Fray Isidoro García Camacho

Nace en Don Benito el 2 de enero de 1774, imponiéndole el Sr. Cura los nombres de Juan Isidro. Perteneciente a una de las familias más viejas de la población, era hijo de Juan Alexandro Camachos y María Sánchez.

Era nieto por parte paterna de Manuel Camachos y de Isabel Rodríguez; por parte materna de Pedro Sánchez Pajares y Tomasa Menea.

Partida de bautismo de Juan Isidoro García Camacho

Pertenecía a la Orden de Santo Domingo, y se encontraba en el Convento de Dominicos de la Encarnación de Trujillo.

La casa de la orden de predicadores de frailes, dedicada a la Encarnación, se instaló en un primer momento en un monasterio suburbano bajo la advocación de Santa Catalina de Siena, en 1466. Años después, en 1489, se trasladó a las afueras de la ciudad, junto al camino Real de Sevilla, donde se había edificado sobre terrenos cedidos por el Ayuntamiento. El nombre de la Encarnación se debe a la calle y la plaza que tiene enfrente, que se llamó de la Encarnación hasta 1908.

Convento de la Encarnación de Trujillo

Cuando las tropas francesas invadieron Trujillo el 19 de marzo de 1809, Fray Isidoro se encontraba en el Convento. Algunos historiadores relatan que, el 5 de marzo de aquel año, habiendo salido huyendo esta Comunidad de Dominicos, que entonces era de 26 religiosos, fue destrozada esta Casa por los enemigos, saqueando su templo, quemados sus altares y holladas las sagradas imágenes, después de dar muerte al Prior que se negó a abandonarla.

La Comunidad de dominicos, a petición de su Prior, había sido autorizada por la Junta Local de defensa para abandonar el Convento, nueve días antes de la llegada de los franceses, ante el temor de los desafueros que usualmente perpetraba los soldados en los edificios y las personas de los religiosos. Los dominicos recibieron asilo en una casa de Trujillo, no volviendo a ocupar su convento, los que pudieron volver, hasta el año 1814, aunque poco les duró la estancia. Pues en 1820 el comisario político de Badajoz reclamaba la extinción y reforma de los frailes, y en 1836 se decretaba por R.O. la expulsión de los religiosos del convento, subastándose de sus bienes, por cuya venta se obtuvieron 56.000 reales, comprendidos iglesia y convento, terminando así la vida de los dominicos en Trujillo.

Corrían por aquellos días malos vientos para la causa española. Las desastrosas consecuencias de la Batalla de Medellín, ocurrida el 28 de marzo de 1809 en terreno municipal de Don Benito, donde se neutralizaron las ventajas adquiridas en Bailén, hicieron que la guerra, que pudo haber terminado felizmente entonces, se prolongara cinco años más. En dicha batalla, en la que un ejército francés al mando del mariscal Claude-Victor Perrin (llamado Víctor), duque de Belluno, derrotó al ejército español a cuyo frente estaba el General Cuesta (llamado Gregorio García de la Cuesta y Fernández de Celis), tuvo como resultado alrededor de 8.000 españoles muertos y 2.000 prisioneros.

Grabado de la batalla de Medellín

Muchos de esos soldados y, sobre todo, civiles que auxiliaban a las tropas, los denominados “paisanos” que encontraron la muerte en el campo de batalla eran vecinos de Don Benito, Medellín, Villanueva de la Serena y otras poblaciones cercanas. El Ayuntamiento de Don Benito se refería precisamente, algunos años después de la guerra, a los 300 naturales y 200 paisanos vecinos de Don Benito que fallecieron en la batalla “entre padres, hermanos y parientes que ayudaban a la tropa”.

Tras aquella derrota se abatió sobre Don Benito la nube negra del vencedor. Fueron seguramente aquellos días los más trágicos que jamás haya sufrido nuestra Ciudad. Incendios, saqueos, violaciones, asesinatos, de nada fue dispensado el vecindario.

Fray Isidoro regresó por entonces a Don Benito en compañía de su tío, Fray Juan Donoso, de su misma Orden y Convento, y aquí residieron al amparo de su familia desde 1809 hasta 1811.

