Juan Sánchez Sánchez

Nació en Don Benito el 17 de abril de 1909, en el número 2 de la calle Vista Hermosa, siendo el mayor de los siete hijos habidos del matrimonio formado por Manuel Sánchez y Cecilia Sánchez.

Su padre, que era un currante, para sacar adelante a la prole, creó una “empresa” y sus “socios” fueron todos sus hijos que, desde niños, trabajaron el agro, tomando tierras en aparcería, sudando de sol a sol cada jornada, aunque tuvieren que ir a Mengabril o a Manchita… “antes de cumplir diez años ya tenía que trabajar. Así forjé mi porvenir, con la mancera y la hoz, trabajando día y noche me fui haciendo mayor”.

Y así, llegado su tiempo tuvo que hacer la mili en la Comandancia de Intendencia, en Madrid, como ayudante de panadería, por lo que al menos jalaba a conciencia, a ver.

También llegado el tiempo de formar familia casó con su único amor, una bella calabazona de azules ojos: Atocha Rodríguez Muñoz, un 26 de octubre de 1935, en la Iglesia de San Juan, que funcionó hasta la guerra incivil, aunque muchos años más tarde ha vuelto a ser parroquia. Su atocha le dio dos hijos, Manuel y Sebastián, que viven y que le acogen un mes cada cual: el abuelo Juan confiesa que se adaptó bien a las costumbres de sus nueras, Cecilia y Manuela, que le dieron además 4 nietos y 7 biznietos.

En agosto de 1936 nació su hijo Manuel, hubo alegría por ese niño “rubito como el sol”, pero…: “de la alegría de mi hijo, muy poco disfruté yo: la guerra, maldita guerra, de ellos me separó…”, exclama callado. Al cabo fue movilizado por el Ejército de la República al Primer Regimiento de caballería de Extremadura, combatiendo en La Serena, en Córdoba y Jaén durante dos años. En abril de 1939 regresó a su casa que halló desolada, saqueada y el día 12 fue llevado preso a un campo de concentración de Mérida, hasta septiembre, pues, gracias a Dios, avales llegados de Don Benito confirmando su bonhomía, sirvieron para ganar la libertad; injusticias de la vida, cosas que pasan, o pasaron…

Su pesar más hondo fue la muerte de Atocha, su amor, su mujer, la madre de sus hijos: “En 1984 fuimos a los baños de Alange y el 19 de julio, estando en pie a mi lado, me abrazó, gritó, dijo mi nombre, “¡Juan!”, y expiró: padeció un derrame cerebral letal”. Lo expresó así en un poema: “…te fuiste sin despedirte porque tiempo te faltó: un fuerte grito y mi nombre de tu boca salió. Y el mismo 20 de julio, también sin decir adiós, mi querida Diosa Venus para siempre se marchó”. Pero durante muchos años, antes, tras la guerra y prisión, fueron felicísimos.

Y vuelta al tajo en la “empresa” familiar, de sol a sol. La postguerra fue durísima, todo escaseaba. En 1943, otro rayo de sol: nació otro hijo, Sebastián. Y al cabo tuvo que aprender a sr hortelano pues su mujer heredó unas tierras de huertas en Medellín, e la vega de Ortigas donde sus hijos y él (tal cual aprendió de su padre) curraron hasta la jubilación.

El abuelo me miró sorprendido cuando pregunté cuáles fueron sus juegos en aquel Barrio de San Sebastián: “¡Jamás pude jugar de niño, no he jugado hasta que me he jubilado!… Y tuve que dejar la escuela a los 10 años”. Juan era de familia honesta pero muy humilde y escribe: “No fue bonita mi infancia, poco pude disfrutar, igual que muchos niños de mi clase social. Yo fui descalzo a la escuela y no por comodidad: es que no tenía zapatos para poderme calzar…”.

