José Antonio Gutiérrez Ortiz

Pueden servir para la biografía algunas de las bellas frases que pronunció su hijo don José Antonio, el pasado día 13 de agosto, en la iglesia de Santa María, con motivo de la misa del mes oficiada por el fallecimiento de su padre, don José Antonio Gutiérrez Ortiz. Dijo, entre otras frases:

[Don José Antonio] era un hombre con una imaginación prodigiosa, que le permitía vivir varias veces todas las cosas que hacía; mientras las ideaba, cuando las disfrutaba y cuando se recreaba generosamente en sus recuerdos. Además, tenía la extraña y poco común capacidad de transmitir esa ilusión a los que le rodeaban […]

[…] La escritura y la lectura le llevaban a recorrer escenarios míticos, que compartía con todo aquel que quería escucharle. Siempre tenía algún libro o documento antiguo que acababa de conseguir y que guardaba como un tesoro único, que con la mayor alegría y generosidad posible compartía con todos […].

[…] La ilusión que ponía en sus escritos era inenarrable, había que verle con su contagiosa sonrisa releyendo sus letrillas […]

[…] Como ha sucedido a todos los grandes hombres, su muerte ha servido para reivindicar su verdadera dimensión humana y la gran persona que era. Dimensiones y medidas de las que no éramos conscientes por lo cercano y cotidiano […]

[…] Su principal patrimonio residía en los amigos. Había muchas personas de toda clase y condición que le buscaban permanente para insuflar su optimismo. Los escritores, con los que compartía correspondencia permanentemente, valoraban su gran capacidad de comunicación y la singularidad con la que trataba a cada uno de ellos […]

[…] Ese encanto de Aurita ha sido su inmejorable compañera, hacían un equipo perfectamente complementado. Hasta cuando le regañaba, que no era muy frecuente, le alababa. Siempre le decía: eres como un niño chico. Esta frase le hacía reír y brillar su mirada, adquiriendo la admiración y complicidad de sus nietos. Sus nietos le han considerado uno más de ellos, su relación era entre iguales, sin ninguna diferencia generacional […]

En estas frases queda resumida su grandeza: Su humanidad, su maestría como escritor y poeta, el cariño y respeto por sus amigos y el amor hacia su familia, que comenzaba en la inigualable Aurita y seguía en sus hijos y, sobre todo, su apasionamiento por todos sus nietos, y últimamente, por su futuro bisnieto.

Pero para la biografía no solo bastan estas bellas frases, que podrían ser más producto del amor que de la realidad, aunque no lo son. Para esta biografía hay que recurrir a su extensa bibliografía, que es abundante e intensa. De esta manera podremos acercarnos más a don José Antonio. Intentaré resumirla y ofrecer lo que mejor pueda.

**********

Don José Antonio Gutiérrez Ortiz nació en Don Benito (Badajoz), el día 15 de abril del año 1934; hijo de Daniel e Isabel. Su padre, en aquella época, empresario, tenía sus negocios en Coria (Cáceres). Al estallar la Guerra Civil Española, su padre y madre, que estaban en aquel pueblo cacereño, quedaron cortados (término que usaba José Antonio) de él y de sus hermanos Daniel, Mauricio y Diego, los cuales por entonces vivían en Don Benito al cuidado de sus abuelos maternos y de su tía doña Concha, que después sería la esposa del médico don Anselmo Falcón. En Coria nacieron otros dos de sus hermanos: Gregorio e Isabel.

En el año 1940, una vez terminada la guerra civil, su padre, que ejercía ahora la profesión de sargento del Ejército del Aire (ejército recién creado), fue trasladado a Salamanca, y de aquí, dos meses después, a Ávila.

José Antonio Gutiérrez de niño (izq.)

