Manuel Paredes Lozano

“Eres digno de que tus descendientes sepan la verdad de tu vida y que se sientan honrados por haber tenido en la familia un artista que supo luchar contra la adversidad, combatiendo las más atroces calamidades que el destino le deparó”.

Felipe Barroeta.

20140327122954_00067A las diez de la noche del día 8 de Febrero del año 1894, en la calle Pajaritos número 16 de Don Benito, daba a luz un niño Josefa Lozano Sánchez-Porro; su marido y padre del recién nacido, José de Paredes Morcillo. Era una familia humilde de comerciantes dombenitenses.

El niño, que fue bautizado por D. Leandro Muñoz de la Peña el día 11 del mismo mes y año en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, le fue impuesto por nombre Manuel.

Era Manuel el menor de los seis hijos del matrimonio Paredes Lozano: Manuela, Fernando, María Paula, Luis, Joaquín y Manuel. Todos ellos nacidos en el Barrio de San Gregorio.

genealogia tenor paredes

Este niño que en un principio se criaba enclenque y enfermizo, y al que sus padres no confiaban mucho en sacar adelante, pronto fue conocido por todos: familiares, vecinos y amigos, con el cariñoso adjetivo de Manolillo.

Manolillo, a medida que crecía y se desarrollaba, iba echando la “morriña” fuera, y pronto fue un “chaval” como los demás: jugaba, corría, iba a la escuela, hacía todas las travesuras que estaban a su alcance…

Y llegó a ser un “mocete”; y sus padres, humildes trabajadores que tenían que mantener en casa nueve bocas, no tuvieron más remedio que ponerle a “currelar”, y le colocaron de aprendíz de ebanista; pero eso no era lo que a Manuel le tiraba.

Cuando a Don Benito llegaba alguna compañía teatral o de varietés, Manolillo se las agenciaba para colarse en el teatro (y más de una vez fue sacado de una oreja) porque su ilusión era ver representar aquellas comedias o zarzuelitas, y oír interpretar a las “vedettes” de la época las canciones que entonces estaban en boga. Tanto es así que en una ocasión, allá por el año 1906, en colaboración con su amigo Ramón Cardenal, trataron de dar una sorpresa en un festival. Manolillo cantaba, y el amigo Ramón tocaba un poquito la guitarra. Ensayaron a escondidas dos o tres canciones de éxito en aquellos tiempos, entre ellas “La regadera” (conocido cuplé de “La alegre trompetería”).

Ramón se presentó al público diciendo: “Señoras y señores: encontrándose de paso para Madrid la preciosa “Fifí”, hará su presentación con “La muñeca eléctrica” y después cantará “El apache”, y como bomba final…¡¡La regadera!!”.

Coge a pulso a “Fifí” como si fuese una verdadera muñeca, y el público aplaude ebrio de emoción al ver que ni siquiera pestañea. Las mujeres gritaban: “¡Si es una muñeca de verdad!”.
Empieza a cantar y bailar con tal gracia y arte que arma la gran algarabía, e incluso algunos la obsequian con sendos piropos. Los más atrevidos suben al escenario, comprobando que la gran “Fifí” no es otra persona que el hijo del Sr. José el Gallinero, quedando seriamente avergonzados y causando la risa y la burla de los demás.

En 1908 llegó a Don Benito una compañía de zarzuela, dirigida por los hermanos Pablo y Andrés López. Manolillo, ni corto ni perezoso, se presenta en el local donde ensayaba dicho conjunto y les dice a los empresarios: “¿Quieren ustedes probarme la voz?, porque yo quiero ser tenor”.

Cantó, pero su prueba pasó sin pena ni gloria. Don Andrés (que era muy guasón) le dice: “¿Con que tu quieres ser cómico? ¿Cuánto tiempo aguantarías sin comer?”. Manolillo contesta rápidamente: “Yo… ¡más de dos semanas!”.

Don Andrés se asombra y le dice: “¡¡Más de dos semanas!! Chico, tú puedes ser cómico y… ¡hasta Obispo! si te lo propones”.

Todos los de la compañía ríen a carcajadas. Manuel se da cuenta de que le han tomado el pelo y se marcha muy disgustado.

Pero todos estos lances en vez de acobardarle le estimulan; aprende solfeo, simultaneando las clases con su trabajo de ebanista, y después practica el clarinete, llegando a ocupar un puesto en la Banda Municipal dombenitense. Iban a muchos sitios a tocar por las fiestas; en Puebla de Alcocer eran muy queridos. En una ocasión contrataron en dicho pueblo a la Banda de Gravelina (Badajoz), que no agradaron porque tocaban obras de concierto y el público, poco cultivado, se aburría. Volvieron de nuevo los músicos de Don Benito, y les recibieron locos de alegría. Las gentes decían: “Esto es tocar, y no aquellos que nunca tenían ganas. Cuando unos tocaban, otras descansaban; total: que hacían lo que les venía en gana”. Algunos llegaron a quejarse al Sr. Alcalde, y éste se reía y les decía: “Ya vendrá más adelante la Banda de Don Benito”. Las gentes se tranquilizaban y decían: “Vivan los músicos de Don Benito”.

