanzada de los tiempos nuevos, un libro que él considera anticuado en su porte y en su medula. Como ironía admitimos la disculpa. Ni en su porte ni en su médula están anticuadas las prosas que figuran en “Resonancias”. A través de ella aspiramos emociones de aquellos sentimientos que el escritor llevó a su espíritu al prender la atención en el paisaje, en el amplio panorama de la vida, en todo aquello donde la naturaleza ha puesto su aliento vivificador.

Francisco Valdés es un puro valor literario. Llega a nosotros tal y como se ha formado en su inquietud solitaria. Se advierte en algunas páginas de su libro cierto pesimismo torturable. Mas este rasgo, este matiz de juventud insatisfecha, es una forma de la misma rebeldía que pugna por salir de la esclavitud en la cual vive y se desarrolla un temperamento acuciado por una fuerte sensibilidad”[33].

2.5.- Letras. Notas de un Lector (1933).

Era un lector atento, sensitivo, agudo y apasionado:

“En ellos, en los libros, mi vida entera. Entre sus páginas, En sus márgenes. En sus anotaciones. En sus glosas. En los libros: bisel de mis pensamientos”.[34]

Fruto de la lectura constante y obsesiva nace en el año 1933, publicado por la Editorial Espasa-Calpe en Madrid, su cuarto trabajo titulado “Letras. Notas de un lector”. Será éste el último libro que nuestro literato publique en vida, aunque antes y después de esta fecha, como veremos posteriormente, Valdés colabora con artículos y poemas en numerosos periódicos de la época. En 1993, bajo una edición, introducción y notas de José Luis Bernal Salgado, la Editora Regional de Extremadura publica una reedición del último libro de Valdés.

Este libro tuvo una excelente acogida en tiempo en que bien cortadas plumas ejercían la crítica literaria. Fue un “meditado conjunto de trabajos críticos, no al modo fugaz del quehacer periodístico, sino lenta preparación de ensayos interpretativos”.

Portadas de las dos ediciones existentes del libro “Letras. Notas de un lector” (1933 y 1993).

El libro está formado por un total de catorce artículos, que llevan por título: El dolorido sentir, Pueblos andaluces, Recordando a Miró, Erudito y poeta, La historia de Aljoxani, Motivos sobre Juan Ramón, ¿Arconada o Taramón?, Fiesta de poesía, Misivas, Tres fechas sobre Baroja, Poetas, Un hidalgo, Un libro de viajes, y Paralelo soriano.

Anuncio publicitario del libro “Letras. Notas de un lector” publicado en el diario madrileño “El Sol” el día 23 de marzo de 1933.

Manuel Hidalgo nos decía al respecto de este nuevo libro de Valdés, en el año 1933, lo que sigue:

“La aparición de un nuevo libro de Francisco Valdés (Letras (Notas de un lector), Espasa-Calpe. Madrid, 1933), me mueve, nuevamente, a señalar algunas notas sobre el dilecto escritor.

El libro lo componen glosas de un lector; quizá el autor les rehúya deliberadamente la denominación de “prosas críticas”, y ello, porque su crítica no consiste en ir discerniendo méritos preceptivos. Ni en examinar el ajuste o desbarajuste al módulo predeterminado.

Su hacer lo ha expresado él, mejor que nadie, cuando, para señalar un título genérico a algunas de sus prosas, rotuló: “Márgenes”.

Que está fuera de la letra; pero no del libro. El espíritu del autor, que cabriolea de línea en línea y rellena los espacios vacíos y se extiende por los márgenes…, los pensamientos no escritos…, las inquietudes…, las zozobras…, los flacos…; todo lo que es vida, además de letras: el espíritu desparramado del escritor, es alcanzado por Valdés no más lejos del margen, antes de convertirse en estrépito callejero, de transformarse en trivialidad y tópico, presentándolo al lector con su limpia y desinteresada objetividad.

Las notas de Valdés son reacciones libres, sugerencias primeras que en su sensibilidad van despertando los trallazos de la lectura; pero no de una lectura galopante, sino meditada, con reposos y pausas rellenas con su pensamiento propio, recuerdos, de ansias. Y de aquí sus cálidas prosas: posos del encalmamiento de esa labor. Reacciones subjetivas que, a pesar de serlo, se convierten en objetivas gracias a la fuerte sinceridad y despego de particularismos con que dice las cosas. Y ello, sin jactancia, pero sin miedo.

Independencia, seguridad y lógica del juicio. Disciplina mental; sin contagio de la anarquía, tan en moda.

Melificador sutil, extrae la quintaesencia de las letras por que pasa su mirada atisbadora. Puras esencias, presentadas sin almibaramientos; amasadas, siempre, con el sentimiento que han despertado. Sentimiento sereno y en su precisa proporción. Fuera de la sequedad del dómine; del crítico corriente, reseñador oficial, y oficioso, de la novedad o actualidad literaria, cronista de modas.

Oficiante selecto: sólo escribe de lo que se debe escribir. Siempre en silencio. Silenciosa el alma. Encalmado. Que la agitación interior no estorbe a sus sentidos téntigos. Siempre cuidando el parto de las prensas y siempre, infatigable, examinando sus frutos.

En enfronte continuo con temas bases. Luchando a brazo partido con el Humanismo. Lucha y abrazo.

Vencido -ya casi definitivamente vencido- su romanticismo temperamental por su educación -pensamiento y juicio- clásica. Aflorando de vez en vez el primero; en toda ocasión, pincelando el matiz característico y diferencial. Equilibrio. Justa proporción de romántico y clásico. Lo suficiente, de los primeros, para mantener vivacidad y energía; de lo segundo, la base y la trama.

Páginas palpitantes, con vida natural, sin fingimientos ni miriñaques empolvados. Con registros mil; despertadores, cada uno, de emociones nuevas: calofríos rasgueantes, inéditos. Renovador, no de estruendos, sino de valores. Novedad enjundiosa, de la llamada a eternizarse. Nuevo, no por gritos estentóreos y vacíos de tendencias “istas”. Novedad por la eternidad de los temas tratados y de su ejecución.

Valdés muestra en su obra literaria -confirmación en Letras- recia la personalidad: modo propio de reaccionar. Austero el decir. Cultivador minucioso del habla castellana”.[35]

2.6.- Vida y Letras (Páginas electas) (1980).

