Isidro Caballero Merino

Un “héroe legendario” es un ser que realiza algo extraordinario y digno de elogio e imitación para la sociedad de su lugar y su tiempo, aquel que sacrifica parte de su existencia arriesgando valerosamente, mostrando virtudes que eran consideradas dignas: capacidad, solidaridad, trabajo generoso, empatía más que nada hacia la juventud. Deportivamente para mi generación, don Isidro Caballero Merino, fue un calabazón amante del deporte, particularmente del fútbol, que fue jugador, entrenador, secretario técnico, factótum de aquel Deportivo Don Benito durante media vida, cuasi 5 décadas… Y gratuitamente, con generosidad.

Escribo desde el respeto cabal y desgranando pasajes que mi memoria almacenó durante bastante más de medio siglo… Y he releído y tomado notas del magnífico libro “El Deportivo, una historia de fútbol” (1928-2008), de Ángel Coria Martín, auténtica enciclopedia deportivista, libro que tuve el honor y riesgo de pregonar y presentar el 14 de mayo de 2009, en una atestada Casa de Cultura. Algún dato cogí del archivo sobre Félix González Caballero y el Hospicio que escribió mi amigo Antonio Camacho Atalaya, donde aborda peripecias de los hermanos Antonio, José e Isidro Caballero, el primero hermanastro de los otros dos. Algo hallé sobre Isidro en “Cuadernos del fútbol”, de José Ignacio Corcuera y en prensa regional de la época.

Escribo, también, esta remembranza añorando aquel tiempo, la pérdida de seres muy queridos y cosas muy estimadas que entonces palpitaban…

Nació en Don Benito en 1917, hijo de Santiago Caballero González -hijo único de la hermana del fundador de la saga de Félix González Caballero, un personaje cuasi irrepetible- quien casó en primeras nupcias con Antonia Murillo Carpio, padre, pues, de Antonio Caballero Murillo; ya viudo, volvió a casar y tuvo dos hijos más: José e Isidro Caballero Merino. Puesto que don Santiago falleció en accidente en 1919, Isidro, lógico, nacería en fecha anterior.

Año 1946. Isidro, aún jugador, junto al meta Paniagua, “El Sastre”, Mera, Sansón; y abajo, Domingo, Horrillo y Santiago, todos dombenitenses; Herrera, portero, aquí de exterior zurdo. Foto: DISANCOR.

Los 3 hermanos fueron grandes aficionados al fútbol y dedicaron tiempo y tareas por el bienestar del Deportivo; José incluso como presidente, gerente, secretario técnico, directivo, etc.

