María Dolores Gómez-Valadés y Donoso-Cortés (Hermana Dolores de Jesús)

Nació en Don Benito el 12 de abril de 1862, siendo hija del matrimonio formado por Alonso Gómez-Valadés y Elena Generosa Donoso-Cortés y Gómez-Valadés, fundadora del Convento de Carmelitas Descalzas de Don Benito. El sacerdote le impuso en su bautismo los nombres de María de los Dolores Tomaida Liduvina y Visia.

Fue nieta por parte paterna de Alonso Gómez-Valadés y de María Genara García de Paredes; por parte materna de Manuel Donoso-Cortés y Fernández-Canedo, hermano del primer Marqués de Valdegamas, y de Isabel Gómez-Valadés Parejo.

Partida de bautismo de María de los Dolores Gómez-Valadés y Donoso-Cortés

Era una joven de carácter angelical y de mucho ingenio y despejo. Dotada de muy claro entendimiento se dio a la virtud y, deseando ser religiosa e inclinándose entre las Hijas de la Caridad y las Carmelitas, le expuso a su madre su deseo, la que, al oírla, le dio cuenta del intento que, a su vez, tenía de hacer una fundación de religiosas de clausura de Carmelitas Descalzas, que aún no lo había manifestado nadie, y de llevarlo a cabo podría entonces decidir si le convenía ser de estas religiosas.

Fue una de las primeras novicias del Convento de Carmelitas descalzas, tomando el hábito el 13 de octubre de 1883 y profesando al año siguiente, el 24 de octubre de 1884; decidió llamándose en religión Hermana Dolores de Jesús. El hecho constituiría un acontecimiento singular en Don Benito. Las Madres Carmelitas quisieron hacer notar de modo especial el adiós generoso y alegre que las jóvenes postulantes daban al mundo, vistiendo por última vez las galas de esplendor y elegancia. En efecto: preparadas con sus trajes de gala, partieron las aspirantes de sus casas y se dirigieron a la de Elena Donoso-Cortés y Gómez-Valadés, fundadora del Convento, de donde saldrían en comitiva singular, rodeadas de familiares y amigos, para el Carmelo. Se pusieron los mantos blancos y las coronas preciosas que les tenían preparados. Los mantos eran de tarlatana blanca; pendían de la cabeza y llegaban hasta el borde del vestido.

“El traje de Mª Dolores, hija de la fundadora, era de seda verde, profusamente adornado y valiosas joyas pendían de su cuello y pecho; todas las demás vestían elegantemente”.

El pueblo, entre sorprendido y curioso, presenció el acontecimiento; “las postulantes habían invitado a todo el clero; la ceremonia, sencilla conforme al ritual; predicó el señor Párroco sermón de circunstancias, y después de la vestición obsequiaron las novicias con abundante refresco en el locutorio, y se salió de allí al toque de oración.”

Pocas veces ocurre lo que en Don Benito; antes de tener casa y poner puertas, ya había quien tenía prisa por llamar y entrar en ella. Cuatro jóvenes de la Ciudad anhelaban ser Carmelitas Descalzas; lo pidieron se les concedió. Junto a Mª Dolores, las otras primeras novicias dombenitenses fueron María del Carmen Ayuso Gómez, Elena Edelmira Cidoncha Muñoz y Manuela Martín de Prado Sánchez.

Con este plantel, tan temprano comenzó la Comunidad su vida de observancia, que ha sido alterada en circunstancias adversas en España, siendo esta casa un faro luminoso de verdad y una casa de oración, en favor de la Iglesia y un ejemplo vivo de amor a Dios y a Don Benito, que siempre ha venerado a su Carmelo, “viéndose siempre muy palpable la amorosa providencia con que el Señor ha velado por esta Comunidad”.

Fue su vida la de una verdadera Carmelita Descalza y, al ser hija de la fundadora, fue para ella motivo para considerarse la última de todas, echando siempre mano a lo más humilde y trabajoso, estando siempre dispuesta para toda clase de labores.

Fue muy observante de las Santas Leyes de las Carmelitas y fervorosísima en el coro, muy sufrida y mortificada. La enfermedad la dominó muy pronto, obligándola a retirarse a la celda. Con licencia de Su Santidad, entró a verla su madre, quien le ofreció algunas cosas que pudieran aliviarle y le sirvieran de mayor comodidad, pero ella en ninguna manera las quiso aceptar, diciendo no eran compatibles con la pobreza de la Orden.

Cuando le administraron el Santo Viático, cual otra madre de los Macabeos, quiso asistir para ofrecer al Señor en su querida hija las primicias de esta Comunidad, víctima pura e inocente que ella entregó con todo amor y generosidad y, en adelante, vio a cada una de las religiosas como a una propia hija, por las que se preocupó y desvivió hasta su muerte, acaecida el 21 de noviembre de 1905, a los 78 años de edad.

Antes de morir la Hermana Dolores, se le puso la cara como a un ángel y, al nombrarle a la Santísima Virgen, se sonreía con muchísimo gozo. Dejó este destierro en Don Benito el 17 de marzo de 1887, a los 25 años de edad y 3 años y 5 meses de religión, siendo sepultada en el Cementerio Municipal de la Ciudad.

FUENTES:

-Archivo Parroquial de la Iglesia de Santiago Apóstol de Don Benito.

Un siglo de historia de un Carmelo, 1883-1983. Primer centenario de la fundación del Convento de Carmelitas Descalzas de Don Benito (Badajoz), Carmelitas Descalzas de Don Benito, Gráficas A. Martín, S.A. (Valladolid), 1983.