En Ávila vivieron los seis hermanos, junto a sus padres, hasta el año 1953. En ella nacieron el resto de sus hermanos: Bernabé, Emilio, y Loli. En esta ciudad, José Antonio estudió en una de las escuelas públicas, de la que siempre ha guardado unos gratos recuerdos, sobre todo por las enseñanzas de su maestro, don Ulpiano, abulense de nacimiento. Fueron unas enseñanzas, según me dijo varias veces, cimentadas en el respeto hacia la gente, que luego le sirvieron mucho para su posterior formación humana y humanística. Al terminar el periodo escolar, comenzó a estudiar en el instituto, estando en él escaso tiempo, pues sus padres se vinieron a vivir a Don Benito. En Ávila vivió su niñez, conviviendo con sus amigos de la escuela. En esta ciudad conoció y jugó con quien muchos años después fuera el primer presidente del Gobierno en la Democracia, tras la muerte de Franco: don Adolfo Suarez, amigo de su hermano Mauricio, del que fueron vecinos.

Con respecto a don Adolfo Suarez, como anécdota, recuerdo muchas veces la fotografía que me enseñaba don José Antonio, cuando el señor Suarez visitó la Ciudad de Don Benito, en el año 1978. En ella podía observar cómo le obsequiaba un botijo de barro, mientras se abrazaban, ofreciéndole al candidato su clásica y bonachona sonrisa de labios abiertos.

Sus recuerdos de la niñez en Ávila y hacia don Ulpiano jamás los olvidó. Le marcaron, para bien, para su formación, como he escrito. Posteriormente, ya casado, fueron muchas las visitas que realizó, durante su vida, y junto con Aurita, a esta capital. Me dijo Aurita, su esposa, que le gustaba muchos estar allí, convivir con la gente conocida durante su niñez, con sus amistades adquirida con el tiempo y con su cuñada Boni. Era mucho el cariño que tenía a Ávila (nunca se pueden olvidar los juegos de la niñez), a Santa Teresa de Jesús y a su entorno, y, sobre todo (en distintas ocasiones me habló de él), mucho era el respeto que tenía hacia el Real Monasterio de Santo Tomás de aquella ciudad. José Antonio me decía que, en este monasterio, desde lo más alto del coro de la iglesia, los días que el sol resplandecía sobre Ávila, gozaba viendo que esos rayos de sol. Me decía que eran como ángeles que bajaban del Cielo con antorchas encendidas para iluminar el sepulcro del infante Don Juan, hijo de los Reyes Católicos. Se deleitaba hablándome de esa escena. Fue tanto lo que don José Antonio me habló de Ávila, que terminó influyendo en mí para conocerla y para conocer todo lo que él me había explicado en nuestras conversaciones. Varias veces, por culpa suya, la hemos visitado, y hemos compartido mi esposa y yo aquellos reflejos del sol sobre el sepulcro del Infante Don Juan. Raro era el día, en nuestras tertulias, bien con don Basilio Fernández y don Francisco Sánchez Quirós, o bien con don Tomás Chiscano y nuestras respectivas esposas, que no recordábamos o hablábamos de algún rincón de la capital abulense.

Cuando en el año 1953, con 18 años de edad, vienen a vivir sus padres y él con todos sus hermanos a Don Benito, don José Antonio, por problemas de salud, tuvo que retrasar, durante un tiempo, sus estudios. Una vez superada aquella crisis, comenzó de nuevo a estudiar, durante los tres años siguientes, en el Colegio Corazón de María de Don Benito, de los padres claretianos. En este colegio estudió los años de bachilleratos, para después continuar sus estudios en Salamanca, y terminando aquí la carrera de Practicante, como a él le gustaba que le llamaran. Al terminar la carrera, hizo prácticas en Badajoz, y después en Don Benito, junto al doctor don Francisco Peña, en el Hospital de San Antonio. Evoca con cariño, que su primer trabajo en el Hospital de San Antonio, sin haber terminado aún la carrera, fue ayudando al doctor don Francisco Peña para la extracción de una aguja que se había clavado una paciente.