“Isidro” -así solíamos llamarle- comenzó a jugar en el Deportivo Balompié -nombre original cuando lo fundó, en 1928, Vicente Sanz- en 1931, en Las Albercas; también lo hizo, esporádicamente, en clubes de Montijo, Badajoz y Mérida. Tras la guerra incivil, con el campo cerrado, defendió los colores rojiblancos jugando en el Campo de los Padres, cual llamamos al del Colegio claretiano, muy malo y duro, por cierto… Yo supe del club cuando ya era Deportivo Don Benito, en los 40, creado por Isidro Caballero y Francisco Gutiérrez que decidieron engrandecer el nombre de la Ciudad y cambiaron el “apellido” Balompié por Don Benito, siendo el primer presidente Emilio Escobar, en 1940 -al que conocí cuando ya era dueño del Hotel España, en calle la Corte-, al que sucedió, curiosamente, don Luis Gómez Requena, conocido profesor de Matemáticas en el Claret, que llevó la sede cerca de su hogar en calle Arrabal 4… Entonces el defensa central -la defensa la componían tres jugadores, incluso dos- era Isidro: alto, muy fuerte, abundante pelo rizado, bigotito, que “veía” el fútbol y sabía colocarse, eficaz en el juego aéreo y a ras pues era contundente… Isidro es el primer jugador rojiblanco del que tengo memoria viva pues era capitán, el de mayor estatura y fortísima complexión atlética… Y con él, al meta Domingo Herrera, hermano mayor de Paco, también portero, como Paniagua y Chacón -estos mejores cancerberos-, al lateral Santiago, pequeño y muy bravo, como Miguelillo, el inteligente y fino extremo Domingo Gallego, profesor del Claret, los alumnos Sansón -al cabo general de la Guardia Civil- y Toribio, también poderoso central; e incluso ví jugar de interior a “Sastre”, ya maduro, hermano de don Félix Rodríguez, al cabo presidente, padre del también directivo José  Antonio Rodríguez Mendo y su hermana, madrina del club… ¡entonces el Deportivo calaba en nuestras familias!… Y recuerdo de aquella época a los defensas Mera y Claro, que era de Zalamea y adoraba a Isidro; al joven Correyero, “Pitágoras”, Paco Horrillo, “Langosto”, Saavedra, Constante, Justo, Quino, Agustín Moya, Verea, Loly, Mero, Borde -todos calabazones-, Domínguez, Velilla, Sánchez, Zori, Soriano, luego Blesa padre, Valverde, Carbonell, el uruguayo Fernández, excepcional en todo, docenas de jugadores foráneos, profesionales que nos deleitaban las tardes de domingo y las mañanas de entrenamientos, en vacaciones… Y muy al cabo, tengo en la memoria a Adolfo Bahamonde -fue policía municipal y aún vivirá: incansable, menudo, rubito, interior, un bendito “loco” por su Deportivo que ni gratitud habrá recibido…- que muy joven, en los años 50, y cuasi de madrugada iba a entrenar a Las Albercas, duchándose con agua helada del pozo, como cada quisque, y permaneció en el club hasta la década de los 70: era yo presidente en 1971 y recuerdo que le otorgamos a Adolfo el trofeo a la deportividad, elegido entre cuantos compusieron la plantilla; acaso el futbolista que más años vistió la camisola rojiblanca… Ya a finales de los 50 vistió de rojiblanco, como juvenil, junto a los Casiano, Pegaso, Díaz, los Chaparro, Noni, Nono, Quiqui, Aure Gil, Félix “Gato”, y antes incluso con los Gómez, Pablito, etc.