Pero todo aquello resultaba estrecho para las ambiciones de Manuel, y queriendo buscar anchura a su vida, preparó una valija llena de ilusiones y una cartera semivacía de dinero y se vino a Madrid, donde se pudo colocar en su oficio carpinteril, para poder vivir y ayudarse a pagar sus clases de canto.

Supo agenciarse, por recomendación, una plaza de “alabardero” en la claque del Real, para poder así oír, saborear y aprenderse todo el repertorio de óperas de Bellini, Donizetti, Verdi, Gounod, Puccini, etc… que allí se cantaban.

Pero recordando el refrán que dice: “Nadie es profeta en su tierra”, y no encontrando aquí buenos profesores que le enseñaran a impostar la voz, aprovechando los buenos consejos que le diera el insigne Maestro Bretón, volvió a preparar otra vez la maleta y, con muchas más ilusiones y algunas pesetillas más que las que se trajo de su patria chica, atravesando la frontera, partió para Italia, la tierra del Bell Canto.

Es el año 1921 cuando llega a la bella península mediterránea, donde prosigue sus estudios. El 5 de septiembre de 1923, debuta en Adria, cantando después en Roma, Milán, Venecia (Teatro Malibrán), Trieste, Torino, Fossano, Catania, Sicilia, Siracusa, Noto, etc…

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Momento en la ópera “La Favorita”. Milano, 24/12/1923.

Pasaron los años y Paredes era ya un célebre tenor de ópera. En cierta ocasión fue contratado para cantar cuatro representaciones de “La Favorita” en el Teatro Comunale de la ciudad de Valenza del Piamonte.

En una de las representaciones se presentó a felicitarle un Sr. muy elegante. El camerino estaba abarrotado de gente; dicho Sr. esperó a que se desalojara el local y, cuando se quedaron solos, le dice: “Egregio tenore, ¿come puó lei cantare cosi bene con questi cani?”. Y Paredes le contesta: “¡Oh! Signore, circostanza de la vita”.

Este Sr. era hijo del célebre Mancinelli, el mejor director del Teatro Scala de Milán, y a su vez poseía también la carrera de música y canto.

En la Sicilia cantó en Noto y Siracusa. Cuando terminó la temporada, al regreso se quedó dos días en Nápoles para conocerlo.

En la estación dejó en consigna el equipaje; preguntó a una “ragazza” que vendía dulces donde podía asearse, y ésta le indicó que los baños estaban situados en las barberías. Pronto encontró una de estas. El barbero le pregunta: “¿Cuánto tiempo hace que no se la usted?”. Paredes se incomoda un poco y le dice: “Es usted un grosero; acabo de llegar de Sicilia, desde donde hay cerca de cien túneles y con una máquina que suelta mas humo que la pipa de un indio, no pensaría usted que iba a llegar más blanco que una paloma”. El barbero se puso en razón, le pidió perdón, le afeitó después de haberse bañado y por fin quedaron amigos.

Se fue a dar un paseo por la ciudad, y acordándose del barbero y riéndose decía: “Estos napolitanos son tan fuleros como los andaluces”, comprendiendo que este era también su carácter.

Terminada la temporada en el Teatro Malibrán de Venecia, Paredes regresó a Milán con la alegría mayor del mundo. Había obtenido un ruidoso éxito, tanto con el “Rigoletto” de Verdi, como en “La Bohême” de Puccini.

Le estaba esperando el agente Deliliers, que le dice: “Paredes, te voy a pedir un gran favor. Ha llegado un matrimonio inglés que han traído a una hija suya que quiere debutar cantando. Ya tienen el Teatro de cómo contratado para unos días, tienen formada una modesta compañía y solo buscan un tenor que cante bien “La Sonámbula” y “Don Pascuale”, y yo te ruego que lo hagas tu”. Paredes no solo aceptó, sino que estuvo ensayando con la neófita toda la semana para asegurarle el éxito, el cual efectivamente se produjo.

Los padres de la muchacha no sabían cómo demostrarle su agradecimiento, y al despedirse (porque marchaban de regreso a Inglaterra) le dicen: “Como volverá usted a Madrid para cantar, le daremos una carta de recomendación para su Rey Don Alfonso XIII”. Paredes se queda pensativo, creyendo que sería un abuso aceptar (tremenda equivocación suya), y le contesta: “Creo que no hará falta. Yo tengo mucha seguridad en mi voz. No hay hombre sin hombre”. El diplomático (pues efectivamente es lo que era el tal Sr.) se encogió de hombros diciéndole: “Como usted quiera”. Y despidiéndose de él muy amablemente, se marcharon.