Fue su primer destino, como profesional de la Sanidad, Valverde de Mérida, al conseguir la plaza como practicante de esa localidad. Posteriormente consiguió un nuevo puesto de trabajo en Torremejía, y en este pueblo, en el año 1960, contrajo matrimonio con su Aurita, a la que tanto amó y respetó todos los años que convivieron. Fue para él, la estancia en Torremejía, un lugar encantador y agradable, lleno de anécdotas y en donde yo creo que comenzó la inquietud por la intrahistoria de los pueblos, con sus decires, modismos y coplillas (términos que recoge en uno de sus libros), empapándose de la vida del pueblo, con sus vivencias y sus personajes. Todo ello le sirvió después para recoger y recopilar y modelar las vivencias de Don Benito, que las fue trasladando a los relatos con los que nos ha obsequiado en sus distintos y variados libros y artículos.

Recuerdo que me comentó en una de nuestras muchas tertulias que, cierto día, en Torremejía, tuvo que atender a un accidentado de tráfico que sangraba copiosamente a causa de una herida de una de las piernas, y temía por ella. No estaba en aquel momento el médico del pueblo. Su buen hacer salvó no solo la pierna de aquel accidentado, también la vida. Pasado un tiempo, el accidentado lo visitó y se lo agradeció. Esto que le sucedió siendo joven hacía presagiar el buen futuro que iba a tener como profesional –practicante–, como años después lo demostró en su ciudad de Don Benito.

Años más tarde, como si quisiera dar larga a sus inquietudes y andaduras, y también para cuidar un poco más sus ingresos (ya tenía tres hijos, nacidos todos en Don Benito: Encarnación, José Antonio y Daniel), marchó a Barcelona. Al principio trabajó como viajante de pieles de chinchillas en una granja de aquella capital catalana, hasta que el negocio quebró. Posteriormente marchó a vivir a Alella, pueblo de la provincia de Barcelona, perteneciente a la comarca del Maresme. En él trabajó como representante de una casa italiana dedicada a la venta  de lámparas de cristal de Murano. En Alella, nació su hija Aurita. Años después, apremiado por algunos compañeros de profesión y por su familia, regresó a Don Benito, y, al jubilarse su colega Nogales, tomó posesión de la plaza como practicante, que aquél tenía en la Casa de Socorro; aquí trabajó junto a su amigo y también colega Martín Mera, alternando este trabajo con la representación del laboratorio Alter.

En el año 1975, al ser inaugurada, la Residencia Sanitaria Juan Sánchez Cortés (hoy, Hospital Don Benito-Villanueva), consigue un puesto de trabajo en ella como ATS. Al principio, lo hizo como ayudante de quirófano y más tarde, como supervisor del turno de noche. Posteriormente solicita traslado y consigue la plaza como ATS en el Servicio de Urgencias del Ambulatorio de Don Benito. Fue, estando en este servicio de salud, donde escribió su primer libro: Vivencias de un sanitario… y otras exageraciones, en el año 1983 (autoedición), donde, como dice el autor, quiso manifestar su respeto y cariño a la familia sanitaria con un estilo de poesía libre, con el fin de arrancar una sonrisa.

Se puede decir que don José Antonio fue un trotamundos, una personalidad de carácter inquieto y… elegante en el vestir. Esta personalidad, aparte de convertirlo en una persona pintiparada en la forma de vestir, lo convirtió en un ser ligado con la sociedad en la que vivía (muy favorecido por su profesión de practicante) y en un buen escritor. Él buscaba y encontraba. Buscaba la vida de la sociedad de su pueblo y la encontraba en la intrahistoria –con sus anécdotas–, en los comentarios, en las distintas experiencias y en las sátiras; jamás estas últimas fueron ofensivas. No era un hombre entrometido e imprudente, era un hombre que buscaba al hombre y sus costumbres pueblerinas, sumergiéndose en ellas, para entresacar y enriquecer la intrahistoria y así presentarla a la sociedad. De esta forma, a través de sus escritos, hemos tenido conocimiento de cómo fue la vida del lugar. Ese carácter suyo, tan abierto y campechano, con mucha facilidad para dialogar y atraer con su excelente humor a las personas, esa inquietud suya de querer saber y conocer todo y a todos, le condujo a relacionarse, con el paso de los años, con personalidades nacionales de la vida cultural española.

