Sor María Briz y Manzano

Nació en Guijuelo (Béjar) el 20 de enero 1852, siendo bautizada el día 28 en la Parroquia de la Asunción de Guijuelo. Era hija del matrimonio formado por Esteban Briz Rodilla y Manuela Manzano García, siendo la segunda de cinco hermanos: Eusebia (*1849), Josefa (*1855), David (1858) y Bernardo (*1861) Briz Manzano.

En su juventud se trasladó a Béjar para trabajar en una industria textil. Fue entonces cuando surgió su amistad con Matilde Téllez, joven conocida en la ciudad por su trabajo a favor de los más desfavorecidos: niños, enfermos, jóvenes obreras y pobres. Perteneció a la Asociación de Hijas de María, de la cual Matilde Téllez era su Presidenta desde el año 1862 o 1863.

Cumplidos los 23 años, María Briz decide casarse y acude a su amiga Matilde con el fin de que la prepare para el sacramento del matrimonio. Tras varios días de diálogo y oraciones, María Briz de marcha atrás y decide no casarse. Recibió la llamada de Dios y decide seguirle con la única compañía de Matilde Téllez. El novio, a pesar del sacrificio que se le pedía y de la anormal situación en que se le colocaba, tuvo en tanto aprecio y estima a Sor María Briz, que hasta su muerte, ocurrida nueve años después, no intentó ni quiso contraer matrimonio.

“Y entre todas una que parecía llamada al matrimonio y se disponía la boda entre sus deudos. Quería disponerse para hacer confesión general y al darle las instrucciones que era natural para una criatura próxima a tomar estado de matrimonio, se fue a casa tan fervorosa que despidió al prometido y a todos les dijo que pretendía variar y entrarse religiosa, con tan decidida voluntad que así lo cumplió”.

Sor María se marcha a vivir con Matilde el 19 de marzo de 1875 a una casa del barrio Santa María de Béjar. No le faltaron oposiciones, ya que una hermana suya se enfrenta con ella y a viva fuerza quiso llevársela de nuevo con su familia. Todo inútil; la virtuosa joven resueltamente se negó a ello y permaneció fiel a su vocación. En esta casa dan clases a los niños huérfanos y necesitados, los cuidan y educan. Hacen visitas a las personas pobres, enfermas y necesitadas de Béjar.

Sor María no entró en religión siguiendo el normal camino de postulantado, noviciado y profesión. Se la vio después de su ingreso sin hábito por la calle.

El 19 de marzo de 1875 -solemnidad de San José-, en Béjar, la Madre Matilde y Sor María Briz forman la Congregación de Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada (hoy Hijas de María Madre de la Iglesia, conocidas familiarmente como “Las Azules”). Trabajaron en cuerpo y alma para dar a conocer la congregación y expandir su labor asistencial. Poco a poco la Congregación fue creciendo hasta poder salir de Béjar a realizar nuevas fundaciones. Don Benito fue uno de los lugares elegidos.

Las dos jóvenes visten el hábito religioso, de color azul como el manto de la Inmaculada, el 20 de enero de 1878, en Plasencia (Cáceres), tomando entonces el nombre religioso de Sor María del Espíritu Santo. Fue una ceremonia sencilla, pero para ella debió sonar miles de voces de ángeles en armonioso coro de gloria.

En 1879 llegan a Don Benito la Madre Matilde y Sor María Briz, donde se instalan en una casa prestada por los hermanos Alguacil-Carrasco Martin y fundan la Congregación de Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada junto a otras cinco compañeras.

Poco a poco se las va conociendo y queriendo, haciéndose familiares por las calles de Don Benito. Abren dos escuelas, recogen huérfanas, atienden enfermos, dan de comer a quien llama a su puerta.

Casa-Cilla de la Congregación de Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada a principios del siglo XX, en la hoy calle de Miguel Arias (Foto: José Camacho Algaba).

El 29 de junio de 1884, María Briz emite sus primeros votos religiosos en un acto litúrgico al que acuden numerosos vecinos de Don Benito. Sin embargo, al año siguiente, en julio de 1885, el cólera llega con toda su crudeza a la Ciudad. Sor María y todas sus hermanas no dudan en atender a los enfermos que lo necesitan.

Las autoridades declararon la cuarentena y la desinfección se realizó quemando azufre en grandes hogueras nocturnas por las calles de la localidad. Don Benito tuvo aire de cementerio, y las hogueras de azufre que se encendían al anochecer parecían antorchas tristes y funerarias.

El Ayuntamiento de Don Benito editó una crónica de los sucesos del cólera que, con respecto a las Hermanas de la Caridad, decía:

“…ha tenido que apelar a los ángeles de esta vida de amarguras, hermanas de la caridad, que constan del estado número 5 las cuales, levantando el seguimiento y la admiración de todos, penetraban con su dulzura evangélica en los hospitales, templos de la desgracia, y daban su exquisita asistencia a los enfermos que allí se guarecían afligidos por el dolor del padecimiento y por la aflicción de su desgracia…”.