Sin contar los que estuvo de jugador y de jugador/entrenador, Isidro ha sido quien más años dirigió al Deportivo. Comenzó ya en los 40 y siguió hasta los 60 con una temporada en blanco, cuando vino el internacional asturiano Ángel Tamargo, creo que en la 1952-53, con Isidro de secretario técnico. Volvió naciendo los 60, con “excedencias” hasta la liga 1974-75, falleciendo en 1976… Dichas “excedencias” fueron en la liga 60-61 siendo suplido por Juan Cerezo Palahy (catalán, excelente persona y personaje con cuya amistad me honré y que descubrió una pléyade de notables futbolistas dombenitenses que “alimentó” al Deportivo durante años, los Parejo, Diestro -genial-, Manolo -goleador, como Sosa, Mirandilla, Polillo, Fiky, Camacho, los Aparicio, los Chamorro-,¡ay si a José Mary le hubiere hecho falta currar para sobrevivir, qué calidad, cuánta frialdad, un figura!, como Mirandilla, Manzano, los Blesa, Cerrato, Víctor, Gª. Quintana, Gelo, Sucre, Camilo, Nico, Juan Carlos Moreno, extraordinario y muy bravo, etc.), y aún entonces estuvo Isidro en la gestora y fue directivo. De nuevo regresó Cerezo en la temporada 1966-67 e Isidro entrenó al Valdivia donde realizó una gran labor al punto de volver al Deportivo en la 1967-68 aunque faltó en las 68-69 y en la 69-70, sustituido por Juan Correa, exmeta deportivista, casado con la dombenitense Mary Pepa García Molina y habitante de nuestra urbe, adonde trabajó muchos años, aunque siempre relacionado con el fútbol. Correa también repitió en la 1972-73, con retorno de Isidro en la anterior: 1.971-72 para seguir de 1973 a 1975… En la 70-71 presidía yo y conté con Paco Parejo, jugador/entrenador, una institución en el club, y luego busqué de nuevo a Isidro, que siempre ayudaba, solo con canteranos. Y tras tres temporadas en blanco, retornó, con Manolo Escobar como ayudante, un joven muy serio. Estamos ya en 1971-72. Tras mi marcha, regresó Correa y en la 73-74 hubo tres técnicos: Blesa, al que no autorizó la Federación, no sé; Cerezo y de nuevo Isidro; yo era vice 1º, con Eloy Campos de presidente. Y llegó la 1974-75, postrera temporada de Isidro -y ganando el Campeonato de Aficionados en final apretada al Cacereño- como factótum del Deportivo, con Pepe Jerez de presidente. En ambas ligas quedó a un puesto del ascenso. La economía no iba y Jerez fue a dirigir otra empresa, un ascenso profesional, y se produjeron bajas de jugadores notables como Mateos y Oñi, etc. e Isidro -y lamento decirlo- se despidió con acritud criticando con dureza a las llamadas “estrellas” del once, diciendo una de sus famosas frases: “Quiero a jugadores que cuando sean suplentes desde el banquillo siempre anhelen el triunfo de sus compañeros y jamás sus fracasos…”. Uno de sus postreros equipos, lo formaron. Lucía; Camilo, Mangas, Oñi, Potencia; Hurtado, Mateos y Chamorro; Sosa y Sucre, con Manolillo Gallego, Viberti, Victor, Javi, Nico, Suso, Juan Muñoz, etc., suplentes, todos calabazones excepto Lucia -hoy un calabazón/navarro-, Mangas, Oñi, Mateos y Nico, mengabrileño.

Último año de técnico. Temporada 1974-75. Campeón de Aficionados: Isidro, Lucia, Mangas, Potencia, Camilo, Viberti, Oñi, Jiménez, Hurtado, Mateos, Chamorro y Sucre, más mi hijo Ángel Luis Valadés Hurtado, otro niño y Ricardo Blázquez. Foto: DISANCOR.

La 75-76 volvió Correa y luego comenzaron a arribar foráneos, como “Curro”, Desiderio Herrero, Uceda, Uriona, Ramoní, etc. hasta que un gran presidente, austero y sensato, José Luis Poderoso encargó a otro dombenitense, Antonio Ruiz, “Noni”, llevar las riendas del club al que Isidro Caballero dedico la mitad de su existencia con grandísima generosidad/responsabilidad…

Traté a otro Isidro Caballero, un señor: desde muy joven yo, me invitaba a su casa, al sótano donde tenía una bodega de buenos caldos: la primera vez, yo un chaval, me invitó un zumo pues le habían tocado miles de pts. en una quiniela; y, ya joven yo, solía avisarme para probar sus nuevos vinos, junto a su leal Ricardo Blázquez que le ayudaba en el trasiego; también cuando el Deportivo lograba algún triunfo resonante; o en su onomástico.

En los viajes solía leer más que nada a Jacinto Benavente: era normal que mostrase un librito en piel, edición pequeña, del que leía y comentaba algún párrafo; “Los intereses creados” se los sabía cuasi de memoria; y leía dramas similares a los que debieron producirse en la Extremadura de principios del XX, como “Señora ama” o “La malquerida”, fue un enamorado de la obra del Premio Nobel, poesías y sus picantonas “Cartas a mujeres” incluidas.

El 26 de diciembre de 1976, homenaje póstumo a Isidro: aquí su joven viuda e hijo, el alcalde Galán y su hija, Celestino Mera, Emilio Prieto, Sánchez Ibáñez, yo, Blázquez, Merino e Isidoro Martínez. Foto: DISANCOR.