El 7 de marzo de 1811 tuvo lugar en Don Benito un enfrentamiento entre las tropas francesas y españolas. La denominada Leal Legión Extremeña, al mando del Coronel inglés John Downie, junto con otras partidas dirigidas por otros tantos guerrilleros, batieron a una columna francesa en las calles de Don Benito, obligándoles a retirarse hasta Medellín.

En la tarde del 10 de julio de 1811 volvieron las tropas napoleónicas a Don Benito, esta vez procedentes de Villanueva de la Serena. Hicieron su entrada por la actual calle de Villanueva, que antes de la época de Fray Isidoro se llamó calle del Olmo, por uno muy alto que existía en el patio de una de sus casas, y que durante los siglos XVI y XVII se llamó calle Real.

El temor de la población a la llegada de los franceses se tradujo en frecuentes huidas hacia zonas más seguras. Así, el abandono de los pueblos se convirtió en una de las medidas más frecuentemente utilizadas por los vecinos para escapar de los excesos que solían cometer los soldados franceses. Como reconocían las autoridades de Don Benito, muchos vecinos tuvieron que ausentarse de la población durante varios meses, quedando la localidad a expensas de los franceses:

“…en la Guerra ultima con los Franceses quando se dio la Batalla de Medellín en estos Campos en donde pereció la flor de su juventud, que á vista de sus padres que les animaban fueron víctimas por su Rey, Patria y Religion; por cuya desgracia estos naturales se abandonaron por quatro meses á los Bosques, prefiriendo la havitacion entre las fieras á la presencia de los enemigos…”.

El nacimiento en el Cortijo de Valdegamas del que sería primer Marqués de Valdegamas, Juan Donoso-Cortés, ilustra bien sobre el sentimiento de pánico que debió apoderarse del pueblo. La familia de Donoso, ante el temor a los franceses, se había trasladado hacia el sur, concretamente a la dehesa Valdegamas. Allí nació Donoso un 6 de mayo de 1809, siendo bautizado el día 8 en la Parroquia del Valle de la Serena por el Párroco de Don Benito.

Aquel 10 de julio de 1811, Fray Isidoro salió a esperar al invasor francés a la entrada de la calle de Villanueva. Mil trescientos cincuenta y otro años antes, un Papa, San León I, salió de Roma para esperar a otro invasor; pero el bárbaro Atila fue más humano que el invasor francés al que Fray Isidoro suplicó piedad para Don Benito.

Plano de Don Benito en 1809

Tenía Fray Isidoro entonces 37 años, que no es mala edad para morir cuando se muere bien. No sabemos lo que pensaría este fraile dombenitense cuando se dirigía al encuentro de los enemigos de su patria. No sabremos nunca qué cristianas exhortaciones pronunció su lengua, ni que serena energía pudo sostener la entereza humilde del oscuro dominico español frente a los mostachos y las charreteras insolentes de los imperiales. No sabemos siquiera como se ejecutó el crimen repugnante, de qué vil manera los franceses consumaron el martirio. No parece probable que fuera fusilado. Más bien esas “manos violentas” consignadas en la partida de defunción sugieren la idea de la muerte al arma blanca, quizá a bayonetazos, entre las risas de la soldadesca francesa.

Fue un héroe dombenitense anónimo que no tuvo más pedestal que su propia grandeza ignorada y solitario. Hombres como Fray Isidoro son en verdad el emblema más perfecto de la generosidad humana.

Falleció el 10 de julio de 1811 a manos violentas de los franceses, en la entrada que éstos hicieron en Don Benito en la tarde de referido día.

No hay en Don Benito nada que recuerde a Fray Isidoro. Ninguna calle lleva su nombre, ningún niño, de los que juegan sobre su tumba conoce su existencia. Su cuerpo fue enterrado “en sepultura de dieciocho reales”, en algún punto del Cementerio viejo, por cuyo solar discurre el camino del actual Cementerio. Está en deuda Don Benito con Fray Isidoro García Camachos, el dominico que dio su vida por su pueblo.

Daniel Cortés González

FUENTES:

-Archivo Parroquial de la Iglesia de Santiago Apóstol de Don Benito.

-Diario HOY.

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