Una llamada del agente Deliliers le anuncia que el empresario español D. Luis París le requiere para cantar en el Teatro Real de Madrid, oferta que no le coge en muy buenas circunstancias, pues poco antes había tenido la fatal noticia del fallecimiento de su hermano Joaquín en un accidente de automóvil. Pero acepta tal proposición; recibe un anticipo por tal compromiso y a finales de 1926 regresa a España.

A su llegada a Madrid empieza a ensayar “I Puritani” con el Maestro Capdevila, que se entusiasma escuchando a Paredes por la facilidad y afinación que demuestra en dichas pruebas.

Se presenta “I Puritani” en el Teatro de la Zarzuela (por haber sido ya cerrado el Real, debido a su mal estado); pero por culpa de la deficiente organización de la compañía, con mediocres cantantes y un estado bastante decaído de ánimo por parte de Paredes, debido a la impresión sufrida por la muerte de su hermano, hacen que dicha representación constituya un fracaso, lo cual origina que le sea rescindido el contrato.

El día 10 de marzo de 1927, la empresa de Teatro Real vuelve a llamarle para que cante el día 11 el 2º y 4º acto de la ópera “Rigoletto” (quizá arrepentidos de la injusticia con él cometida al retirarle el contrato).

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Momento de la borrachera en la ópera “Marina”. Madrid, 20/04/1927

En este mismo año visita Don Benito, donde fue recibido con gran clamor popular. Durante su estancia vivió momentos significativos, como el día que cantó en la Ermita de las Cruces a la Patrona de Don Benito, lugar en el que, además, el poeta Luis Chamizo leyó un escrito en su honor.

La Sra. Condesa de Gavia había organizado un festival a beneficio de la Casa Social Femenina, que resultó un gran éxito. Función de gala; el teatro estaba lleno hasta la bandera. Todo iba muy bien, pero cuando cantó Paredes “La donna é mobile”, el público entusiasmado pide el bis, teniendo que repetirlo por la insistencia del respetable.

¡Qué momento, señores! En el último piso se formó un escándalo porque una voz gritaba: “¡Manolo, no lo repitas! ¡Manolo, no lo repitas!”. Algunos le mandaban callar diciéndole: “¡Si no le gusta a usted lo que tiene que hacer es marcharse!”. Y el intercepto en cuestión protestaba casi llorando y diciendo: “Es que el que canta es mi hermano y no quiero que se rompa la garganta”.

La risa fue general; otro señor increpaba: “Estos “jodíos” paletos ¿para que vendrán al Teatro de la Opera?”.

Actuaron otros muchos cantantes, pero los únicos que gustaron fueron Conchita Supervía y Paredes. El público a la salida del teatro repetía: “¡Que voz más bonita tiene este chico! ¡Qué escuela tan buena!”.

El año 1929, en el pueblo de Igualada (Barcelona) se hizo un gran homenaje a Don Santiago Rusiñol, invitando a Paredes (que por esa época gozaba ya de mucha fama) para que colaborase en tan distinguido acto. Aceptó encantado.

La noche del homenaje se presento Paredes recibiendo un gran aplauso. Una vez hecho el silencio, le pregunta Don Santiago: “¿Qué nos va a cantar el insigne tenor?”. Y el divo le contesta: “Como este homenaje es dedicado al gran poeta y pintor catalán, cantaré “El emigrante” en catalán, como es natural”. Al decir esto estalló otra gran ovación. El éxito fue apoteósico. Don Santiago subió al escenario, permaneciendo los dos abrazados varios minutos. Vuelve a cantar y elige una canción que popularizó Emilio Vendrell, titulada “Rusó, rusó, gliun de la meva vida”. Al terminar fue el delirio. Don Santiago le pregunta: “¿Es usted catalán?”. Paredes contesta que no. Don Santiago insiste: “Pues debía hacerse catalanista, porque yo le aprecio ya como a un hermano”. Paredes le dice: “Mire Don Santiago, yo soy muy feliz al descender de Hernán Cortés y de los Pizarros”. Pasó un momento y se volvieron a dar otro abrazo.

Unos días después Paredes tenía que dar un concierto extraordinario en el Círculo o Casino Ecuestre, situado en el paseo de Gracia, cantando doce romanzas de las mejores óperas. El día antes del concierto, Paredes, como de costumbre, se encontraba en el Café de la Opera; se le acercó un Sr. que le dice: “¡Ah! Usted es el tenor Paredes; y dígame: ¿Usted como quién canta? ¿Cómo Hipólito Lázaro o como Miguel Fleta?”. Paredes se queda un poco retraído y le contesta: “Yo… yo canto como Manuel Paredes”. El Sr. se dio por ofendido y se marchó amoscado. Los contertulios se echaron a reír y le dijeron: “¿Sabes quién es ese señor…? Es el ayudante del Sr. Mestre, el empresario del Teatro del Liceo”. Paredes les contesta: “Bueno… ¿y qué?”.