Me encantaron sus criterios sensatos, su gran memoria, ni dudó una fecha: “En Don Benito antes el 90% vivíamos del trabajo en el campo, no había industrias; hubo un tiempo, después de la postguerra, donde hubo un gran alcalde, don José Manzano”. O: “Me gustaba la España de antes y la de ahora, aunque me duele que se hable de separatismos, debemos permanecer unidos todos los españoles. Y la crisis pasará, no hay que perder la esperanza”.

El abuelo de Don Benito publicó 5 libros de poemas: “Siempre me gustó la poesía, aunque nunca leí a poetas importantes; pero al jubilarme comencé a felicitar por escrito los cumpleaños y los onomásticos con palabras amables y cariñosas. Y me salieron 5 libros. Pero ya no escribiré más, mis oídos, la vista, me fallan”. Y leí en su postrero poema de su último libro: “…Ciego, sordo y con dolores que me impiden el andar; aún con tantos sinsabores me tengo que resignar… Y con estas deficiencias yo me tengo que aguantar y resistir lo que pueda, que poco me queda ya…”.

Entrañables eran sus celebraciones de cumpleaños en el hogar de mayores de la calle República Argentina, sobre todo desde que atravesó la mítica barrera del siglo de vida. Además, solía acudir diariamente a leer la prensa y echar la partidita a este centro de jubilados, donde se movía de forma autónoma solamente ayudado de su bastón. No obstante, en el último año empeoró su estado de salud debido a su avanzada edad.

El día 21 de marzo de 2016 tuvo que ser atendido en urgencias del Hospital Comarcal Don Benito-Villanueva al empeorar y, solo una semana después, fallecía.

Juan Sánchez deja no solamente una marca de años difícil de igualar, sino un legado entrañable en forma de poesías. Le gustaba componer y recitar sobre cualquier tema, pero sobre todo sobre sus vivencias personales y experiencias de cada día. Recitaba de memoria hasta antes de empeorar su salud.

Desde que cumplió los 100 años publicó siete libros: Poemas de un jubilado (2009), Poesías del abuelo Juan (2010), Santiago Morcillo, poemas y versos (2010), Los poemas de mi vida (2011), Los versos del abuelo Juan (2012), Memorias de toda una vida (2013) y Los mejores versos del abuelo Juan (2014).

Este es un poema que Juan Sánchez escribió su ciudad natal, Don Benito:

A mi pueblo Don Benito

Es mi pueblo la ciudad

en la que yo vi la luz

y de aquí toda mi saga

aunque eso lo dudes tú.

De aquí son mis dos hijos

mis cuatro nietos también

seguidos siete biznietos

que aquí los vi nacer.

Mi pueblo fue un pueblo basto

un pueblo de agricultores

y yo por no ser otra cosa

de ahí emanan mis dolores.

Del campo es la profesión

la que está peor mirada

él lo produce todo

y el mundo mal se lo paga.

A pesar de los pesares

yo quiero a mi pueblo

en él yo quiero morir

dejando aquí mis recuerdos.

Pero quiero aprovecharme

de él hasta mi última hora

escribiéndole estos versos

con mis palabras que lloran.

En ti mi pueblo querido

más de un siglo llevo yo

y me dará pena dejarte

el día que falte yo.

Falleció el “Abuelo Juan” el 28 de marzo de 2016. Su vida se apagó a los 106 años, a punto de cumplir los 107 años; con él se va una parte de la historia de la ciudad.  

FUENTES:

-VALADÉS GÓMEZ, Ángel (2013): “Tres Calabazones Centenarios” en revista oficial de Feria y Fiestas de Don Benito, Ayuntamiento de Don Benito.

-https://www.hoy.es/don-benito/201603/31/fallece-anos-juan-sanchez-20160331000936-v.html

-http://donbenito.com/actualidad/Ampliada.php?CLAVE=6300

-https://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/vegasaltas/fallece-mitico-abuelo-juan-punto-cumplir-107-anos_929016.html

-https://issuu.com/eqlestudio/docs/revista_2013