En 1980, la viuda de Valdés, Magdalena Gámir Prieto, y el hijo de ambos, Manuel Luis Valdés Gámir, editan en Madrid un trabajo póstumo de Francisco Valdés con el título “Vida y Letras (Páginas electas)”. El libro, que cuenta con un prólogo de Manuel Hidalgo, ofrece una muestra representativa de cuanto Valdés fue dejando en publicaciones periódicas.

“Si yo tuviera que ceñir en cinco palabras la vida y obra de Don Paco Valdés, podría hacerlo con estas cinco: pulcritud, seriedad, elegancia, sobriedad, melancolía.

He dicho su vida y su obra, porque ambas caminaron íntima e inseparablemente unidas, y ambas tuve la fortuna de observar y, a veces, convivir paso a paso, beneficiándome con la generosidad de su influencia.

La melancolía tiñéndolo todo; vida y obra, en una senequita aspiración a lo perfecto; pero sin ningún engreimiento, sin concederle importancia.

Fui su alumno y permanentemente lo seguí siendo, a pesar de sus protestas, porque Don Paco (para mí siempre Don Paco) fue siempre un constante magisterio.

Extremeño de pura cepa, enraizado en las tierras de su Don Benito, concienzudamente vivido y desvivido, unas lecturas “a conciencia”, le concedieron una autoridad, una probidad, indiscutida; pero una vez más se cumplió el sino del extremeño: que solo se produce su total cosecha “fuera de…” desarraigado de su propio ambiente, que él amaba tan entrañablemente como fisiológicamente a veces detestaba.

Ahora que ya “es tierra extremeña” es hora -sería para todos buena hora- de que extrañado de su geografía se conozca (no digo aprecie porque ello es forzado tras el conocimiento) su obra. Como ejemplo de la que derramó en periódicos y revistas se han espigado algunos trabajos representativos de ella en los que se podrán apreciar cómo la palabra justa sirve en cada caso a un conocimiento perfecto, en contraste con las críticas al uso que no hacían otra cosa sino glosar los resúmenes que del libro se hacían en las solapas de sus guardas.

Esta recopilación, no antología -pues cuanto salía de su reposada pluma era y es antológico-, compone un quinto volumen de la obra que él recogió en otros anteriores y de los cuales queremos dejar memoria; que para más no dan ocasión estas palabras preliminares:

Insobornable para consigo mismo, no escribía sino tras concienzudo conocimiento y meditación. Más de un avanzado proyecto (estudios sobre Valera y sobre Gabriel Miró) fueron abandonados por él cuando al avanzar en el estudio de los personajes de sus obras alcanzaba la conciencia de no corresponder a sus primeras impresiones, a lo que hubiera deseado encontrar en ellos o en ellas, porque Don Paco era, en definitiva, la autenticidad.”[36]

Portada del libro “Vida y Letras (páginas electas)” (1980).

Este quinto trabajo, póstumo, se compone de un total de setenta y seis artículos, que llevan por título: Obra de artesanía, Glosas, Glosas en Alfonso Reyes, El mal ejemplo de “Azorín”, “Este gran don Ramón”, Lectura de una sonata, La tradición hispana y el Islam, Poemas Arábigo-Andaluces, Motivos sobre Juan Ramón, Comentarios a una Antología, Paralelo soriano, La fábula descalabrada, Mentira desnuda, Cinco nombres, José de Salamanca, Genio de España, Arte y moral, Progreso, El purismo, El mundo visto a los ochenta años, Escuelistas de España, Olvido del paleolítico, Un crítico formado, Regionalismo y literatura, Los tres poetas de Guareña, Patalín y Paxarón, Olvidado, Un escritor malogrado, Destino de España, El sentido españolista de Menéndez y Pelayo, El españolismo de Forner, Donoso Cortés, En torno a Gabriel y Galán, Bécquer, Ejemplaridad de Bécquer, El retiro de Valera, Un libro sobre Ganivet, Epístola a Pereda, Zurbarán, El clavero de Alcántara, La conquista de América, Garcilaso, Caminos de Santa Teresa, Un intelectual del siglo XVI, Olvido de Góngora, Un libro sobre Góngora, Ante el centenario de Lope, Elogio de Celestina, Homenaje a Cervantes, El libro de la bodega, Nuevas glosas, María Rogers,  Nueva Luz, El rastro de Freud, Kolontay: La mujer nueva y la moral sexual, Una interrogación, Dionisíaco y Apolíneo, Recuerdo de Anatole France, La isla de los monos, En favor de Merimée, El normando Corneille, Epístola a Ruiz Contreras, Respuesta a Francisco Valdés, La belleza del libro, Clasicismo y romanticismo, Las retamas, Granadas zafaríes, Pedir peras al olmo, Apuntes salmantinos, Sobre el tema del ensayo, Ritmo acelerado, No quería ser inteligente, Peón caminero, Jueves, y Ante la hora suprema.

2.7.- Poemas.

También póstumo fue su sexto trabajo, una recopilación de “Poemas”, edición de Magdalena Gámir y Manuel Luis Valdés. Se editó en Madrid como una edición no venal de 200 ejemplares numerados.

Portada del libro “Poemas”

Este libro se inicia con una carta de Magdalena Gámir a Francisco Valdés y la respuesta de éste a su esposa, fechadas en 1933. Le sigue un poema del médico y humanista Celestino Vega Mateos, de su libro “El Juguete Caído”, dedicado a su amigo Paco Valdés. Finalmente, en dos partes se encuentra dividido el poemario de Valdés, el primero titulado “Poemas de Amor” y el segundo, “Momentos”. La primera parte está compuesta de los poemas siguientes: Granado, Romance del mes de agosto, En su álbum, Decir marino de amor, Viaje, Décimas, Becqueriana, y En el ejemplar de Magdalena. La segunda parte por los titulados: Mayo, Cigüeñas, La alberca, y Tres poemas en prosa.

2.8.- Cartas de Amor de Francisco Valdés a Magdalena Gámir, 1932-1934 (1997).

En 1997, editado en Madrid como una publicación íntima conmemorativa con ocasión de inaugurarse la Casa de Cultura de Don Benito, ve la luz su séptimo libro, póstumo, titulado “Cartas de Amor de Francisco Valdés a Magdalena Gámir, 1932-1934”. Fue una edición de Manuel Luis Valdés Gámir, con prólogo de Manuel Hidalgo.

