Manuela Casado Morcillo

Manuela Casado Morcillo, conocida en el ámbito literario como Nélida Casado, nació en Don Benito el 31 de enero de 1920, en el número 13 de la calle Pocotrigo, la actual calle Zurbarán. Recibió el bautismo de Don Benedicto Barbero, mártir en la persecución religiosa del siglo pasado, y cuyo proceso de beatificación se encuentra abierto en la fecha de elaboración de esta biografía. Hija de un excelente clarinetista miembro de la Banda Municipal de Don Benito, su primera inclinación fue seguir el rumbo paterno y dedicar su vida a la música. Más adelante se daría cuenta de que este no era su camino.

Cuando contaba 8 años de edad, la familia se trasladó a vivir a Madrid, truncando el que hubiera sido su futuro en la ciudad que la vio nacer. En Madrid, su padre, Sergio Casado, tuvo que dejar a un lado su profesión, ocupando un puesto de conserje en la academia de Tomás Sánchez Pacheco, mientras la madre, María Morcillo, modista desde muy joven, se dedicó a esta labor trabajando para varias familias pudientes, entre ellas la casa de la Marquesa de Torremilanos, siendo una mujer muy querida entre la Alta Sociedad del Madrid de principios del Siglo XX. Gracias a los círculos que frecuentaba la madre y a la vocación musical del padre, Nélida Casado pudo criarse en un ambiente culto y desarrollar su gusto y afición por la literatura desde muy temprana edad.

En Madrid, se educó en un colegio religioso, y más adelante, gracias a las relaciones de sus padres con Don Tomás Sánchez Pacheco, y viendo el interés que la joven Nélida mostraba por el estudio, fue admitida gratuitamente para asistir a clases en la academia donde su padre era conserje.

Nélida en su casa junto a su madre, María Morcillo, y su esposo Antonio, a la derecha en primer plano

Posteriormente estudió taquimecanografía en una academia de la calle Atocha donde conoció a Sagrario Torres, Premio Concha Espina de Cuento en 1942, a quien la unió una profunda amistad que duró hasta el fin de sus días. La amistad se fraguó en torno a la afición que ambas compartían, siendo Sagrario años más tarde un importante eslabón en la vida social y literaria de Nélida Casado. Entre su círculo de amistades, algunas compartidas con su íntima Sagrario Torres, se hallaron Matilde Camus, Dámaso Alonso, Emilio González de Hervás, Roberto Cruz, José Puertas González, Rafael Barón, Patricio Chamizo (también extremeño de Don Benito), Manuel Garrido Chamorro, Daniel Nieto y Rafael Narbona entre otros.

Nélida empezó a escribir poesías a los doce años, y a los veintisiete, en el año 1947, obtuvo su primer premio literario en el Torneo de Poetas Noveles organizado por Radio España. Recibió el galardón de manos de Rafael Duyos, poeta de la Generación del 36 y médico especializado en cardiología, con quien mantuvo amistad años más tarde.

Nélida hizo oposiciones al Alto Protectorado de Marruecos, obteniendo puntuación para la obtención de la plaza. Sin embargo, finalmente se optó por otorgarle la plaza a un hombre que obtuvo la misma puntuación que ella. Más tarde opositó a la Compañía Telefónica Nacional de España, consiguiendo su puesto de trabajo en noviembre de 1948, puesto que sin embargo hubo de abandonar por excedencia forzosa al contraer matrimonio con Antonio López López el 4 de julio de 1949. La razón por la que hubo de acogerse a una situación de excedencia no fue otra que la legislación vigente, por la cual las mujeres casadas pasaban a estar a cargo de sus maridos, no pudiendo ocupar un puesto de trabajo. A los 4 días de su boda, por tanto, firmó con la Compañía Telefónica un acuerdo de excedencia “vitalicia”, si bien nunca volvió a incorporarse a su puesto.

Nélida Casado del brazo de su padrino de boda, el afamado director de orquesta Don Tomás Ríos

En el año 1962, Nélida recibe una mención honorífica en el Certamen del programa “Vosotras” convocado por Radio Madrid. Esta misma emisora le otorga con posterioridad un premio especial en el Certamen de Poesía convocado por la firma Nestlé, por su poema “El barquero del Guadiana”, del que se ha dicho que tal vez sea la más sublime de sus composiciones. Dada la extensión del poema, que excedía el límite impuesto por el certamen, no pudo concedérsele el primer premio que hubiera merecido por su calidad poética, tal como declaró el propio jurado. En la ceremonia de entrega de los galardones, la frase con la que el locutor y actor Teófilo Martínez le hizo entrega del premio fue: “Se impuso la calidad a la cantidad”. Estos galardones animaron a Nélida a continuar su vocación y pasar horas delante de su máquina de escribir, dando a luz más de 800 composiciones poéticas, una buena parte de las cuales fueron sonetos.