Don José Antonio en cierta ocasión había oído hablar del poeta granjeño don Lorenzo Medel, y se propuso buscarle para ofrecerle su amistad. Y lo encontró, tras previa cita, sentado en la terraza de un bar, junto a su esposa, Manoli, en Villanueva de la Serena. A partir de aquí, tras ser presentado por don Lorenzo, nació su gran amistad con la poetisa doña Efi Cubero y don José Miguel Santiago Castelo, todos ellos también granjeños, que poco a poco le fueron introduciendo en el mundo cultural e intelectual.

Para él no solamente eran intelectuales aquellos que gozaran de alta valoración cultural, también lo eran aquellas personas que le enseñara, con su sencillez, a conocer mejor la vida. Por eso no dudó de la amistad de su amigo el Turronero, un filósofo del pueblo, como él lo llamaba, y del que tantos pensamientos quedaron en su interior para enriquecerlo y exponerlo en sus escritos. Y no menos infravaloró al Sastrecillo, poeta de un estilo satírico e irónico, del que hizo una recopilación de todos sus poemas para también arrancarnos una sonrisa y ayudarnos a pensar con la filosofía popular. En reconocimiento al estilo y sátira, la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito, en el año 1996, editó aquella recopilación con el título de Antología Poético-Satírica José Ortiz “El Sastrecillo”. Se puede decir que el Sastrecillo influyó mucho en don José Antonio para escribir parte de sus coplillas (que, en muchas reuniones de amigos, José Antonio nos hablaba y nos hacía provocar una sonrisa con unas coplillas ideadas por él al instante).

Sin dejar de lado su saludable estilo satírico, no se pueden olvidar sus romances al Choto de San Gregorio, donde cada año satirizaba lo más relevante de la política nacional, regional o local. Recientemente, en el mes de mayo de 2015, la Diputación Provincial de Badajoz editó el último libro de don José Antonio: Los alegres Chotos de San Gregorio, en el que recoge 32 semblanzas satíricas.

Era un enamorado de los actos culturales populares. Lo mismo participaba en algún acto cultural en Tenerife, que en Hervás (localidad que visitaba con asiduidad), coincidiendo con las fiestas de los judíos, o que presenciaba con respeto la procesión del Cristo Negro, en Cáceres, al que algún artículo escribió, o que asistía a la Octava del Corpus, en Peñalsordo, etc.

Don José Antonio era una persona necesitada de la cultural tanto local como extremeña (de tantos viajes, muchas veces bebió de la cultura de Hervás), sin olvidar que también bebía de la cultura castellana, sobre todo de su Ávila. Y esa necesidad cultural le ha conducido a un largo camino bello y triunfal, en su trayectoria como escritor, para plasmar sus sentimientos, sobre todo populares, en distintos libros, aparte de los ya mencionados. Entre ellos, Cosas de mi tierra, autoedición, en el año 1885; Breve recopilación de modismo, decideros y coplillas populares, editado, en el año 1988,  por la Concejalía de Cultura, 1988; Biografías Dombenitenses (entre los siglos XIX-XX) de cuya edición, en el año 1999, por la Concejalía de Cultura, fue director, coordinador y colaborador; Cosas de mi tierra (2ª y 3ª edición,  por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito, años 2003 y 2009, respectivamente), Un paseo por el paseo (1ª edición en 1911, por la Concejalía de Cultura; 2ª, fue autoedición, año 2011). Junto a esos libros, cabe también destacar los muchos artículos escritos en periódicos y revistas tanto de ámbito local como regional. 

Hay que considerar que don José Antonio fue muy bien acogido en el mundo de la cultura, pues tenía una personalidad intelectual y literaria propia.

