Beata Madre Matilde Téllez Robles

El 17 de diciembre de 1990d11-p916000102, dejaba este mundo por la morada del Padre en la Ciudad de Don Benito la Sierva de Dios Madre Matilde del Sagrado Corazón Téllez Robles, Fundadora de la Congregación de religiosas “Hijas de María Madre de la Iglesia” (antes “Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada” ).

La Madre Matilde pasó por el mundo amando a Dios con todas sus fuerzas y haciendo cuanto bien pudo a los hombres sus hermanos.

Había nacido en Robledillo de la Vera (Cáceres) el día 30 de mayo de 1841.

Recibió el Sacramento del Bautismo al día siguiente de su nacimiento (31 de mayo) en la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel de dicho pueblo de Robledillo.

Fue hija de D. Félix Téllez Gómez y de Dª Basilea Robles Ruiz, y tuvo tres hermanos: uno mayor que ella, Esteban; y dos hermanas más pequeñas, Elvira y Patricia.

Por ser su padre funcionario público, la familia se va trasladando a diversos lugares, hasta que se establecen definitivamente en Béjar (Salamanca) en noviembre de 1851, al tomar posesión D. Félix de la Secretaría del Juzgado de esta Ciudad. Matilde era entonces una niña de 10 años.

Criada en un hogar de ambiente auténticamente cristiano, ya desde pequeña comenzó a amar al Señor vivamente y a ejercitarse en la práctica de la oración y las virtudes, cobrando también una tierna devoción a la Santísima Virgen y una gran compasión por los pobres pecadores.

Muy joven todavía, hace su opción radical y definitiva por Cristo (precisamente cuando todo le sonreía en la vida) y decidió darse de lleno a Él y a buscar corazones que le amasen.

Fiel a este compromiso, aún a costa de reiterados sacrificios, Matilde fue durante toda su juventud en la Ciudad de Béjar, un destacado apóstol, un testigo fehaciente del amor a Dios y de la caridad fraterna. Contemplativa y activa a la vez, supo conjugar una íntima unión con Dios con un desbordante quehacer apostólico. Meditaba asiduamente, participaba a diario en la celebración Eucarística y demás actos litúrgicos; hablaba a la Virgen con filial confianza; ciegamente enamorada de Cristo en la Eucaristía, pasaba horas enteras orando con recogimiento ante los Sagrarios de los templos. Y luego, cuando salía a la calle, ya fuera de la Iglesia continuaba también su fervor ante los pobres, los enfermos, las niñas huérfanas, las chicas obreras, los ignorantes, porque Jesús estaba en cada uno de ellos…

Ejerció una labor fecundísima entre las jóvenes de la Asociación de Hijas de María de Béjar, de la cual fue su primera Presidenta; Mas, acuciada por la sed de almas, siempre con la sonrisa y la paz reflejada en el semblante, se multiplicaba incansable para atender a todas las necesidades de la Ciudad. Catequesis, Escuela Dominical, Conferencias de San Vicente de Paul… Sube alegre las calles empinadas de Béjar; cruza presurosa sus plazas, atraviesa sus barrios en todas las direcciones, para llevar consuelo y ayuda a cualquiera que lo necesitase; “para visitar a su amante Jesús en la persona de sus pobres” (Escritos autobiográficos).

Sin embargo, a pesar de su intensa actividad apostólica, Matilde hacía mucho tiempo que deseaba ser religiosa y cada vez sentía más fuerte la llamada, pero su padre le impedía realizarlo. Ella sufría en silencio y esperaba. Hasta que llegó la hora de Dios y su padre al fin cedió.

El día 19 de marzo (festividad de San José) de 1874, cuando Matilde contaba 33 años de edad, animada y firme en su ardiente deseo de amar cada vez más a Dios y de cumplir en todo su voluntad, se consagra totalmente a Él en la vida religiosa; y en el retiro de una humilde casa de Béjar, echa los cimientos de una nueva Congregación. Sólo la acompaña otra joven, María Briz, pues eran más las comprometidas pero fallaron a la hora de dar el paso definitivo. La Madre llevó esta dura prueba inicial con una fortaleza de espíritu admirable.

Y allí, en esa casa viven en la más estricta pobreza, en recogimiento y oración, tratando de imitar a la Sagrada Familia en el hogar de Nazaret. Hasta que un día meditando les dice Jesús: ¿Dónde están mis pobres? ¿Dónde mis niñas y jóvenes? (Escritos autobiográficos).