En estas cartas, a lo largo de largas introspecciones, Valdés aparece como un personaje melancólico y deprimido. Con apenas cuarenta años, concluía: “un hombre con el alma vieja no puede ir a parte ninguna. Y yo la tengo. Me la siento vieja, cansada, hasta podrida.” Aparece asimismo como un perfeccionista, exigente consigo mismo, aunque indulgente con los demás. De hecho, dejó inacabados varios trabajos o no se atrevió a publicarlos por falta de confianza en sí mismo.

Portada del libro “Cartas de amor, 1932-1934” (1997)

Este séptimo libro consta de un total de 50 cartas de Francisco Valdés dirigidas todas a Magdalena Gámir, fechadas entre 1932 y 1936. Madrid, Ejido del Monte y Don Benito son los lugares de procedencia de las misivas.

2.9.- Al margen de los libros (1921-1924) (2016).

En el año 2016 vio la luz el octavo trabajo póstumo de Valdés, y hasta ahora el último, que llevó por título “Al margen de los libros (1921-1924)”. Fue una edición de Daniel Cortés González, con prólogo de Manuel Casado Velarde, Catedrático de Lengua Española en la Universidad de Navarra, miembro correspondiente de la Real Academia Española e Hijo Predilecto de Don Benito. Fue editado como nº 1 de la Colección Valdés&Castelo y nº 43 del Fondo Editorial de la Concejalía de Cultura del Ilmo. Ayuntamiento de Don Benito, con motivo con motivo de la XIX edición del Premio Nacional de Periodismo Francisco Valdés y I Premio Santiago Castelo a la Trayectoria Periodística.

Portada del libro “Al margen de los libros” (2016)

Este trabajo cuenta con un total de cuarenta artículos, inéditos hasta el momento para los lectores de hoy día, que fueron publicados en la prensa regional de la época entre los años 1921 y 1924, y que llevan por título: Al margen de los libros, Trot, en la feria; El alma de la toga, La fierecilla domada, Turguenef / Dehmel, Platón en el café, Girones, Un poeta nuevo, La erudición y la cultura, Fantasías y devaneos, Este gran Don Ramón…, Una página de la Historia, Barojismo, “La obra de España en América”, Temas sobre el socialismo, Pericia geográfica de Miguel de Cervantes, Diálogo, La novela de un novelista (Notas para un amigo), Un producto espiritual nuevo: el ensayo, Dionisiaco y Apolineo, La eterna inquietud, Editores, Las novelas de Pérez de Ayala, Diálogo vespertino, Estampa de un amigo mío, “Cuniculosa iberia”, Lo que le pusieron los Reyes a Julín, El descubrimiento de Numancia, Una lectura de Merimée, Indicaciones sobre Baroja, Pensamiento y sentimiento, Un intelectual del siglo XVI, Misticismo, Iniciación literaria, Personajes de “La dama de armiño”, La primera novela de un escritor provinciano, Tarín se ha casado, La castiza listeza, Clasicismo-Modernismo, y En la muerte de Anatole France.

2.10.- Obra inacabada.

Conocemos que, en el momento del fallecimiento de Francisco Valdés, éste tenía una serie de obras casi acabadas algunas y otras listas para la imprenta. Llevaban por título: “Los caminos interiores (panoramas)”, “Gabriel Miró (notas para un ensayo)”, “Carolina Coronado. La poetisa romántica”, y “El clavero Alonso de Monroy (historia novelada)”.

2.11.- Artículos en revistas y diarios.

Pero la obra de nuestro literato no termina aquí. Como dije al inicio de este artículo, son algo más de cuatro años los que llevo recopilando toda la obra de nuestro ilustre paisano. He buscado en todas las Bibliotecas Digitales que he encontrado, he revisado toda la prensa de la época y, ahí estaban, ante mi aparecieron uno tras otro, artículo y artículos con la firma de Francisco Valdés.

A día de hoy sigo transcribiendo todos los artículos del literato con el fin de que, dentro de no mucho tiempo, la obra completa del dombenitense Francisco Valdés vea la luz y sea conocida por todos.

Las publicaciones donde he hallado los artículos de Valdés son: La Jornada, El Parlamentario, El Norte de Castilla, Revista quincenal “Acción Española”, Isla. Hoja de arte y letras, Hispania, La Gaceta Literaria, Letras Regionales, publicación quincenal “Cristal”, El Sol, España. Semanario de la vida nacional, y Heraldo de Zamora. Más abundancia de artículos hay en: Correo de la mañana, y Correo extremeño. Llama la atención la publicación “Bética. Revista Ilustrada”, ya que en ella halle a principios de marzo de 2014 los primeros artículos que escribió Francisco Valdés, al menos hasta ahora. A continuación, relacionaré todos los artículos suyos que he hallado hasta el día de hoy.

Fechados entre 1914 y 1919, lo que viene a ser los primeros artículos de Valdés, son los artículos titulados: Duelo en la Provenza, El Gallo o la fatalidad, Hombres de España. Cajal, literato, En torno a Ganivet, Apuntando a la guerra. Un encuentro // Beethoven, Del rincón provinciano, Nuestros poetas. Antonio Machado, Comentario lírico, Del sentimiento. Agua, Humo, Leyendo…, Tránsito, Viajando en un libro, Del sentimiento. Melancolía, Soñando en Beethoven, Platón en el Café, Al margen de un libro laureado, Nuestros escritores. Don Ramón del Valle-Inclán, Visitando la exposición. Cromos y melancolía, Visitando la exposición. Cromos y melancolía II, Visitando la exposición. Cromos y melancolía III, Visitando la exposición. Cromos y Melancolía IV, Un recuerdo, Visitando la exposición. Cromos y Melancolía V, Divagando sobre un libro, Cartas de hombres, Bellas Artes. Sobre la escultura, Esta… y la otra, Una conferencia, Amanecer en Ávila, Los abuelos, Sobre un libro novelesco, Primer libro de odas, Después de la Guerra. Al margen de un libro, El viejo humanista, ¿Camino de la Felicidad?, ¡El circo!, El circo imantado, El santo, El hombre fuerte, Trazos, El Mirto y el Olivo, Al margen de “Azorin”, Cartas extremeñas. La Ciudad y el Campo. Naturismo, “El Infierno”, Ofelia, Un periodista español, La nueva orientación, Misticismos, De los libros hondos y profundos, Pedrín, Estampas. Leonarda, y “La caverna del humorismo”.

