Ramona Galán Ruiz

María Ramona Galán Ruiz nació en Don Benito el 11 de febrero de 1876, a las cuatro de la madrugada, mientras las golondrinas rodeaban de trinos la cuna de la que habría de ser famosa “diva” de ópera. Su nacimiento tuvo lugar en el número 12 de la Plaza, antigua Posada. Su padre era Manuel Galán Andrés, actor cómico y organista, quien la enseñó solfeo; su madre, Vicenta Ruiz Barragán. Nieta por parte paterna de Esteban Galán y Ruperta Andrés (naturales de Romanillos de Atienza, provincia de Guadalajara), y por parte materna de Marcos Ruiz y Ramona Barragán (naturales de Orihuela).

Ramona Galán

Como desde niña mostró excepcionales dotes para el canto, su padre la llevó a Madrid, donde un amigo suyo, el maestro Bastiani, le confirmó su esperanza de hacer de ella una artista lírica y se encargó de educarle la voz; sus primeros estudios los hizo en el Conservatorio. Segura del camino emprendido, debutó en Badajoz, a los 15 años (1891), cantando, con gran éxito, “La Gioconda”. Ramona siguió estudiando y cuatro años después marchó a Italia. Actuó en el teatro lírico de Milán con la ópera “El Trovador”, de Verdi, alternando nada menos que con Caruso, el mejor tenor de todos los tiempos, en opinión de Ramona Galán. Cantó después en el Scala y más tarde se fue a Roma, donde conoció a Tita Ruffo, que empezaba entonces a sobresalir como cantante.

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En 1896 y con la asistencia del Rey Alfonso XIII, debutó en el Real con “Carmen”.

Por aquella época se iniciaba la grabación gramofónica. Decía Ramona que se trataba de un cilindro de cera que se impresionaba con una aguja de acero. Ella llegó a impresionar diez discos diarios, porque quería llegar a España con mucho dinero para comprarle una finca a sus padres. No sabemos si consiguió realizar ese laudable propósito.

Joven, bella, pletórica de facultades y con dinero, quiso ampliar el horizonte de sus actuaciones. Su nombre como mezzo-soprano de extraordinaria valía era ya conocido en todos los ambientes operísticos. Con un ventajoso contrato marchó a Varsovia, Odesa, Moscú y San Petersburgo. En la capital de Rusia debutó cantando “Falstaff” con el tenor Gasbini. Frente al escenario, en un palco sobre el que figuraba una emblemática águila, estaba el zar, que quedó impresionado por aquella “española pequeñita, ingrávida, de tez sonrosada y voz magnífica”. Fue presentada al zar de todas las Rusias y nuestra paisana confesó su turbación en aquel solemne encuentro. Al día siguiente, se presentó en el hotel donde se hospedaba Ramona un ayudante de campo del zar y le entregó un estuche de piel que contenía un maravilloso collar de hermosísimas perlas, regalo verdaderamente regio. “Eran gordas como nueces. Suaves cuando me las ponía en la garganta. Mis mejores amigas”.

Volvió a Roma y vino después a España con un contrato de 1.500 pesetas diarias, para actuar en el Liceo de Barcelona, donde debutó con “Carmen”, su gran éxito de siempre, según confesión de la artista. Llegó a Port Bou cargada de abrigos de pieles, joyas y vestidos magníficos. Tiene que cumplir diversos compromisos en Italia y desde allí pasa a París, para cantar en el Gran Teatro de la Ópera, y a Londres, donde actúa en el Albert Hall.

Ramona Galán El Día (Madrid. 1916). 1-7-1917

Un alto en este torbellino de actuaciones artísticas: Ramona Galán se casó en Madrid, en el año 1899, con el abogado bilbaíno D. Cándido María Menchaca. Lluvia de regalos con motivo de este acontecimiento social: nada menos que la boda de “La Galana”.

Tras una serie de actuaciones en el Teatro Lírico de Madrid, donde era director de la orquesta el maestro Villa, dio el salto a América: tres meses en La Habana y más de un año en Nueva York, donde debutó en el Metropolitan Opera House, cantando “Carmen” con Caruso. Vuelve a España y actúa en el Real, alternando, entre otros tenores, con Miguel Fleta. Confiesa Ramona haber cantando en el Real a lo largo de treinta años, hasta que se cerró. Comenzó entonces el declive de la artista.

Ramona Galán estaba enferma de los ojos. La operó el doctor Costi, en el Hospital de San José y Santa Adela pero… ya no pudo volver a cantar ópera.

No debió ser nuestra paisana buena administradora. Cuando va perdiendo facultades, baja vertiginosamente los escalones que había escalado con su arte maravilloso en los largos años de éxitos.

Su última actuación en público fue en Madrid en el año 1934, cuando tenía cincuenta y nueve años en una función benéfica. “Luego vino la guerra y me quedé muy delgadita”.

Muere su marido, ella, enferma de la vista y sin hijos, va quemando los recuerdos de sus triunfos y su situación económica llegó a ser tan lamentable que, a los setenta y dos años de edad, solicitó para vender el cupón de los ciegos y se instaló en la Plaza de la Ópera, frente al Real de sus días gloriosos. Allí seguía en el año 1957, con ochenta y dos años de edad. Vivía modestamente en una habitación realquilada, en la casa número 2 de la calle de la Independencia, en el piso segundo; pagaba 65 pesetas al mes. Sus únicos ingresos eran los que obtenía vendiendo el cupón de los ciegos.

Su último recuerdo agradable fue el gesto de la empresa Metropolitan de Nueva York que, al tener noticias de su mísera situación económica, le envió ese mismo año un cheque de trescientos dólares.

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El 20 de enero de 1962, se celebró en el Hotel Palace una Gran Gala de Estrellas, a beneficio de los actores ancianos excluidos de la Mutualidad y de otras obras asistenciales del Sindicato del Espectáculo. Allí, entre los doscientos artistas que se encontraban en esas lamentables circunstancias, se encontraba Ramona Galán, quien vivía con una familia que la tenía recogida.

Una última pincelada para terminar el retrato espiritual de nuestra paisana. En el estado a que su propia imprevisión la había reducido, vivía serena y cristianamente resignada de pobreza, sin que ella le hiciese perder la justa valoración de lo que cada cosa significa. Colgaba de su cuello un sencillo escapulario de la Virgen del Carmen y confiesa que tiene más estima a ese humilde escapulario que al collar de perlas que le regaló el zar.

Santiago González Murillo

Fuentes:
Reportaje gráfico: Diario Informaciones de Madrid (7 de diciembre de 1957).

El Día (Madrid. 1916). 1-7-1917Imperio  Diario de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S. Año XXII Número 6695 - 1957 Diciembre 14 pag6ABC-19.01.1962-pagina 056

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