Ante esta insinuación de la voluntad divina, la Madre Matilde no lo duda más. Alternando de nuevo la contemplación con la acción, se lanza decidida al apostolado con las niñas, las jóvenes, los enfermos y los pobres. Ponen Escuela diaria y también Dominical; acogen unas niñas huérfanas; acuden presurosas a la cabecera de los enfermos en cuanto son llamadas… Y todo esto lo ejecutan con el mayor desinterés, sin pedir retribución alguna. Pero Dios cuidaba de que nada les faltase de lo necesario; los donativos les llegan de donde menos los esperaban.

Así, apoyadas por unos y criticadas por otros, van pasando los meses y se les van adhiriendo otras jóvenes atraídas por su testimonio evangélico.

El 20 de enero de 1877, la Madre y su primera compañera, María Briz, vistieron el hábito religioso en Plasencia. Después, por consejo del Sr. Obispo de esa Diócesis de Plasencia, emprenden una postulación por los pueblos de la misma. Durante ella le ofrecen una fundación en Don Benito. La Madre la aceptó y después de los trámites y preparativos necesarios, la Comunidad se trasladó desde Béjar a la Ciudad de Don Benito, en marzo de 1879.

Allí, establecen el Noviciado, abren un colegio para albergar y educar niñas huérfanas, van a atender a los enfermos a sus hogares; y prosiguen el género de vida iniciado en la casita de “Nazaret” de Béjar, como la Madre Matilde llamaba. Vida de amor ante todo; vida de recogimiento, de oración y sacrificio, en pobreza, castidad y obediencia. Como algo específico del naciente Instituto, durante seis horas cada día se turnan todas haciendo la guardia ante Cristo en la Eucaristía, en prueba de amor, en súplica por todos los hombres, y en desagravio por tantas ingratitudes como recibe. Tributan asimismo una devoción y culto especial a la Santísima Virgen. En 1885, el Sr. Obispo de la Diócesis, Dr. Casa y Souto, aprobó la primeras Reglas.

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El corazón de la Madre se va caldeando cada vez más en el amor a Dios, costándole grandemente el separarse del Sagrario, pero también cada vez más la apremia la sed de almas y de remediar, si pudiese, todas las necesidades de los hombres. Abre una Escuela para las niñas de un barrio muy pobre de la Ciudad; asisten con desvelo a los enfermos, algunos sumamente pobres.

Y cuando en el año 1885, Don Benito es asolado por el cólera, su caridad no tiene límites, desviviéndose sin descanso por atender a los apestados y consolar a sus familiares; poniendo constantemente en riesgo su vida, en una actitud cristiana de servicio verdaderamente heroica. Y mártir de la caridad muere, contagiada al asistir a los enfermos del cólera cuando contaba sólo 32 años, Sor María Briz, la primera compañera de Congregación de la Madre. Otra prueba dolorosa más para ella. En recuerdo de esta Hermana, y en la misma casa donde había sufrido el contagio, la Madre Matilde fundó un Hospital para asistir en él a los enfermos pobres.

Como en toda obra de Dios, no escasearon los sufrimientos, las críticas e incomprensiones, las pruebas de todo género en estos primero años de vida de la Congregación. Pero la Madre vio también con gozo, cómo las jóvenes, atraídas por el testimonio de la Comunidad, se iban incorporando a ellas. Y se desvive por todas; para formarlas en el amor a Dios, en la oración, en las virtudes sólidas; en el amor al prójimo, repitiéndoles incansablemente que es al mismo Cristo a quien sirven en la persona del pobre, del enfermo, de las niñas… La Madre es la animadora, el alma de la Obra, la Regla viviente, que realiza con toda fidelidad en la praxis diaria aquello que les inculca. Su bondad, sencillez, prudencia, humildad, serenidad inalterable y alegría, son la admiración de sus Hijas y de los extraños.

Comienzan a pedirle fundaciones, y de esta Casa de Don Benito, van saliendo grupos de animadas religiosas para distintas ciudades, portadoras de ese espíritu que les ha infundido la Madre, dispuestas a conjugar su vida de recogimiento y oración con las actividades caritativas propias del Instituto. Así van surgiendo las Casa de Cáceres, Béjar, Almendralejo, Santos de Maimona, Trujillo, Villanueva de Córdoba, etc.

La Madre Matilde multiplicaba sus desvelos maternales para atender con sin igual solicitud a estas Comunidades nacientes, a todas y a cada una de sus Hijas. Desde Don Benito, a pesar de su salud quebrantada, viaja incansable donde la requieran. Religiosas, niñas, enfermos… para todos es motivo de alegría su visita, porque para todos tiene una atención, un consejo, una sonrisa, una palabra amable.