Fechados entre 1920 y 1929, son los artículos titulados: Respiros de la provincia, Estampas. Pacis Rusticarum, Estampas. Humo, El peligro del cine, Efusiones, Un poeta, Un queso de bola, Hispanoamericanismo, Frío, hambre, miseria, Símbolo, Estampas. Brujería, Estampas. Frente a la Sierra, El Sermón de la Montaña, “La Fierecilla Domada”. Una civilización “In extremis”, Remitido, Al margen de la vida, Tertulia de otoño e invierno I, Tertulia de otoño e invierno II, Tertulia de otoño e invierno III, Estampa de un amigo mío, Lo que le pusieron los Reyes a Julin, Recuerdos de Madrid. Frente a la Sierra, Los viejos robles de la raza, Comunidad espiritual, El Circo (Divagación), Abogados (Estampas), Respiros de la provincia, Un delicado y doloroso tema, Leyendo a los Clásicos. Prometeo, Leyendo a los Clásicos. Gila Giralda, Resonancias. Amor es conocimiento, Resonancias. La Castiza Listeza, Resonancias. Ocho ex-libris (Los cuatro primeros), Resonancias. Ocho ex-libris (Los cuatro últimos), Los Ulises ibéricos. “La conquista de las rutas oceánicas”, Literatura de la Restauración (Con motivo del centenario de Valera), Erudito y poeta, Aparición de dos poetas, ¡El circo!, El libro de la bodega, En el libro de la vida, Las Atlantidas, Nuevo sentido de la Historia, Viajes, Riñas de gallos, Sintiendo a España, Notas de un lector, Non Plus Ultra, Sobre el resurgimiento literario de Extremadura, Antiguo y moderno, Una introspección, Un libro sobre Ganivet, Las Españas (Contestando a Luis Bello), En torno al Fascismo, Libertad y agresividad. Terciando en el debate, Poesía y prosa, Pro resurgimiento extremeño. Ciclo de Conferencias, Lecturas recientes, Brevemente, Glosas de artesanía, Extremadura. Sobre el resurgimiento literario, Salas Barbadillo, Justa de Poesía I. Combatientes, Justa de Poesía II. El combate, Poesías, Paréntesis de lectura. Peón caminero, Empecinamiento. Recordando a Galdós, Un libro sobre Góngora, Folletón sobre el Folletín. La pipa de Ernesto, Caídes cordobeses, Glosas de artesanía, Estampa extremeña. La sombra de Cortés, El llanto de las palmas, Sobre Ganivet, La belleza en el libro, La vida que pasa. Peón Caminero, Apuntes-Signos-Trazos, Nota de un lector de periódicos, y Las escuelitas extremeñas.

Fechados entre 1930 y 1937, son los artículos titulados: La historia de Aljoxaní, Estampas de Extremadura. Las retamas destruidas, María Rogers, Nueva luz, Márgenes. Tres nombres, Márgenes. Todavía Baudelaire, Misivas, Márgenes. El escritor provinciano en Madrid, Un intelectual del siglo XVI, Decimas, Perfil moral de nuestra hora, por H. R. Romero Flores; Lope de Vega (estudio psicológico), por H. R. Romero Flores; Tres poemas en prosa. Norma, Juego y Descanso, y Granado; 3 poemas de amor: Romance del mes de agosto, Dezir marino de amor, y Viaje; Caminos de Santa Teresa (prosa), La nueva literatura ante el centenario del Romanticismo, El Contraquijote.

2.12.- Cartas a José López Prudencio y a Ruiz Contreras.

Pero hay más, si, eso digo. Aún quedan las cartas de Francisco Valdés a José López Prudencio y las también dirigidas a Luis Ruiz Contreras. Me encuentro en la búsqueda de todas ellas.

En agosto de 1949, en el número 12 de la publicación local titulada “Don Benito: Trabajos de la Delegación Local de Escritores y Artistas Noveles”, el insigne Santiago González Murillo publica un artículo titulado “Francisco Valdés, en sus cartas a Ruiz Contreras”. La primera de las cartas de la cual nos habla Santiago González está fechada en el año 1912, cuando Francisco Valdés contaba con tan solo 20 años; la última corresponde al año 1933. En ellas, según cuento Santiago González en su artículo, se habla de su labor literaria, se puede ver la confianza que tiene con Ruiz Contreras, que es de amistad. Algunas con bastantes aportes a la biografía de Valdés, una biografía completa que hasta el día de hoy no ha existido.

Resulta sorprendente que un escritor ya reconocido dedicase tan expresiva atención a un muchacho soñador y desconocido. De la lectura de las cartas se deduce que Ruiz Contreras percibió enseguida la finura espiritual de Valdés, y puso todo el peso de su autoridad en estimularle para que llevase a cabo la labor literaria que su sensibilidad y su fácil prosa prometían. Desde un principio se constituye en mentor y maestro de Valdés, tan inteligente como angustiado y tornadizo que, con encantadora naturalidad y maravillosa galanura de estilo, le expone sus más íntimos problemas espirituales.

En enero de 1979, la revista Alminar, editada conjuntamente por el diario Hoy y la Institución “Pedro de Valencia”, publicaba en su primer número un artículo de Fernando Pérez Marques, titulado “Cartas a López Prudencio, crítico literario. Francisco Valdés”. En él reproduce dos cartas, fechadas en los años 1926 y 1933, que nuestro literato envió a José López Prudencio, hablando de temas literarios.

“Don Benito, 12-XI-926.

Don José López Prudencio.

Mí querido amigo: Acabo de terminar -esta noche de noviembre- la lectura de su “Libro de Horas Anónimas”, comenzando tres horas ha. Como prometía a Ud. me propongo contarle mi impresión de lectura, de una manera sencilla y breve; porque si me dejara guiar por la siembra de emociones que ella me ha traído, sería el cuento de nunca acabar.

Me ha cautivado la lectura desde el comienzo al fin: efecto que hoy logran muy escasos libros en mi atención cansada, pero aún despierta, inquietante… Creo que esto lo haya conseguido su libro, tanto por el asunto como por la prosa en que se esfuman las evocaciones de los viejos tiempos pacenses.

