Salvador Gómez y Gómez

Nace en Don Benito el 9 de abril de 1910, en el seno de una familia cristiana, siendo el cuarto de los cinco hijos del matrimonio formado por Juan de la Cruz Gómez y Cecilia Gómez.

Huérfano de padre a los 8 años de edad, comienza sus estudios en la escuela de primaria, que compagina pronto con las tareas del campo, que comparte con su hermano Miguel. Sus hermanas se llamaban Manuela, Filomena y Elisa Gómez y Gómez.

Sintiendo la vocación sacerdotal y apoyado siempre por su familia, ingresa en el Seminario de Plasencia en 1914, con solo 14 años de edad, donde inicia y termina los estudios eclesiásticos en 1935, a los 25 años de edad, siendo ordenado sacerdote el 15 de junio de 1935. Celebra su primera misa el 28 del mismo mes y año, en la Parroquia de Santa María del Consuelo, a la que pertenecía, acompañado de don Juan Parejo Valverde y don Benedicto Barbero Bermejo, tío y párroco respectivamente del misacantano.

Iglesia de Millanes

Su primer destino fue Valdehúncar y Millanes, en la provincia de Cáceres, y posteriormente Peraleda de la Mata, donde le cogió la Guerra Civil, trasladándose a Cáceres como Capellán del Hospital Militar General Franco.

Iglesia de Peraleda de la Mata

Una vez terminada la contienda civil, fue destinado a Medellín y Mengabril. Posteriormente, de un concurso de traslados, fue Párroco de Escurial, desde donde, temporalmente, sirvió a la Parroquia de Ntra. Sra. de Belén en Miajadas; y, por último, fue destinado a Navalvillar de Pela.

Iglesia parroquial católica de Nuestra Señora de la Asunción en Escurial

Don Salvador Gómez era un hombre bueno y bondadoso; o más bien bonachón, ya que esta palabra abarca no solo esa alma grande que tenía, sino también ese cuerpo voluminoso y fuerte que poseía. Fue un hombre pobre y bueno, lleno de un amor profundo a Dios, a la Iglesia y a los hombres, como lo fue también S.S. el Papa Juan XXIII.

Iglesia de Santa Cecilia en Medellín

Él, sin compartir del todo los cambios que se iban introduciendo en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II (reforma, cambio de mentalidad y “agiornamiento”, nuevos estilos, nuevas formas…), nunca se resistía a aceptarlos; aunque no los comprendiera, si como expresaba él mismo, eran “para bien” de la Iglesia y Ella así lo mandaba.

Falleció en Navalvillar de Pela el 11 de febrero de 1975. Su muerte, un tanto inesperada, sobrecogió a todos sus compañeros y amigos. El testimonio ejemplar de su vida y su cariñoso recuerdo perduran en la memoria de todos los que le conocieron.

FUENTES:

-SOLANO CASERO, Fermín (2019): Retazos de Vidas Sacerdotales, Ayuntamiento de Don Benito.