Igual le ocurre en Don Benito: los pobres, las niñas huérfanas, los enfermos, la reclamaban como a su Madre; todos, ricos y pobres: los tristes, los que pasan una prueba, van a ella en busca de alivio. Y ninguno se va desconsolado porque sus palabras son como bálsamo, tienen un lenitivo especial; elevan el espíritu y acercan a Dios.

La razón es que la Madre está llena de Dios; cuantos la tratan de cerca se dan cuenta. Su unión con el señor es intensísima. Niñas y Hermanas han tenido ocasión de contemplarla repetidas veces totalmente abstraída en Dios en la Capilla, muy cerquita del Sagrario, donde gustaba colocarse, ajena a cuanto pasaba a su alrededor.4606241075_033dc281f0_o

Aunque sólo cuenta 61 años, su salud está muy quebrantada; su organismo muy agotado a causa de los sufrimientos, el intenso trabajo, las continúas privaciones. Y ella presiente gozosa, que se acerca la hora de su unión definitiva con el Señor, aunque no obstante, le cueste dejar a sus Hijas.

Y así ocurrió: el día 15 de diciembre de 1902, después de comulgar y de despedirse cariñosamente de ellas, salió temprano de Casa para irse de viaje, acompañada de una Hermana. Mas, apenas habían andado unos cuantos metros, la Madre fue acometida por un ataque de apoplejía. La recogieron con todo cariño en una casa de al lado ofrecida por una señora. Y allí, en cama prestada, pobrísimamente como había vivido, a los dos días entregó su espíritu en las manos del Padre en medio de una gran paz. Era 17 de diciembre de 1902.

La noticia del fallecimiento corrió rápida por la Ciudad. A la exclamación de “¡ha muerto la Madre!”, el Pueblo entero se conmovió, y como a una madre verdadera la lloraron todos, pero especialmente los pobres. Sus exequias fueron concurridísimas.

Y cuando 21 años después de su muerte (19 de octubre de 1923) sus restos fueron trasladados del cementerio de la Ciudad a la Capilla de su convento, el Pueblo demostró cuán vivo guardaba aún el recuerdo de la Madre pues una gran multitud acudió a rendirle homenaje, agolpándose a la hora de la inhumación para pasar toda clase de objetos con suma veneración por la caja que contenía sus restos mortales.

Desde su muerte, no han cesado de encomendarse a ella toda suerte de personas de las distintas nacionalidades y clases sociales, habiendo conseguido, según afirman, muchas gracias del Señor por su intercesión.

En 1962 se extrajeron los restos de la Madre Matilde del suelo de la Capilla del Colegio Sagrado Corazón y se depositaron en un mausoleo de mármol.

El 23 de abril de 2002, el Papa Juan Pablo II reconocía oficialmente las Virtudes Heroicas de la Sierva de Dios Matilde Téllez, y al año siguiente, el 12 de abril, se promulgaba el Decreto sobre el milagro obrado por su intercesión, dando así el paso decisivo a su Beatificación: el 21 de marzo de 2004.

4606857694_6a0b4248bf_oEl 8 de mayo de 2004 se hizo una Procesión con las reliquias de la Beata desde su Capilla hasta la Parroquia de Santiago, donde se celebró la Eucaristía de Acción de Gracias por su Beatificación. Su festividad es el día 30 de mayo.

El 17 de septiembre de 2004, el Ayuntamiento pleno de Don Benito la declara, a título póstumo, Hija Adoptiva de la Ciudad, en reconocimiento a su entrega y dedicación a los más necesitados.

El 13 de abril de 2012, los restos de la Madre Matilde fueron traslados desde el Colegio Sagrado Corazón al hospital San Antonio, donde permanecerán unos meses con motivo de las obras de reforma en la Capilla del Colegio. En el interior de la Capilla del Colegio Sagrado Corazón va a dedicarse un lugar preferente para dar veneración a los Restos de la Beata Madre Matilde del Sagrado Corazón.

El 29 de diciembre de 2012 fue bendecida la Capilla de la Madre Matilde, situada dentro de la Iglesia del Colegio Sagrado Corazón de Don Benito. Fue bendecida en una solemne concelebración eucarística, presidida por el obispo de la diócesis, Amadeo Rodríguez Magro, junto con numerosos sacerdotes de la localidad y arciprestazgos.

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