Ya los títulos de los capítulos son un acierto pleno: suaves, dulces, poemáticos. Y toda la prosa es tan blanda, tan sugeridora, tan macilenta, tan felizmente suntuosa, tan cuidada y pulida, tan espléndidamente otoñal, que yo no sé qué pueda superarla hoy, en España, más que la de Gabriel Miró: excelso modelo de prosistas. Es lástima la cantidad de erratas y el desacierto tipográfico.

El libro es como una lenta, solemne, apagada sinfonía; con su fondo temático de un acrisolado estoicismo senequista, cristiano, de un optimismo velado de melancolía y alegre serenidad; y no el seco, duro y rígido estoicismo catoniano. ¡El paso inexorable del tiempo! Debemos a “Azorín” el inicio del tema, lanzado en aquellos tiempos literarios, fríos y chabacanos, de la Restauración. Luego otros, usted mismo, le ha poetizado y embellecido; porque yo creo que usted lo siente en lo más hondo e íntimo del corazón; y los otros con el pensamiento, con la admirable máquina del cerebro: espejismo intelectual.

Sí, hay que fracasar un poco, vivir en segundo término, para, luego, en un tiempo que aún no ha llegado, vencer las actuales apariencias de inmortalidad. Yo no digo esto por consolar a usted de la escasa difusión que pueda tener el “Libro de Horas Anónimas”. Sería puerilidad. Se me ocurre el decirlo al comparar estos libros intensos, serenos, inmarcesibles, construidos al calor de la emoción pura y del sentimiento hondo con esos específicos literarios, mazorrales, y chabacanos, que tanto lucen y marean hogaño.

Considero su libro en justas proporciones, bien tramado, armónicamente construido. Es una prolongación, superada, del “Vargueño”: más sazonado, pulimentado, más rico en matices y en elementos, dentro de su tema fundamental. Es un fragante salmo evocador. No creo que puedan leerse estos libros más que con ojos que centelleen en el corazón. Lectura reposada y lenta. Libro para personas cultivadas, que no creen que la vida es solamente una copa de placer, ni un desolado erial; ni un trono áureo, ni una cochiquera.

En su “Libro de Horas Anónimas” para los que estiman que una rosa encendida -venida del polvo de la tierra y al polvo de la tierra ida- tiene un contenido intenso que aspirar y recoger y enlazarle a la trama cotidiana de la vida -ese misterio insondable- pensando, o soñando, que al marchitarse están germinando los brotes de las que, más adelante, han de lucir su perfume y majestad…

De usted siempre amigo verdadero y cordial.

Francisco Valdés.”[37]

***

“Don Benito, 22-5-933.

Don José López Prudencio.

Querido amigo: Nada menos que el 18 de abril publicó “ABC” su nota crítica sobre “Letras” que yo he leído con tanta emoción ayer, enviada por Calpe, entre otras varias críticas del libro. Verdaderamente agradecido, porque usted no ha sido avaro en dedicar a mis prosas estimaciones de calidad. Sobre todo -con estar todo bien- esa labor reivindicadora de la provincia española, triturada -en todos sentidos- por el madrileñismo. La última palabra del insulto: “los burgos podridos”. La crítica viene sin foto. Sin duda olvidaron que allí, en el archivo de “ABC”, existe una foto mía. No puedo comprender a qué obedecen estas irregularidades.

Le envío el último número de “Archivos de Literatura”, donde insertan unos párrafos de usted sobre “Candelabro”. ¿No recibe usted esos cuadernos? Casi todos ellos traen alguna cita suya. Y un prospecto de Calpe, con propaganda de “Letras”. Días pasados recibí carta de Figueiredo muy laudatoria para mí. Y me contentó mucho. Siempre su buen amigo, Valdés”.[38]

2.13.- Cuaderno de aforismos.

Guadalupe Nieto nos habla en su artículo titulado “Francisco Valdés, escritor y crítico literario” de dos cuadernos de prosa aforística escrita por Valdés. Según la investigadora, llevan por título “Caracteres” y “Un espíritu no prevenido”, encontrándose fechados en 1925 y 1929, respectivamente. “La sintaxis poco pulida de la mayoría de los textos deja entrever cierta provisionalidad o estado embrionario”[39]. Estos cuadernos coinciden en el tiempo con el libro valdesiano titulado “Resonancias”.

3.- Homenajes.

3.1.- Calle de Francisco Valdés (1939).

En la sesión plenaria de fecha 6 de octubre de 1939, se dio cuenta de una solicitud de José Manzano Díaz, solicitando se diese a una calle de Don Benito el nombre de Francisco Valdés. El acta dice así:

“Conoció la Comisión Gestora de una solicitud dirigida a la misma por Don José Manzano Díaz, por su y en representación del Claustro de Profesores del Colegio de Segunda Enseñanza de esta localidad, en el que desempeñó sus funciones como tal, el literato Don Francisco Valdés Nicolau, asesinado por los rojos en esta población durante la dominación marxista, pidiendo se dé el nombre de dicho finado a la calle que hoy se denomina Matadero, en la que estuvo instalado el expresado Colegio, para honrar la memoria del finado, cuyos méritos consiguieron romper los límites regionales llegando a ocupar un puesto de honor en la Literatura Patria, hasta el punto de haber sido recordado por el Caudillo de España, en declaraciones hechas para la publicidad, y deseando la Comisión Gestora rendir el merecido tributo a hijo tan preclaro de esta población, acordó de conformidad con lo dispuesto en la Orden del Ministerio del Interior de trece de Abril de mil novecientos treinta y ocho, recabar de la Dirección General de Administración Local del Ministerio de la Gobernación, la supresión de la denominación actual de la calle Matadero, que no tiene significación histórica de clase alguna, para sustituir su nombre por el de Francisco Valdés, en atención a las razones precedentemente consignadas.”[40]

Finalmente, en el Pleno Municipal de fecha 8 de noviembre de 1939 se da cuenta de una comunicación del Gobierno Civil de Badajoz, ésta autoriza el cambio de nombre de la calle del Matadero por el de Francisco Valdés. El acta dice así:

“Fue leída una comunicación que dirige a la Alcaldía-Presidencia con fecha seis del actual el Excmo. Señor Gobernador Civil de la provincia, dando traslado de otra que en treinta y uno del pasado Octubre le ha librado el Excmo. Señor Director General de Administración Local por la que se autoriza a esta Corporación accediendo a la solicitado por la misma y con vista de haberse cumplido los requisitos exigidos en la Orden de trece de Abril de mil novecientos treinta y ocho, para modificar el nombre de la calle Matadero por el de calle Francisco Valdés y en su vista, usando la Gestora de la facultad que se la concede, acordó que en lo sucesivo la referida calle del Matadero se denomine como queda indicado, poniéndose esta resolución en conocimiento del Registro de la Propiedad de este Partido y de la Sección provincial de Estadística.”[41]

Calle de Francisco Valdés en los años 80 del siglo XX (FOTO: Diego Sánchez Cordero)

3.2.- Biblioteca Pública Municipal “Francisco Valdés” (1949).