La Madre Matilde relató que:

“Habían pasado enfermedades mortales y la muerte misma vino a dar más vida, pues que habiendo sido atacada la población de la epidemia del cólera, todas, haciendo o renovando el sacrificio de sus vidas, se disponen a morir por el bien de sus hermanos invadidos por la peste; se disponen en parejas, aquella heroína de las dos primeras, aquella que ayuda a que se abriera la Casa de Dios, la primera a formar comunidad conmigo, tan compañera en todo como siempre fue en sufrir y gozar las pruebas y privilegios, la que había cuidado del buen hombre de la Congregación, con sus muchos sacrificios, ofreció su vida quizá en mejor hora por todas para que no muriera ninguna. Como corazón amoroso de todos, Dios oyó y aceptó el sacrificio; sólo ella murió en aquella peste, después de estar todas al frente de los casos que ocurrieron”.

María Briz falleció en Don Benito el 16 de julio de 1885 -festividad de la Virgen del Carmen-, a las cuatro y media de la tarde, tras doce horas de intenso sufrimiento. “Primero fue la diarrea fatídica y temida, los vómitos luego, la sed ardiente, los calambres dolorosísimos en los muslos, la Última Comunión, los ojos excavados, los últimos rezos, el pulso debilísimo, filiforme, los últimos suspiros y el frío, ese frío cadavérico, exclusivo solamente de la muerte y del cólera”. María Briz vivió dando y murió dando amor a los 33 años de edad.

Su fallecimiento fue a consecuencia del cólera morbo, ya que se contagió asistiendo heroicamente a los enfermos afectados, siendo muy llorada por todo el pueblo de Don Benito. El 28 de julio de 1885 escribía la Madre Matilde:

“…Queridas hermanas de mi fiel amiga: Por no poder con mi imaginación dolorida, no os he escrito su dichosa muerte; el día de la Virgen del Carmen voló al Cielo recomendando a todas el amor de su Jesús, víctima ofrecida a Dios y de Él aceptada, la primera flor que Dios escogió de esta pobre obra. Todo el pueblo llora y contempla el cielo; ella de seguro está pidiendo por nosotras; esto es lo que en mi sumo dolor me consuela y os debe consolar a vosotras. Murió del cólera fulminante en doce horas. No puedo más, las inmensas ocupaciones que esta casa tiene con tantísimo enfermo, me priva de escribir ni aún lo necesario…”.

Pasada la epidemia y vistas las condiciones deplorables en las que se encontraban los enfermos pobres de Don Benito, la Madre Matilde no aguantaba tanto dolor y, ante tantas necesidades, se dedicó con tesón a poner los medios para fundar un hospital que albergara a los más necesitados; así funda en el barrio conocido como “El Pradillo”, concretamente en la casa donde Sor María se contagió, el Hospital de Ntra. Sra. del Carmen (hoy llamado Hospital de San Antonio), en memoria de la misma. Su funcionamiento da comienzo en el año 1892, años después de la epidemia del cólera.

Hospital de Ntra. Sra. del Carmen en 1892

En memoria de Sor María Briz, el Pleno Municipal de fecha 15 de julio de 1968, siendo Alcalde de Don Benito don Antonio Galán Terroba, se acuerda cambiar el nombre de la calle Huertas por el de Sor María Briz.

El 18 de mayo de 1985 se llevó a cabo en Don Benito la celebración del Centenario de la muerte de Sor María Briz, mujer que, aunque no alcanzó a brillar en la historia por su humildad, los que conocieron su vida, su obra, su proceder, y su muerte han hecho llegar hasta nosotros la urgencia de hacer justicia a quien merece memoria y renombre de mujer santa. Contribuyeron al esplendor de los actos el Hospital de San Antonio, el Ayuntamiento de Don Benito, la Agrupación Coral dombenitense, la Banda Municipal de Música y trece sacerdotes que hicieron los oficios religiosos en una misa concelebrada al estilo extremeño.

El 29 de diciembre de 2012 es bendecida la Capilla dedicada a la Madre Matilde en el Colegio Sagrado Corazón de Don Benito. Junto al arcón que contiene las reliquias de la Madre Matilde, dentro del muro, se trasladan también los restos de Sor María Briz, colocando una lápida identificativa.

Daniel Cortés González

FUENTES

-Archivo de la Congregación “Hijas de María Madre de la Iglesia”.

-Colegio Sagrado Corazón de Don Benito.

-LÓPEZ PULIDO, F. (1982): Matilde.

-RAMOS, G.; CASTAÑEDA, N. (2015): “María Briz Manzano Rodilla García” en Libro de Fiestas y Ferias de Guijuelo 2015.

-GONZÁLEZ S. J., M (1942): Sor Matilde del Sagrado Corazón de Jesús. Fundadora de la Congregación de Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada.

DUQUE SÁNCHEZ, F (1987): Raíces castellanas. María Briz o una vida solidaria.

-MAJADA NEILA, J. L. (1973): Conozca a esta mujer. Matilde Téllez Robles.

-Agradecimientos a Hna. María del Pilar Vicente y Sor Adriana Faba.

BIOGRAFIA PUBLICADA EN EL LIBRO “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES III”