Don José Antonio fue un buscador e investigador de la intrahistoria de su pueblo, como he escrito, y creyó en ella como instrumento para mantener y ofrecer la sociedad que existió (y existe), con sus antecedentes y con el presente; saco del baúl aquella historia popular que quedaba en el olvido de la Historia oficial. Lo hizo muchas veces no solamente ofreciendo la realidad, sino también cultivando el difícil arte de la ocurrencia oportuna y el chascarrillo, pero siempre cargado e impregnado de historia tradicional del pueblo, que era para él la sabiduría y filosofía que movía a todos los individuos que componen la sociedad en la que vive y convive.

Creyó en la intrahistoria, sí, como valedera y valedora de la sociedad en la que se forma y vive un pueblo, en este caso, su Don Benito. Creyó y era partidario de promocionar y aupar a la gente sencilla por su trabajo, y también los hechos sencillos, porque ahí veía él la grandeza de los pueblos. Con respecto a esto, recuerdo, siendo yo presidente del casino de Don Benito, Círculo de Artesanos, invité a don Tomás Chiscano Andújar y a él a participar en una mesa redonda sobre Don Benito y Villanueva, en la que fui el moderador. Recuerdo que en aquella ocasión don José Antonio, rememorando la sencillez de algunas personas, propuso que se debería levantar un monumento, entre otros, al vendedor de garbanzos tostados que con frecuencia venia, hiciera frió o lloviese, con su burrillo, desde Villanueva de la Serena a Don Benito; deseaba que se le recordara en un camino o en un una de las plazoletas de Don Benito, haciéndole algo parecido al monumento que hay en una plaza de Cáceres en recuerdo a la vendedora de periódicos. Siempre supo sacar su jugo a sus personajes, fuesen políticos, profesionales, obreros o forrajeros, al modismo y a la sociedad, para ofrecernos lo bueno y, por qué no, también lo malo que hay en cada uno, pero sin agraviar ni deshonrar.

Su inquietud cultural y el amor y respeto a la intrahistoria, le llevó a participar activamente en la vida de la cultura dombenitense, no solamente con sus libros y escritos, sino también con pregones de fiestas, tanto en Don Benito, como en Madrid, en Peñalsordo, etc., o con un pregón de Semana Santa en Don Benito, en el año 2005, o con las tertulias en la radio, o en tertulias de café, donde algunos amigos podíamos disfrutar de su humor. En estas últimas, cuando el dialogo se hacía algo tenso o cargante, él lo cortaba con sus chascarrillos, siempre en relación con lo que estábamos hablando, y casi siempre comenzaba: como le sucedió una vez a Guillermo…, y así la animaba más. Era una persona con diálogo y verbo fácil, fluido y atractivo, y lleno de humor, que atraía a la gente y hacía, a causa de ello, fácilmente amigos.

Don José Antonio, con algunas de sus actuaciones culturales, ejerció una gran influencia en la vida socio-cultural de Don Benito por su excelente protagonismo, como a continuación relataré varios acontecimientos, aunque sea brevemente.

Hace algo más de 40, recién llegado de Alella, junto a algunos vecinos del barrio de San Gregorio de Don Benito, sintiendo la decadencia de las fiestas de dicho barrio, constituyó con aquellos la Asociación de Vecinos del Barrio de San Gregorio, de la que fue presidente durante muchos años, con el fin de recuperar y animar dichas fiestas. Fue entonces, bajo su presidencia, cuando las fiestas del Barrio de San Gregorio comenzaron a animarse, animación que persiste hasta ahora. En estas fiestas fue donde buscó y encontró la identidad y protagonismo del famoso “y alegre choto” de San Gregorio. El Choto, coincidiendo con las fiestas de dicho barrio, es desde entonces rifado con fines benéficos. Tanto las fiestas como el choto han sido acompañados de las correspondientes semblanzas escritas por él a modo de coplillas.

Siendo presidente de aquella Asociación, logró que la Plazuela del Cuervo, como hasta entonces se la conocía, fuera cambiada su nombre por el nombre de Plazuela de San Gregorio. Y allí consta, sobre una placa de color negro, una coplilla escrita por don José Antonio, en memoria de aquella plaza; y dice así: “Al ponerme San Gregorio/ que es un nombre muy bonito/ para siempre me espantaron/ ¡ese pájaro maldito!”. En la actualidad, don José Antonio es Presidente de Honor de dicha Asociación.