La primera referencia a la Biblioteca Municipal se remonta al 10 de enero de 1948, cuando en una misiva privada de Esteban Rodríguez Amaya (Jefe de los Servicios Culturales de la Excelentísima Diputación Provincial de Badajoz y Secretario de la Real Academia de Extremadura), dirigida al entonces Alcalde de Don Benito, Emilio Beltrán Rodríguez, le ofrece a éste la oportunidad de crear una Biblioteca Municipal en Don Benito.

“Mi querido amigo: He conseguido ciertamente la creación de cuatro Bibliotecas en otros tantos pueblo de la Provincia a mi elección.

Ya sabe la simpatía que siento por esa hermosa Ciudad, honra de nuestra Provincia y por su Alcalde y por ello le ofrezco para Don Benito una de estas Bibliotecas”[42].

El Sr. Rodríguez Amaya le indica al Alcalde que si el Ayuntamiento acepta el ofrecimiento de crear una Biblioteca en Don Benito, se debería “tomar el acuerdo de solicitarlo y en su consecuencia dirigir una instancia al residente de la Junta de Adquisición y distribución de Publicaciones”[43]. Le comunica también que referida instancia se la hagan llegar a él mismo para que el hacerla llegar directamente a su destino.

Seis días después de esta primera referencia, concretamente el 16 de enero, en sesión ordinaria de la Comisión Municipal Permanente del Ayuntamiento de Don Benito, el Alcalde propone “atendiendo a la necesidad de difundir la cultura”, la creación de una Biblioteca Municipal en Don Benito. El primer Teniente de Alcalde, Ricardo Ramos López; el cuarto Teniente de Alcalde, Ángel Valadés Verdú; y el quinto Teniente de Alcalde, Julio Gómez Rodríguez, se adhieren a la propuesta del Alcalde.

En votación ordinaria y por unanimidad, se acuerda: “Solicitar de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros, para Bibliotecas Públicas, la creación en esta Ciudad, de una Biblioteca Municipal”. Así mismo, también se acuerda la constitución de una Junta de la Biblioteca Municipal de Don Benito.

En la misma Comisión Municipal Permanente, se ofrecía el local sito en la “…Avenida del Generalísimo, Número cuarenta y cinco, propiedad del Municipio y destinar la cantidad anual para compra de libros”. Este edificio que se ofrecía es el situado en la actual Avenida de la Constitución número 51, actual sede del Colegio Público “Francisco Valdés”.

Membrete de los primeros documentos de la Biblioteca Municipal “Francisco Valdés”.

El 13 de marzo de 1948, a las trece horas, se reunieron en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Don Benito los Señores designados para constituir la “Junta de la Biblioteca Pública Municipal”. De esta manera, se constituía la que fue la primera Junta con las siguientes personas:

  • Don Ángel Valadés Verdú, Maestro Nacional y Teniente de Alcalde. Presidente de esta Junta o Patronato.
  • Don Rufino Villalobos Bote, Sacerdote. Vicepresidente de esta Junta o Patronato.
  • Don Manuel Córdoba Guerrero, Maestro Nacional. Secretario de esta Junta o Patronato.
  • Don Vicente Ruiz Sáenz, Licenciado en Ciencias. Tesorero de esta Junta o Patronato.
  • Don Santiago González Murillo, Secretario de la Escuela Elemental de Trabajo y Maestro Nacional. Bibliotecario de esta Junta o Patronato.
  • Don Ernesto Nicolau Fernández, Propietario y Empresario Agrícola. Vocal de esta Junta o Patronato.
  • Don Celestino Vega Mateos, Médico Oculista. Vocal de esta Junta o Patronato.
  • Don Victoriano Ruiz Donoso, Dependiente de Comercio. Vocal de esta Junta o Patronato.

Y por fin llegó la tan esperada noticia para Don Benito. El Boletín Oficial del Estado número 188, de 6 de julio de 1948, publicaba la Orden de 14 de abril de 1948, “por la que se crean las Bibliotecas Públicas Municipales, que se mencionan, para conmemorar la Fiesta del Libro, en el presente año”. Don Benito era una de las localidades mencionadas donde se creaba una Biblioteca Pública Municipal.

Abrió sus puertas al público el 16 de agosto de 1949, siendo frecuentada desde el primer momento por gran número de lectores.

Lleva el nombre de Francisco Valdés “para honrar la memoria de aquel finísimo escritor, que fue, además, un lector de extraordinaria sensibilidad, un fervoroso enamorado de los buenos libros”[44].

Entrada a la Biblioteca en la calle Cecilio Gallego, año 1983 (FOTO: Ayuntamiento de Don Benito)

No siempre estuvo la Biblioteca Pública Municipal de Don Benito en el mismo edificio. El día 16 de mayo de 1948, pocos meses después de la creación oficial de la Biblioteca y en la sesión ordinario celebrada por la Comisión Municipal Permanente, el Presidente de la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito, Santiago González Murillo, proponía que “atendiendo necesidades de los servicios…”, “…destinar a Biblioteca Municipal el Pabellón exterior izquierdo de la Plaza de Abastos, y realizar en el mismo, pequeñas obras para su instalación adecuada, consistentes en sustituir la ventana central por puertas de acceso, pintura de carpintería y paredes e instalación eléctrica”. A dicha propuesta se adhirió Ángel Valadés Verdú y por unanimidad se aprobó llevarla a cabo.

