Joaquín Terrazas del Hoyo

Corría el año 1912 y cuando ya el verano se desvanecía, a las seis de la mañana de un 18 de septiembre, nace en Retuerta (precioso pueblo de la provincia de Burgos), un niño al que bautizarían con el nombre de Joaquín.

Llamábanse sus padres Martín Terrazas Martín, labrador natural de Retuerta, y Catalina del Hoyo Santa María, natural de Hacinas (Burgos).

Fueron cinco hermanos, tres varones y dos hembras. Joaquín era el mayor de todos ellos.

Su niñez fue como la de otros tantos chicos de la comarca, se desarrolló en ese ambiente rural propio de los pueblos de Castilla, con mucho trabajo, deberes y lleno de alegrías y tipismos tradicionales, los cuales tiene tan arraigados (para su honra).

Por aquel entonces se combinaban a la perfección posible, las tareas de la escuela con las ayudas propias, cada uno en la medida de su capacidad, con los trabajos del campo, y de esta forma transcurrían los días.

A medida que iba creciendo, cada vez era mucho más patente, que él no había nacido para ese tipo de labores, pues no estaba preparado, ni anímica ni físicamente para estos menesteres.

Como quiera que en Miajadas (Cáceres), residía un tío soltero y consecuentemente sin descendencia se comenzó a barajar la idea de darle otro tipo de salida a Joaquín y de esta forma que sirviera también de ayuda al tío Mariano Terrazas Martín. Con esta solución se parcheaban en principio dos cuestiones, la de descargar un poco a la familia en Retuerta y la segunda dar a Joaquín la oportunidad de abrirse paso en otro ámbito distinto al campo; si esto cuajaba, podría al mismo tiempo, darle una sucesión al negocio de D. Mariano que a priori no tenía por descendencia directa. Vistas así las cosas y en la convicción de que era el mejor intento de solución, un buen día del año 1923, con apenas cumplidos los 10 años,  Joaquín viajó hasta Miajadas, lleno de incertidumbres, pero convencido de que ese mismo día, comenzaba para él una nueva vida, con una apertura de posibilidades que él sabía que no podía desaprovechar ni en lo más mínimo, ya que eran tiempos difíciles, donde había mucho que trabajar, mucho que aprender y no desperdiciar ni una sola de las enseñanzas, que provinieran de D. Mariano o alguno de sus colaboradores.

Comenzó a trabajar, como era lógico conociendo a D. Mariano, por abajo y en las tareas de aprendiz de todo. Se convirtió, por aquel entonces en una verdadera esponja, empapándose de todo cuanto se decía y se hacía, y en el silencio de las noches trataba de rememorar y grabar en su cerebro las noticias, los datos y experiencias vividas a lo largo del día. Con el transcurso del tiempo y de su ejemplar comportamiento, unido a sus buenos haceres, se fue granjeando la confianza de D. Mariano, con lo cual era casi peor, pues crecía su nivel de responsabilidades y aunque con ánimo de tomárselo con más calma, viendo que las cosas iban bien, ahora por las noches aún tenía más cosas en las que pensar; pero ya era distinto, puesto que veía de una forma convencido, que él a poco que se empeñase si podía controlar el día a día del negocio y cada día con más soltura y conocimientos, preparados, productos, etc.

Con este tipo de trayectoria, mucho trabajo y afán de superación, cada día se convertía más en la mano derecha de D. Mariano y lógicamente en su confidente para muchos asuntos relacionados con el negocio y otros menesteres, como suele decirse coloquialmente se convirtieron en “uña y carne”, pero eso sí, marcando las distancias y el respeto que al uso había en aquella época, pero que a la postre era mucho más real que el que hoy en día se estila.

D. Joaquín que nació soltero y con vocación de lo mismo, únicamente tenía tiempo para sus quehaceres del negocio y para su dedicación a la Iglesia de Cristo, que era donde invertía prácticamente todos sus ratos libres. Tal era su dedicación, que comenzó a cooperar en su parroquia en prácticamente todas las actividades que tenían lugar. Esto como es lógico creó en él una adicción, que mantendría con el paso de los años y que fomentaba a diario, aunque en los últimos años con pena de tener que abandonar algunas de ellas, como consecuencia de la incapacidad física en función de la edad.