Solía decir Nélida que su maestro en el arte del soneto fue Gerardo Diego, si bien no se han podido recuperar datos sobre la relación de amistad entre ambos poetas. Sea como fuere, una buena parte de su obra fueron sonetos, pues en ellos sentía la poetisa una forma de expresión genuina y atemporal muy en consonancia con la esencia de su obra.

Nélida (2ª comenzando por la derecha) en el escenario del Teatro Goya de Madrid recogiendo el Premio de Poesía Radio Madrid patrocinado por Nestlé

Una parte de su excelsa obra poética está recogida en tres libros, editados en 1971 (Las Eternas Corrientes), 1996 (Nieblas del Ocaso) y 2003 (Regreso al Ayer). De ellos, su primer título, Las Eternas Corrientes, prologado por Rafael Narbona, está íntegramente dedicado al soneto. En su prólogo, el autor alude magistralmente a la fuerza literaria que contienen los versos de Nélida Casado: “Una mujer con nervio, fuerza y brío. Sus poemas tienen, a veces, casi una violencia expresiva. Son como pinceladas llenas de vigor y plasticismo. Unas veces, los inspiran sentimientos íntimos, en donde pone ternura y calor humanos. Son sus poemas “intimistas”, como ella los llama. Otras, sus versos son como un torrente, como lienzos de color. Pero su acento adquiere una mayor fluidez y un sentimiento más recatado, más dulce, cuando evoca a la madre, a la hermana, a los enfermos, a los desvalidos”. En 1972, el Instituto de Estudios Políticos de Madrid le informa de que la Biblioteca de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, ha solicitado un ejemplar de Las eternas corrientes.

Fue Nélida una mujer de convicción religiosa, que rebosaba amor a su  familia, a los débiles, y hondos sentimientos de pérdida y añoranza. Nunca superó totalmente la muerte de su hermana menor, Amelia, cuando contaba tan solo dieciocho años de edad. Sucedió al término de la Guerra Civil. De igual modo quedó anclada su memoria a la madre, a quien siempre estuvo profundamente unida. Pero la separación quizá más dolorosa fue la muerte de su esposo en 1997. Su poesía a partir de esa fecha se llena de evocaciones y recuerdos de la vida en común.

En sus poemas, Nélida Casado rinde homenaje a la cultura y formas de vida de la España de su época. Habla de la Guerra, la religiosidad del momento, la modernidad inquietante que va mutando la sociedad española, y la naturaleza que la rodea en sus retiros a la casa de verano en un pueblo próximo a la ciudad de Ávila. En sus composiciones más intimistas, se ofrece con devoción a los suyos, las dos hijas fruto de su matrimonio, Elena y Concepción, sus nietos, su marido, su madre y su hermana. Canta a los clásicos de la Antigua Grecia, y muestra un exquisito gusto por la lengua española, hilvanando magistralmente un auténtico glosario de terminología inusual y de extraordinaria sonoridad, que convierten la lectura de su obra en un verdadero deleite. La poetisa llamaba a sus versos “mis dulces hijos”.

Pero Nélida no solo compuso obra poética. Fue autora de novela y prolija colaboradora en varios medios escritos y emisoras de radio. Entre otras, cabe destacar la emisión de su novela El moro ermitaño en Radio Intercontinental de Madrid, donde colaboró durante varios años radiando sus propios poemas. También colaboró como articulista en el Diario de Ávila, la Revista Ciudad de los Muchachos y Ventana Abierta.

Desde el año 1987 en adelante, y hasta la muerte de su esposo en 1998, vive a caballo entre Santa Pola y Madrid. En esta localidad recibe el Primer Premio en el Certamen de Poesía de la Tercera Edad, convocado por el Ayuntamiento de la ciudad en el año 1991.

Nelida Casado con algunos de sus libros, rodeada por sus dos hijas y una de sus bisnietas

Nélida Casado pasó sus últimos años en Torrelodones, Madrid. Nos dejó a la edad de noventa años, el 14 de febrero de 2010. Su pluma estuvo activa hasta el año 2008, en que voluntariamente y en pleno uso de sus facultades, Nélida dejó de escribir. Falleció a los pocos días de ser intervenida quirúrgicamente a causa de una rotura de cadera. Pocas semanas más tarde, se esperaba su presencia en el Teatro Bulevar de Torrelodones, con motivo de la presentación del libro de poesía Torrelodones, pueblo de poetas, en el que Nélida había participado como autora junto a otros poetas de la localidad. En ausencia de la poetisa, su nieta Olga Casado subió al escenario para dar voz a la poesía de su abuela.

Olga Casado

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES III”