Según un cuestionario-información sobre la Biblioteca Municipal “Francisco Valdés”, éste nos indica que estuvo instalada posteriormente en la calle de 24 de Julio, número 1 (hoy calle de Cecilio Gallego) y que el local donde estaba era alquilado.

En 1997, los fondos de la Biblioteca Pública “Francisco Valdés” son trasladados a su actual ubicación, la Casa del Cultura de la Ciudad de Don Benito, diseñada por el arquitecto de reconocido prestigio, José Rafael Moneo Vallés, conocido tanto en Europa como en Estados Unidos.

3.3.- Seminario sobre Francisco Valdés (1988).

En la última semana del mes de noviembre del año 1988 tuvo lugar en Don Benito, concretamente en el Salón de Actos del Colegio Público que lleva su nombre, un Seminario sobre Francisco Valdés donde, a través de numerosos testimonios, alumnos y críticos literarios, perfilaron un retrato cercano sobre el escritor: “un hombre elegante en su vestimenta y en sus actos, distante y reservado en el trato, apasionado por la literatura; un hombre que en un ambiente de “señoritos” fue un gran señor”[45].

Gracias a cartas personales, conversaciones y recuerdos, aquellos que participaron en este Seminario pudieron dibujar la personalidad de un joven que marchó a temprana edad de Don Benito, con destino a Madrid, para estudiar en la Universidad. Fue un aficionado a la caza, las peleas de gallos y los nacientes automóviles.

Fue el literato Francisco Valdés “un hombre inquieto, profusamente cultivado y totalmente descontento con la época en la que le había tocado vivir. Se sentía incómodo en la clase social a la que por nacimiento pertenecía y no le dolían prendas cuando tenía que criticarla”[46].

Amó sobre todo el orden, la estabilidad, el mantenimiento de las tradiciones transmitidas de padres a hijos que nacieron en estas tierras extremeñas de otros padres y otros hijos, que también vieron la luz en estas mismas tierras.

Retrato de Francisco Valdés pintado por Juan Aparicio Quintana en 1948 y que cuelga de las paredes de la Biblioteca Pública Municipal de Don Benito. Óleo/lienzo De 97x 78cm. (FOTO: Familia Aparicio García-Molina).

Las soluciones de Valdés a los problemas que aquejaban a la España que vivió, y por ende a Extremadura, pasaban por la culturización del pueblo. “…se guiaba en sus apreciaciones de la sociedad por la doctrina social de la Iglesia…”[47].

Si bien, como rezaba el título de la noticia del diario HOY al que me refiero en este punto, la censura del silencio sigue “pesando” (en relación a su obra) sobre el escritor Francisco Valdés.

3.4.- Premio Nacional de Periodismo Francisco Valdés (1998).

En el año 1998 se cumplió el 50 Aniversario de la creación de la Biblioteca Pública Municipal “Francisco Valdés” de Don Benito. Entre los actos organizados por el Ayuntamiento de Don Benito se encontraba la puesta en marcha de un Premio Nacional de Periodismo, con carácter anual, en homenaje al literato Valdés.

La acogida multitudinaria que tuvieron los actos hizo albergar, desde un principio, grandes esperanzas de consolidación que se corroboraron en las ediciones siguientes. La noche del 17 de abril de 1998, se dieron cita en el Salón de Actos de la Casa de Cultura de Don Benito personalidades de gran relevancia regional: el Presidente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y Las Artes, directores de periódicos regionales, el Vicerrector de la Universidad de Navarra, escritores extremeños, profesores de Lengua y Literatura de la Universidad y de Institutos, amigos de la infancia de Francisco Valdés, fundadores de la Biblioteca Pública Municipal y máximos responsables políticos de Don Benito.

Según testimonios de participantes y asistentes, quedó abierto el camino para tener presente en Don Benito la, un tanto olvidada, labor literaria y periodística de Francisco Valdés.

Desde el año de puesta en marcha de este premio, muchos han sido los grandes periodistas que se han alzado con este galardón, contando entre éstos a Antonio Manilla, Juan Manuel de Prada, Pedro Manuel Víllora, Feliciano Correa Gamero, Rafael Sánchez Ferlosio, José Antonio Zarzalejos, Pilar Galán Rodríguez, Carmen Posadas Mañé, César Antonio Molina,Cristóbal González Montilla o Tereixa Constela Fontenla, entre muchos otros.

Logotipo oficial del Premio Nacional de Periodismo “Francisco Valdés” de Don Benito desde el año 2016.

[1] BERNAL SALGADO, J.L. (1986): “Francisco Valdés: el viaje inacabado de un escritor de vanguardia” en Anuario de Estudios Filológicos, nº9, p. 33-53.

[2] TARDÍO GASTÓN, F.J. (2009): “Literatura regionalista en Extremadura: primer tercio del siglo XX” en Verba Hispanica, Vol. 17.

[3] Archivo Parroquial de Santiago Apóstol de Don Benito. Partida de Bautismo de Francisco Valdés Nicolau.

[4] SEGURA COVARSÍ, Enrique.  “Para una biografía de Francisco Valdés”.

[5] Ibídem.

[6] AHUS, Legajo 1391, Expediente 18.

[7] AHUS, Legajo 1391, Expediente 18.

[8] AHUS, Legajo 1391, Expediente 18.

[9] Los cafés tertulia de principios de siglo: http://www.eboca.com/ebocame/los-cafes-tertulia-principios-siglo/

[10] Las tertulias y cafés literarios que inspiraron a los pintores románticos (2015): https://art-y-cultura.blogspot.com/2015/07/las-tertulias-y-cafes-literarios-que.html

[11] No tenemos la certeza de que Valdés fuera un residente de la misma o fuera un visitante asiduo. Tras haber consultado al Archivo de la Residencia de Estudiantes, éstos me informan que el Archivo del grupo masculino de la Residencia desapareció tras la Guerra Civil, con lo que no cuentan con lo que debió ser su Archivo Administrativo y de datos de los residentes. Igualmente, Francisco Valdés tampoco aparece citado en la relación de residentes del libro “Los Residentes” (Madrid, 2011), de Margarita Sáenz de la Calzada.

