José Gil Loro

Nace en Logrosán el 23 de enero de 1884, siendo hijo del matrimonio formado por Juan Gil Jiménez y María Loro Saavedra.

Desde muy pequeño sintió una verdadera vocación al sacerdocio, brillando siempre su preclaro talento e inteligencia, unidos a sus excelentes virtudes.

Hizo sus estudios con gran aprovechamiento en el Seminario Diocesano y Universidad Pontificia de Toledo, donde le concedieron el grado académico de Licenciado en Sagrada Teología.

Iglesia Parroquial de San Mateo en Logrosán

Fueron varios los cargos que le confiaron sus superiores y que desempeñó con verdadero celo de apóstol: Coadjutor de Logrosán, Profesor de Latín y Director de Externos del Seminario de Plasencia, Regente de Almaraz, Capellán de San Juan y de Santiago de Don Benito, Regente de Ntra. Sra. de las Angustias de Navalmoral de la Mata, Ecónomo de Santa María de Guareña, Párroco de Garcíaz y finalmente Párroco de Santiago de Don Benito desde 1928.

Iglesia de San Andrés en Almaraz

El advenimiento de la Guerra Civil le sorprendió en Don Benito, de donde no quiso en forma alguna salir por no abandonar su grey, ni tampoco quiso ocultarse porque de Él: “No quiero comprometer a nadie”.

Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol en Garcíaz

Al arrebatarle los milicianos las llaves de la Iglesia, fue autorizado para llevar el Santísimo Sacramento a su casa, donde le adoraba constantemente en unión de algunos caballeros cristianos. Celebraba el Santo Sacrificio en casa del escritor dombenitense Francisco Valdés, vistiendo el traje talar hasta doce días antes de su santa muerte, que ingresó en la cárcel, donde le molestaron infinidad de veces haciéndole comparecer en varias checas como si fuera un malhechor.

Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Don Benito

Fue despojado de todos sus bienes y, el día 4 de septiembre por la noche, le sacaron de la cárcel recorriendo de nuevo todas las checas y, en la madrugada del día 5, fue fusilado junto a las tapias del Cementerio Municipal en compañía de Francisco Valdés y el abogado don José Sanz del Campo. Estos dos señores, abatidos ante la muerte cruel, fueron solícitamente consolados por don José Gil Loro, que les decía: “Hermosa y preciosa muerte la que sufrimos por Dios y España; pronto iremos a Dios, pues damos la vida por Él”.

Al salir de la cárcel dio al carcelero trescientas pesetas que tenía, con el encargo de que se las repartiera a los pobres. Su carácter, que solía ser serio, estaba en aquel momento trágico, alegre y festivo.

Antes de ser fusilados, pidió le dejaran hablar. Le fue concedido y se ignoran sus palabras, mas es cierto que el miliciano encargado de su ejecución, al oírle, se negó a cumplir la misiva horrible y espantosa y, entonces, este varón de Dios, Sacerdote Santo, le dijo: “No seas tonto, cumple lo que te mandan, tú no eres culpable y, si no lo haces, corres peligro de ser fusilado. Te perdono”. A pesar de esta insinuación, el miliciano se negó terminantemente a fusilarle; mas otro miliciano de Don Benito, dijo: “Ya que tú no eres capaz, lo haré yo”. Y don José Gil Loro entonces le pidió el último favor: “¡Déjame morir en Cruz como mi Maestro!”.

Y así murió este Sacerdote ejemplar, con una sonrisa tan pronunciada en sus candorosos labios que, el desgraciado miliciano, atacado fuertemente de nervios, decía: “¡Esa sonrisa, esa sonrisa!”, falleciendo en un manicomio.

En la noche del 4 de septiembre de 1941, con motivo del 5º aniversario de la muerte de don José Gil Loro y otros dombenitenses, el abogado de Don Benito don Vicente Ruiz de Medina pronunció unas palabras, cuyo fragmento es el que sigue:

 “…Y, ¿qué decir del venerable D. José Gil Loro? A su recuerdo mi alma se anega de dolor y mis ojos se cuajan de lágrimas…, yo y vosotros fuimos testigos de su acendrada unción, de su celo apostólico, de su serena austeridad, de su ingenua sencillez, de su afabilidad suavísima, de su caridad sin límites…

Mientras me reste un aliento de vida, yo no podré olvidar mi última entrevista con aquel santo varón. Desde el infausto 19 de julio, yo le visité dos o tres veces, en las que fui a interesarme por su salud y bienestar… y también con el íntimo anhelo de postrarme en callada y sentida oración ante mi Divino Señor, Jesús Sacramentado; porque habéis de saber, que allí en la modestísima casa curato, en una retirada habitación, entre humildes y diversos enseres domésticos y reservado en un pobre armarito de pino, nuestro venerado D. José guardaba el Santísimo Sacramento y allí le consagraba ferviente adoración y acatamiento constante y grandísimo.

Pero un día, en las postrimerías de agosto, llegó a mi retiro familiar la ingrata noticia de que al Sr. Cura le hicieron la noche anterior un minucioso registro domiciliario, y sin perder minuto me trasladé a su casa y ya ante él, le pregunté con gran ansiedad:

-¿Y el Santísimo?

-Donde siempre -me repuso tranquilo-. Venga V.

Y me condujo a la habitación recóndita y allí recé mi estación con más fervorosas ansias, con más despacioso y dulce recreo que nunca.

Cuando salimos a la habitación inmediata le interrogué de nuevo:

-¿Y el registro?

-Nada -repuso-. Lo vieron todo y todo lo revolvieron. Se llevaron papeles y… ¡nada más!

-¿Y ahí? -inquirí con renovada inquietud y señalando a la habitación convertida en santuario.

-Ni entraron siquiera; estuvieron en este mismo cuarto en que nos hallamos, rebuscaron y registraron todo, hasta esa alacena; pero ni miraron siquiera esa puerta, ¡como si no existiera!

Después de una pausa añadió:

-Pero mañana… si no me buscan antes, consumiré las dos formas que quedan.

Y callamos ambos en un profundo y dolorido silencio. Y luego… luego… me arrodillé ante Él… y apenas acabó de trazar sobre m humillada cabeza una amplia y absolutoria bendición, le besé las ungidas manos y salí para no volver a verle jamás. Pocos días después le encarcelaron y algunos más tarde caía acribillado por las balas asesinas.”

Don José Gil Loro falleció asesinado por fusilamiento frente a las tapias del Cementerio Municipal de San Antonio en Don Benito, el 5 de septiembre de 1936, entre las tres y las cuatro de la madrugada.

FUENTES:

-TORREJÓN BARBA, Juan (1940): “José Gil Loro” en Flores de Martirio. Los Sacerdotes Inmolados de la Diócesis de Plasencia, Seminario Diocesano, Plasencia.