Josefina Cerrato Banda

Corría el año 1946… apenas habían pasado diez años desde el comienzo de la Guerra Civil y España andaba aún sumida en una dura posguerra. A pesar de todo, Josefina Cerrato, con tan solo 18 años, se disponía a abrir su fábrica de alpargatas. Era un sueño largamente acariciado, ya que, como nieta de Patricio Cerrato, pertenecía a una familia de zapateros.

Josefina había nacido el 1 de septiembre de 1928, siendo la pequeña de las dos hijas de Pepe y Antonia. La Guerra Civil supuso un antes y un después, ya que matan a su padre en los primeros meses de la contienda y ella, su hermana y su madre, ya viuda, se trasladan a vivir con los abuelos maternos a la calle Tesoro.

Pese a los duros avatares de la época, Josefina y su hermana Pilar tienen la suerte de poder asistir al Colegio Santo Ángel y disfrutar así de una educación académica; lo que no deja de ser un cierto privilegio para la época, más aún siendo mujer.

Con doce años viaja por primera vez fuera de Extremadura acompañando a su madre y a su hermana Pilar a Navarra, donde ésta ingresa en la Congregación de las Franciscanas Misioneras de María. Pilar se queda en Pamplona y ya nunca regresará a casa, lo que supondrá una dura separación para las dos hermanas que estaban muy unidas.

Cuando en la adolescencia termina el colegio, Josefina se prepara con clases particulares de contabilidad y administración. Y con el único apoyo de su madre, su espíritu emprendedor y grandes dosis de duro trabajo, consigue sacar adelante su fábrica y montar una red comercial para vender en toda Extremadura. Sus alpargatas triunfaron, ya que a los diseños tradicionales y artesanales decidió incorporar tejidos de calidad y gran colorido, algo muy innovador en aquella España gris. Tras este primer éxito decide abrir una tienda en Don Benito, donde la tradición local obligaba a estrenar zapatillas para “La Jira” del Domingo y el Lunes de Pascua, organizándose en las fechas clave tal aluvión de público, que alguna vez tuvo que intervenir la Autoridad para poner orden en la cola de clientes.

Pero sería imposible entender toda esta trayectoria sin el apoyo y la colaboración del hombre de su vida, Pepe Blázquez. Una relación que comenzaron siendo niños y que se mantuvo mientras él estudiaba su carrera de Derecho en Madrid y comenzaba su trayectoria profesional. Pepe y Josefina se casan en octubre de 1955 en una ceremonia bastante íntima en Madrid. Fue en Madrid porque solo así su hermana Pilar podía verla vestida de novia, pues las estrictas normas de entonces prohibían a una religiosa desplazarse y asistir a cualquier celebración.

En los siguientes años el cuidado de su familia, que continúa creciendo hasta alcanzar ocho hijos, va absorbiendo todo su tiempo, si bien nunca abandona el contacto diario con su empresa. Y a mediados de los años 60 llega el momento de tomar decisiones difíciles, puesto que, debido a las nuevas tendencias y tecnologías, como los vulcanizados, tiene que cerrar la fábrica y reconvertirla en almacén; nuevo negocio que puso en marcha aprovechando y ampliando la red comercial abierta con sus alpargatas.

En 1975 su vida da un tremendo vuelco: Pepe enferma de cáncer y muere el 11 de Julio. Con 46 años se ve sola con sus ocho hijos pequeños, su negocio y los que había emprendido su marido. Profundamente creyente, se apoya en su Fe para sortear los peores momentos, participando en las catequesis y otras actividades de su parroquia, Santa María.

A pesar de todo consigue dar estudios universitarios a sus hijos y sigue estando ahí el tiempo necesario hasta que ellos se van abriendo camino por sí mismos. Al mismo tiempo, sin dejar de participar activamente en los Consejos de Administración de las empresas fundadas por su marido, reorganiza la zapatería y traspasa el almacén, adaptándose con la flexibilidad que requiere un mercado complejo y siempre en evolución.

En estos años madura y saca adelante otro gran proyecto concebido por Pepe, su marido, y que será su gran obra: el edificio de la Galería Central. Un pasaje comercial que une la calle Ramón y Cajal con la calle Esquero, en el que quiso dar cabida a todo tipo de negocios y que se inaugura a finales de 1992, manteniéndose en la actualidad.

Fachada de la actual tienda en la calle Ramón y Cajal

Tras este gran esfuerzo llega el momento de la jubilación. Con dos de sus hijas en la zapatería y los otros seis encarrilados en su vida laboral, puede dedicarse más intensamente a su vida familiar, volcándose en el cuidado de sus nueve nietos a los que adoraba, pero manteniendo siempre el contacto con sus empresas.

Si algo la define es la fuerza y la entereza que impregnó toda su vida, a pesar de los reveses sufridos. Y al volver la vista hoy hacia ella, se nos hace más presente su imagen y ese don que tenía de decir lo que pensaba, siempre con agudeza y claridad, lo que si alguna vez le ocasionó algún problema nunca tuvo mayor consecuencia.

Falleció en Don Benito el 11 de noviembre de 2009, a los 81 años de edad.

Familia Cerrato Blázquez

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES III”