Contrae matrimonio con María del Carmen Manzanares en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, de Barcelona, el 2 de agosto de 1930, habiendo del matrimonio dos hijos llamados Manuel y Ángel Paredes Manzanares (éste último con residencia y descendencia en Francia).

Interpreta las mejores óperas de todos los repertorios, tanto del italiano como del wagneriano o del francés: Rigoletto, La Bohême, La Favorita, I Puritani, Fra Diavolo, Lucia de Lammermour, Il barbiere di Siviglia, I Pescatori di Perle, Fausto, Los Maestros Cantores, Tanhauser, Rienzi, Marta, Carmen, etc… llegando a actuar ante Sus Majestades las reinas Doña María Cristina y Doña Victoria Eugenia de Battenberg, como también antes Su Alteza Real la infanta Doña Isabel.

Interviene en numerosos conciertos interpretando variadas canciones y fragmentos de zarzuelas, además de cantar las óperas españolas “Marina” y “La Dolores” en repetidas ocasiones.

Alterna y colabora con figuras tan prestigiosas como son: Conchita Supervía, Mercedes Capsír, Selica Pérez Carpio, María Espinalt, Carmen Bonaplata, Pilar Duamirg, Marimí del Pozo, Tito Schipa, Beniamino Gigli, Miguel Fleta, Emilio Sagi-Barba, Pablo Gorgé, Emilio Vendrell y otras muchas que se haría largo enumerar; siendo también dirigido en diversas ocasiones por maestros tan eminentes como Ricardo Villa, José Lasalle, José María Franco, Capdevila, Annovazzi, Fuentes, Cayo Vela, Álvarez cantos, etc…

El día 16 de julio de 1936, cuando se disponía a actuar en el Teatro Goya de la Ciudad Condal, se encuentra con un aviso que dice: “Debido a las extrañas circunstancias por las que transcurre el día de hoy, queda suspendido el concierto que había de celebrarse a cargo de Manuel Paredes”.

Y desde entonces… ¡la guerra! La guerra que había de truncar tantas carreras en ciernes y anular tantas ilusiones, se ceba también sobre él, como con la mayoría de los españoles, haciéndole pasar privaciones y calamidades sin cuento, ya que también tuvo que sufrir la triste experiencia del exilio.

En 1936 se produce su separación matrimonial y rehúsa un contrato para cantar en México e Italia.

De regreso otra vez a España, ya enfermo y agotado, actúa todavía en diversas ocasiones; se le organizan festivales y homenajes en distintos lugares, sobre todo en su tierra natal, Don Benito (donde se le ofrece mucho, pero quedando pronto en el olvido las promesas).

Posteriormente, debido a sugerencias e iniciativa de una conocida figura del arte lírico, monta una escuela de canto, por la que pasan innumerables alumnos, muchos de los cuales llegan a ser dignos émulos de Orfeo.

A sus 86 años seguía en la brecha, trabajando y enseñando a las nuevas generaciones de aficionados las técnicas de su buena escuela.

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A los 87 años de edad, donde daba sus lecciones de Bell Canto

Además, los ratos de descanso que le dejaban las clases los dedicaba al “hobby” de la composición, habiendo escrito canciones como: “Noche de amor en Toledo”, “Pensando en Extremadura”, “Medianoche” y otras (a todas las cuales ha puesto letra el autor de estas líneas), y que han causado admiración a todo el que las ha escuchado.

En el año 1955 sus amigos le rinden un homenaje en Madrid.

El 28 de marzo de 1982, el Ayuntamiento Pleno de Don Benito, por unanimidad, le nombra Hijo Predilecto de la Ciudad; además, tiene una calle dedicada con su nombre en Don Benito.

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Falleció en su domicilio de Madrid, calle Helena de Troya nª8, el día 27 de octubre de 1982 a las nueve de la noche. Su enterramiento fue realizado en Don Benito.

Fue un hombre que se hizo a sí mismo y que consiguió, merced de sus cualidades artísticas, un sitio propio en el mundo de la música.

Joaquín Vela Lamparero

Fuentes
-SOTO VALADÉS, D.: “Manuel Paredes Lozano (1894-1982)” en Biografías dombenitenses (entre los siglos XIX-XX), Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito, 1999, pp. 171-174.
-Archivo Municipal de Don Benito: “Expediente de nombramiento de Hijo Predilecto de Don Benito”.

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