Almacén del negocio “Sucesores de Mariano Terrazas, S.L.” en la calle Villanueva

Al fallecimiento en el año 1942 de D. Mariano, la firma Mariano Terrazas, S.L., quedó en las manos de D. Joaquín, que de la noche a la mañana se vio con el peso abrumador del negocio y todas las responsabilidades para él solo, con el agravante de que al mismo tiempo había desaparecido también, su consejero y asesor. Para él esto suponía una enorme carga de trabajo, problemas y conciencia, ya que tenía que hacer frente a todo y continuar con el negocio, manteniendo el prestigio conseguido por D. Mariano. Por entonces y desde hacía años, ya vivía con él su hermana Dominica. No obstante, y en vista de la situación, optó por una solución parecida a la de D. Mariano; instó a su hermano Cándido y a su cuñado Jesús, para que abandonaran sus respectivos quehaceres y se dedicaran junto a él, a continuar con el negocio familiar y a formar una piña en torno al mismo. Se realizó como era lógico un cambio de denominación social, pasando a ser “Sucesores de Mariano Terrazas, S.L.” y en principio continuando prácticamente con los mismos productos, que con el paso del tiempo y una vez trasladados a Don Benito, se incrementaron con otros muchos más artículos, los cuales permitieron crecer el negocio, a base de mucho esfuerzo, toda la dedicación posible en una unión familiar perfecta y con un equipo de colaboradores totalmente identificados con el mismo. El negocio estuvo instalado en la Avenida del Generalísimo Franco nº 48 (hoy Avenida de la Constitución), siendo una sociedad formada por el propio Joaquín, junto a su hermano Cándido, su cuñado Jesús Gutiérrez y su sobrina Emilia López Terrazas; previamente estuvo en los bajos del Palacete de los Marqueses de Valdegamas, en la calle Villanueva.

Con el paso de los años y el cambio de situación comercial, la aparición de la formación de Cooperativas, etc… llegó un momento en que surgieron las ofertas de coaliciones y de compras en firme del negocio.

Inicialmente se desoyeron las mismas, pero a fuerza de un análisis con vistas de futuro y siendo totalmente conscientes del rumbo que en breve plazo podrían tomar las acciones de tipo comercial, llegó el momento de estimar una de aquellas ofertas que para el mismo habían tenido. Llegado este momento, se optó por vender, una vez alcanzado un acuerdo económico, pero con una condición totalmente indispensable, la cual era la plena garantía de continuidad de todo el personal, con el mantenimiento de sus antigüedades y todo tipo de prestaciones de ámbito social y derechos adquiridos. Estas condiciones fueron aceptadas y la operación se realizó. De tal forma que el día siguiente de la firma de este acuerdo, todo el personal seguía en sus puestos, con todos sus derechos, con la única salvedad, del cambio de nombre de la compañía para la cual trabajaban. La sociedad que se quedó en el año 1970 con el negocio familiar fue el Centro Farmacéutico Nacional, S.A.

A su llegada a Don Benito en febrero de 1943, su primer amigo, al que ya conocía antes de llegar, Eloy Sánchez, le integró en su grupo de amigos, el cual con el paso de los años fue aumentando y disminuyendo. “Eran unos amigos maravillosos con los que compartí mi vida muchos años y como la mayoría sentíamos las mismas inquietudes religiosas, nos ayudábamos y nos potenciábamos mutuamente”. En 1944 tanto él como el grupo de amigos empezaron en la Acción Católica. No en vano era la Organización oficial de la Iglesia, potenciada y pujante en aquellas fechas. “Allí estábamos un grupo de hombres que nos estábamos formando y dispuestos a lanzarnos a las actividades que la jerarquía y las circunstancias fuesen demandando”. A partir de esta primera actividad eclesial fueron surgiendo todas las demás.

Con posterioridad a estos acontecimientos, con el transcurso de los años, se han vivido los distintos avatares que la vida nos depara a todos, jubilaciones, fallecimientos, bajas por incapacidades labores, etc…, pero D. Joaquín, una vez jubilado y descargado del peso del negocio, se ha permitido incrementar aún más si cabe su dedicación a otros menesteres, por los cuales ha sentido honda preocupación siempre, como La Conferencia de San Vicente de Paúl, Cáritas, Ozanam, así como otras muchas actividades de este tipo. Tiene, además de un reconocido prestigio como profesional, una inmejorable catadura como ciudadano, por lo cual es persona muy querida y respetada, en todos los ámbitos, lo que le ha llevado a la imposición de la Medalla de Oro de la Ciudad.

Con las siguientes palabras podemos constatar la faceta caritativa de D. Joaquín Terrazas, “la última hija de la Conferencia de San Vicente de Paúl, hasta ahora y ya con mayoría de edad e independencia, por tanto, es el Centro Federico Ozanam. Había un barrio en Don Benito, totalmente marginado, poblado en una parte del mismo, por gitanos. Había que redimir a esas gentes de la pobreza, del analfabetismo, y de la postración. Había que instruirles, que darles medios; había que elevar sus niveles”. D. Joaquín presidió las Conferencias de San Vicente de Paúl y el Centro Cultural Ozanam.

El 16 de junio de 1996, las Conferencias de San Vicente de Paúl y el Centro Cultural Ozanam, en agradecimiento de las actividades realizadas en pro de los más necesitados, le realiza un homenaje a D. Joaquín Terrazas.

Fue miembro de la Adoración Nocturna desde su fundación en 1954 (el 9 de diciembre de 1994 fue distinguido con el título de Veterano Constante de asistencia ejemplar). Miembro igualmente de la Real Archicofradía del Santísimo Sacramento y en resumen, colaborador entusiasta en cualquier actividad parroquial: Cofradía de Nazarenos, Junta Pro-Retablo Mayor, Misiones…

Con sus años a la espalda que le van curvando cada día más, su bastón y desgraciadamente su poca vista, tenía los últimos años de su vida como dedicaciones primordiales, su familia y sus quehaceres de tipo religioso, con los cuales llenaba día tras día.

Falleció en Don Benito el 27 de junio del año 2006, a los 94 años de edad.

Ángel de Ramón

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II”