[12] La Residencia de Estudiantes fue fundada en 1910 por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). Era un producto de las ideas innovadoras y europeizantes de la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos. Entre 1910-1915 tuvo su sede en la calle Fortuny de Madrid; en 1915 se trasladó a la calle Pinar, distribuida en tres pabellones proyectados y construidos por Antonio Flórez. El Director (1910-1936) de la Residencia de Estudiantes fue Alberto Jiménez Fraud.

La Residencia pretendía favorecer la convivencia interdisciplinar y el estímulo intelectual. Su proyecto se inspiró en los colleges ingleses, propiciando el diálogo permanente entre las ciencias y las artes, y actuando como centro de recepción de las vanguardias europeas.

Entre los residentes se encontraban muchas de las figuras más destacadas de la cultura española del siglo XX como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Miguel Catalán o Severo Ochoa. Igualmente, fueron visitantes asiduos o residentes durante sus estancias en Madrid José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Manuel de Falla, Santiago Ramón y Cajal, Ramón Menéndez Pidal, Blas Cabrera y Eugenio d´Ors.

[13] NIETO CABALLERO, G (2016): “Otras voces de la Edad de Plata: Francisco Valdés, escritor y crítico literario” en Castilla. Estudios de Literatura, Vol. 7.

[14] TARDÍO GASTÓN, F.J. (2009): “Literatura regionalista en Extremadura: primer tercio del siglo XX” en Verba Hispanica, Vol. 17.

[15] GÁRMIR DE VALDÉS, M. (1949): “Francisco Valdés Nicolau” en Don Benito, número 12, agosto de 1949.

[16] Archivo Municipal de Don Benito. Ayuntamiento Pleno, Libro de Sesiones, año 1920.

[17] Archivo Municipal de Don Benito. Ayuntamiento Pleno, Libro de Sesiones, año 1930.

[18] Archivo Municipal de Don Benito. Ayuntamiento Pleno, Libro de Sesiones, año 1931.

[19] Diario ABC, 30/04/1933.

[20] GÁRMIR DE VALDÉS, M. (1949): “Francisco Valdés Nicolau” en Don Benito, número 12, agosto de 1949.

[21] MANZANO DÍAZ, J. (1949): “En recuerdo” en Don Benito, número 12, agosto de 1949.

[22] Nace en Don Benito el 15 de julio de 1935 y fallece en Madrid el 30 de junio del 2000.

[23] GÁRMIR DE VALDÉS, M (1949): “Francisco Valdés Nicolau” en Don Benito, número 12, agosto de 1949.

[24] ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (FC-CAUSA_GENERAL, 1053, EXP.2) “Expediente correspondiente a la pieza primera de Don Benito, partido judicial de Don Benito. Ramo nº 36”.

[25] VALDÉS NICOLAU, Francisco: Cartas de Amor de Francisco Valdés a Magdalena Gámir 1932-1934. Prólogo de Manuel Hidalgo. Madrid, 1997.

[26] ZOIDO, A.: “Francisco Valdés” en diario HOY de fecha 28 de abril de 1968.

[27] Emotivas palabras dedicadas a Valdés por Pedro Pérez-Clotet, escritor de la Generación del 27, en enero de 1937.

[28] NIETO CABALLERO, G. (2016): “Otras voces de la Edad de Plata: Francisco Valdés, escritor y crítico literario” en Castilla. Estudios de Literatura, 7, pp. 652-670.

[29] VALDÉS NICOLAU, F. (1924): 4 estampas extremeñas con su marco. Valladolid, Viuda de Montero. Colección “Libros para Amigos” de José María de Cossío. Edición no venal de 200 ejemplares.

[30] VALDÉS NICOLAU, F. (1932): 8 estampas extremeñas con su marco. Madrid, Espasa Calpe. Edición no venal de 1000 ejemplares.

[31] PÉREZ FERRERO, M. (1932): “Las Estampas son Ocho” en El Heraldo de Madrid de fecha 7 de abril de 1932.

[32] VALDÉS NICOLAU, F. (1932): Resonancias (1925-1928). Madrid, Editorial Espasa-Calpe.

[33] PACHECO, I (1932): “Resonancias” en el diario Luz de fecha 29 de julio de 1932.

[34] PEREZ MARQUES, F. (1979): “Cartas a López Prudencio, crítico literario. Francisco Valdés” en Alminar, número 1, Diario Hoy e Institución “Pedro de Valencia”.

[35] HIDALGO, M. (1933): “Notas sobre Francisco Valdés” en Eco. Revista de España, junio 1933. Madrid.

[36] VALDÉS NICOLAU, F. (1980): Vida y Letras (Páginas electas). Madrid, edición de Magdalena Gámir Prieto y Manuel Luis Valdés Gámir, con prólogo de Manuel Hidalgo.

[37] PEREZ MARQUES, F. (1979): “Cartas a López Prudencio, crítico literario. Francisco Valdés” en Alminar, número 1, diario Hoy e Institución “Pedro de Valencia”.

[38] PEREZ MARQUES, F. (1979): “Cartas a López Prudencio, crítico literario. Francisco Valdés” en Alminar, número 1, diario Hoy e Institución “Pedro de Valencia”.

[39] NIETO CABALLERO, G. (2016): “Otras voces de la Edad de Plata: Francisco Valdés, escritor y crítico literario” en Castilla. Estudios de Literatura, 7.

[40] Archivo Municipal de Don Benito, Gobierno Municipal, Ayuntamiento Pleno, Libro de Acuerdos, Año 1939.

[41] Archivo Municipal de Don Benito, Gobierno Municipal, Ayuntamiento Pleno, Libro de Acuerdos, Año 1939.

[42] Archivo Municipal de Don Benito, Caja 616, Legajo 71, Expediente 2.

[43] Archivo Municipal de Don Benito, Caja 616, Legajo 71, Expediente 2.

[44] GONZÁLEZ MURILLO, S. (1953): “La Biblioteca Municipal “Francisco Valdés” en diario HOY de fecha 8 de septiembre de 1953.

[45] SÁNCHEZ, P. (1988): “La censura del silencio sigue “pesando” sobre el escritor Francisco Valdés” en diario HOY de fecha 27 de noviembre de 1988.

[46] GALLARDO DURÁN, J.M. (1989): “Valdés, en el olvido” en diario HOY de fecha 18 de febrero de 1989.

[47] GALLARDO DURÁN, J.M. (1989): “Valdés, en el olvido” en diario HOY de fecha 18 de febrero de 1989.

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