Y él era tremendo en sus críticas plasmadas en cartas abiertas a la afición en el “HOY”; el libro de Ángel Coria plasma escritos y frases de Isidro que al margen de tales críticas era un señor educado y muy cordial. Ya a finales de los 40 denunciaba: “La afición de Don Benito (si es que existe) no ha sabido corresponder al sacrificio de una Directiva, buena o mala, pero lo que supone ostentar un cargo solo lo saben los que han pasado por él”; o da rubor confesar que el pueblo mayor de nuestra región no tenga una base sólida donde apoyarse y conseguir un equipo de categoría nacional, ya que si no nos guía esta aspiración no merece la pena molestarse…”. Siempre defendió a los directivos pues la afición asistía al fútbol “a mesa puesta”, decía, y no le faltó razón; mas no es habitual que un jugador o técnico ose criticar a la hinchada…Su hermano José, don Tomás Zuloaga, don Félix y otros también lo hicimos, pero siempre surgía alguien, algunos, salvadores de la situación de manera tal que el club jamás hubo de cambiar su nombre siendo la más antañona sociedad deportiva de la ciudad y cuasi la más antigua, excepto el Círculo de Artesanos.

Isidro apenas recibió reconocimientos aun cuando fuere reconocido en la Federación Bética, en la Extremeña y en la Nacional, y en el mundillo redondo del fútbol, como un personaje de leyenda. Poco antes de irme a la mili, el presidente don Félix Rodríguez -mi profesor particular de Matemáticas en Magisterio- me invitó a un homenaje a Isidro en verano, en la terraza del Bar Manolo, servido por el Gol con los cuñados Manolo Parejo y Fernando esmerándose en el servicio: me impresionó Isidro y hablaron don Félix y don Tomás Zuloaga que derramaron elogios sobre su figura vital para el Deportivo… Algún reconocimiento oficial recibió de la Federación, una medalla, e incluso yo, desde fuera del club ya, en la Navidad de 1976, poco después de su muerte, organicé un partido/homenaje póstumo al que asistieron su viuda e hijo, autoridades, federativos, etc., arbitrado por el internacional mundialista Pablo Sánchez Ibáñez, compadre mío, y una recaudación que superó los 50 mil duros de entonces.

De su entusiasta/experta mano viví un Deportivo pletórico ante el Sevilla campeón de Liga Española, 1.952; y ante todo un Barcelona, campeón de cinco competiciones nacionales e internacionales aquel mismo año, más disputar varias Liguillas de ascenso a una formidable Segunda División, mediados los 50, ante un sensacional Córdoba, Cádiz, Almería, etc.

Años 70. Responsables del fútbol extremeño saludan al entrenador dombenitense, Isidro Caballero (izq.). Foto: DISANCOR.

Y deseo finiquitar su emocionada biografía, con palabras de Ángel Coria, otro calabazón que ha currado muchísimo por el Deportivo al que ama, plasmando algo que hallé en su libro: “No sería exagerado decir que con el Sr. Caballero se había marchado el más importante entrenador local de todos los tiempos, no solo por el ingente número de temporadas que dirigiría al equipo o por haber vivido entregado a los colore rojiblancos durante cinco décadas, sino además por haber sentado cátedra como técnico dentro y fuera de la región, siendo considerado desde siempre uno de los entrenadores con más experiencia y conocimientos sobre el deporte del fútbol en su época. Además, e independientemente del cargo, podría considerarse al Sr. Caballero como uno de los pilares fundamentales del Deportivo a través de los tiempos sin el cual no se entendería la historia del Club. Desinteresado y altruista las más de las veces, respetado a la vez por jugadores, clubes y estamentos federativos, su persona y su apellido aportarían seriedad y estilo al Club rojiblanco, no habiéndose negado jamás al ofrecimiento de tomar las riendas del equipo incluso en situaciones de verdadera penuria económica y deportiva por lo que su memoria siempre perdurará en los anales rojiblancos”.

Ángel Jesús Valadés Gómez

ESTA BIOGRAFIA FUE PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”