Fue presidente del Centro Recreativo Círculo de Artesanos desde el año 1988 hasta el año 1992. Durante los cuatro años de presidencia, este casino sufrió unas grandes innovaciones, en cuanto al mundo de la cultura. Entre ellas, las siguientes: Don José Antonio, tal vez por amistad, consiguió traer, a los salones del Círculo de Artesanos, a la compañía de teatro Hurtado Gómez para representar una comedia, con gran éxito. Por otra parte, se preocupó porque la música ocupara en dicho casino un lugar de privilegio, y así, entre otros conciertos, consiguió que el casino se vistiera de gala con la Orquesta de Cámara de Badajoz, y posteriormente, con otros conciertos, como el de los Jóvenes Valores del Conservatorio Municipal, un concierto de la Banda Municipal de Música, un concierto de violines del Conservatorio Municipal de Música, etc. Organizó y realizó, también desde dicho casino, varias excusiones turísticas, como fueron al Valle del Jerte, a Hervás y sus alrededores, a la Vera, a Madrid, Fátima, La Alberca, etc. No faltaron, durante su presidencia, exposiciones variadas, tales como una exposición de pintura de pintores extremeños o la exposición escultórica en maderas exóticas del padre claretiano Segundo Gutiérrez o la exposición de centros navideños realizada por doña Antonia Carmona. El Círculo de Artesanos de Don Benito, bajo la presidencia de don José Antonio vivió unos aires frescos de cultura, aunque a veces, como sucede en estos lugares, con inmerecidas críticas discordantes. 

En el año 1998, con motivo del 50º Aniversario de la fundación de la Biblioteca Pública Francisco Valdés, don José Antonio contribuye, de una manera muy significativa, a la creación del Premio de Periodismo Francisco Valdés, el cual continúa hasta hoy. El primer premio fue, en aquella ocasión, para el periodista y escritor leonés Antonio Manilla por el artículo Tindaya, publicado en el Correo de Andalucía, el día 16 de enero de 1998. El 8 de mayo, con motivo del XVIII premio de periodismo “Francisco Valdés”, don Mariano Gallego Barrero, alcalde del Ilustrísimo Ayuntamiento de Don Benito, le concede la Insignia de oro de la Ciudad de Don Benito por su contribución a la creación de dicho premio.

Durante los primeros años del presente siglo, Don Benito disfrutó de una gran renovación y revolución cultural, al menos para mí. El Hotel Vegas Altas, a través de su director don Ángel Camino, y durante los meses de invierno, convocó diversos actos culturales, siendo las conferencias las principales protagonistas, y siempre variadas en cuanto a su género. En estos ciclos de conferencias también colaboró, de manera muy primordial y con mucho celo, don José Antonio, dándole mucho prestigio a esos ciclos, junto a otros intelectuales de Don Benito y Villanueva de la Serena, tales como don Ángel Pérez Casado, don Antonio García Isidro, don Julio Ramos, don Manuel Rodríguez Bariego, don Antonio Barrantes Lozano y don Víctor Guerrero Cabanillas. Fue una época de mucho éxito cultural en Don Benito.

No quisiera terminar esta breve biografía de don José Antonio Gutiérrez Ortiz sin hacer unas reseñas sobre dos aficiones suyas, que, aunque sean simples, han formado parte de su personalidad. Una, el mimo y cuidado que tenía a su albarillo en su campo, de cuyos dulces y sabrosos frutos éramos partícipes los amigos que formábamos parte de la tertulia. Otra afición que conocí de él, era la ilusión por aliñar las aceitunas; su especialidad en estos aliños era para las aceitunas “rajás”, que eran alegradas con suficiente vinagre, y las conocidas como aceitunas del año, que aliñaba guiado por una generosa corona de huevo. También con ellas nos hacía partícipe a los tertulianos.

Guillermo Paniagua Parejo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s